Autor: León, José Luis. 
 Elecciones gallegas. 
 Fernández Albor, un cirujano que decidió hacer política de la mano de Fraga  :   
 Su sencillez a calado hondo entre sus paisanos. 
 ABC.    25/11/1985.  Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Elecciones gallegas

Fernández Albor, un cirujano que decidió hacer política de la mano de Fraga

Su sencillez ha calado hondo entre sus paisanos

Orense. J. L. L.

Sencillez y humanidad son palabras que pueden definir muy bien la figura de Gerardo Fernández Albor,

un gallego de toda la vida, que ya en su juventud sintió deseos de dedicarse a la política, aunque entonces

no se lo hubiese creído si alguien le dijese que iba a ser precisamente ésa su actividad en la penúltima fase

de su vida, y, además, como presidente de los gallegos.

Cirujano de prestigio, un buen día decidió abandonar la profesión de su vida para entregarse a la política

de la mano de Manuel Fraga, algo que podría relacionarse con la predestinación, pues pocas personas

saben que Albor es hijo de un Villalvés que fue muy amigo del padre de Manuel Fraga.

El doctor Albor nace en Santiago de Compostela el 7 de septiembre de 1917. A sus sesenta y ocho años

está casado y es padre de siete hijos. Realizó sus primeros estudios en el colegio de las Huérfanas y más

tarde en la Academia Gelmírez, ambos en la ciudad del Apóstol, a la que está muy ligado. En ella regentó

su padre durante muchos años el hotel Estrella, donde residía la familia Albor, sito en el centro de la

ciudad y actualmente desaparecido.

Siempre pensó en ejercer como médico, aunque el ambiente galleguista en que se desenvolvió durante sus

primeros años y la influencia que en él ejercieron las noticias sobre algunos políticos de la época, como

Manuel Azaña, a punto estuvieron de decidir su dedicación a la política. Posiblemente le influyó más la

proximidad de la Universidad y optó por los estudios de Medicina. Durante sus años en la Universidad

compaginó una gran admiración por don Miguel de Unamuno, su líder indiscutible, con su afición a la

práctica continua de deportes como el fútbol, el rugby y el hockey sobre hierba.

Alguien ha dicho que ha sido siempre un hombre con suerte, desde su estancia en el buque «Baleares»,

que se hundió pocos días después de que lo abandonase, hasta su participación en las batallas de Brúñete

y Belchite, a las que se incorporó cuando el peligro era ya escaso. Participó en varios cursos de formación

de Aviación en Alemania y cuando regresó a España la guerra civil estaba ya en sus compases finales. La

suerte le acompañó también cuando decidió dedicarse a la política y alcanza la presidencia de la Junta en

1981.

Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Santiago de Compostela, hizo estudios de

especialidad en Viena, Londres, París, Lyón, Madrid y Barcelona. En el terreno profesional ha sido

director del Instituto Poli-clínico La Rosaleda y jefe del Servicio de Cirugía General del Centro de

Diagnóstico y Tratamiento de la Seguridad Social Concepción Arenal, de Santiago.

Pertenece, además, entre otras entidades y asociaciones, al Instituto de Lingua Galega, al Patronato

Rosalía de Castro, a la Fundación Otero Pedrayo y al Patronato del Museo de Pobo Galego. Fue miembro

del desaparecido Partido Popular Galego, democristiano, que cambió por Alianza Popolar, y hasta su

acceso a la Junta formó parte del colectivo galleguista Realidade Galega.

En 1981, y tras aceptar la invitación personal de Manuel Fraga, Fernández Albor encabeza la candidatura

por la provincia de La Coruña al Parlamento de Galicia en las primeras elecciones autonómicas de

octubre de ese año, siendo asimismo candidato a la Presidencia de la Junta, que ocupará durante los

próximos cuatro años hasta los presentes comicios.

Lejos de brillantes oratorias y de intervenciones en constantes actos públicos con discursos preparados de

antemano, la sencillez de Fernández Albor es, sin duda, al aspecto de su personalidad que más hondo ha

calado en sus paisanos. Sin abandonar su tono de voz, pausado y cálido, ha rehusado los enfrentamientos

personales, incluso en los mítines frente a las acusaciones e incluso insultos que se le dirigieron en

contadas ocasiones.

 

< Volver