Autor: Muñoz Iglesias, Salvador. 
 En torno al divorcio. 
 Con el debido respeto: ¡Non possumus!     
 
 El Alcázar.    10/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

EN TORNO AL DIVORCIO :CON EL DEBIDO RESPETO: ¡NON POSSUMUS!

EL Sr. obispo de Málaga, Mons. Ramón Buxarrais, acaba de decir contestando a una encuesta de

"ECCLESIA", Órgano de la A.C española: "Creo que la Iglesia no debería presentar batalla frente a una

campaña de divorcio civil.

Celebro —en este caso y por este motivo—no ser diocesano de Málaga, pojfiQexasi no discrepo de mi

propio obispo. Celebro que todavía no haya dicho semejante cosa: Conferencia Episcopal ^sJ0m«flVni mi

Prelado de Madrid-Alcalá, porque me veria obligado a discrepar con la misma libertad, respeto y energía

con que discrepo ahora del Sr.obispo de Málaga.

Señor obispo, con el debido respeto: ¡Nonpossumus!

¿Qué significa que la Iglesia no debería presentar batalla frente a una previsible campaña de divorcio

civil?

Ya sé que la Iglesia no debe sacar los tanques a la calle —¡afortunadamente no tos tiene!—para imponer

por la fuerza sus creencias a tirios y a troyanos.

Pero la Iglesia no impedirá a sus fieles que como ciudadanos creyentes se opongan, si lo «suman

consecuente con su fe, a un proyecto de ley de divorcio civil. ¡ No les pondrá mordaza!.

Ni se encerrará ella en un mutismo cómplice. Porque la Iglesia debe decir a sus fieles lo que dijo Cristo:

que el matrimonio por voluntad divina positiva es indisoluble, no sólo entre bautizados por, ser

sacramento, sino para todos, incluidos tos no bautizados. La frase de Cristo: "Lo que Dios ha unido, qué

no lo separe el hombre" hada referencia al matrimonio de Adán y Eva, que no creo fuera sacramento, ya

que nuestros primeros padres no estuvieron bautizados que sepamos. Y si Cristo dijo eso, es que en el

dilema "divorcio o no divorcio" Dios optó por "no divorcio". Y si Dios optó por "no divorcio", ¿cómo

pueden tos fieles de la Iglesia optar por lo contrario? ¿Y cómo puede la Iglesia encogerse de hombros

ante el hecho?

El principio de la tolerancia no puede invocar aquí ni siquiera analógicamente. Según ese principio,, el

Estado puede tolerar un mal (el ejemplo clásico es la prostitución) para evitar otros males (en el mismo

ejemplo, el contagio de enfermedades venéreas a personas no culpables). Pero en este ejemplo el Estado

simplemente tolera, mientras que en el caso del divorcio legitima un nuevo matrimonio. No se trata de

tolerar simplemente, sino de hacer el Estado un mal, aunque lo llamemos menor, como seria b disolución

del vinculo anterior y el reconocimiento legal de nuevo matrimonio con todos sus efectos. Y no es moni

hacer un malí aunque fuera menor, por evitar otro que se considera mayor.

Tampoco vale decir que tos cristianos debemos aceptar ana ley del de divorcio —¡y no digamos, votar a

favor de día!— porque no tenemos derecho a imponer a ras demás nuestras creencias sobrad matrimonio.

No se trata de eso.

El ciudadano católico tiene obligación —cómo todos— de desear y procurar lo que considere mejor para

sus conciudadanos. Y cuando ejerce su derecho al voto, debe hacerte de manera consecuente con este

principio.

Por la fe que profeso, estoy, seguro de que lo mejor —incluso para tos que no piensan como yo-—no es d

divorcio, sino la indisolubilidad del matrimonio. A los hombres les puede parecer lo contrario. Sin

motivaciones de fe, pueden hallarse razones muy serias para ello. Pero el católico sabe que Dios ha

manifestado claramente su voluntad opuesta al divorcio. Y Dios no quiere sino lo mejor para el hombre.

Es un caso evidente de opción divina. El creyente no puede dudar al un solo momento en considerar como

lo mejor para todos toa hombres —aunque no sean creyentes—, toque sabe que Dios ha establecido para

todos.

Cuando personalmente me opongo y voto en contra de una ley del que intente permitir el

divorcio, no lo hago por imponer imperativos de mi fe a quienes no la comparten. Lo hago pensando en

su bien. Mi fe me obliga a procurárselo. Y mi fe me asegura que su bien no está en d divorcio.

Por estas razones discrepo de la opinión del obispo de Málaga que me consta no es solo suya entre los

miembros de Episcopado. Cito que discrepar. No me dirán que la defensa de la ortodoxia es cometido

exclusivo de la Jerarquía. Definir un dogma es exclusivo de Papa "ex cathedra" o de tos obispos reunidos

en Concilio. Pero una vez que un dogma ha sido definido por un Papa o un Concilio (en nuestro caso, la

indisolubilidad del matrimonio por el Concilio de Trento —¿porque está definida, P. Patino?), es

patrimonio de la Iglesia universal y tenemos que defenderlo- de manera solidaria y subsidiaria

todos: Papa, obispos, sacerdotes y.fieles. Si no lo hacen unos, tendremos que hacerlo otros.

Salvador MUÑOZ IGLESIAS

PD.—Hay en las declaraciones del Sr. obispo de Málaga un párrafo que le agradezco y suscribo

plenamente: "Para algunos partidos políticos el divorcio será el anzuelo de votos, incluido en sus

programas. Temo que sólo se refieran a la familia para ofrecernos el divorcio, sin tener en cuenta (por el

temor a ser impopulares) todo lo que se refiere a asegurar los valores que defienden y construyen la

estabilidad familiar. La tentación del poder (que no coincide con los deseos de servir), les hará vender la

herencia (el verdadero bien del pueblo) por un plato de lentejas los votos que dan acceso al poder). A la

larga quien pagará las consecuencias será el mismo pueblo".

¡Maravilloso, Sr. obispo!

Y siendo esto así, ¿no le parece que los obispos no deberían imitar en esto a los políticos?

Dice también el Sr. obispo de Málaga: "De. todas maneras, consecuentes con d principio de tolerancia, el

Estado permitirá y regulará él divorcio, evitando así males mayores par» la comunidad".

Yo no acierto a entender esta ultima afirmación en labios de un obispo. ¿Es que el "no divorcio" es un

mal mayor? ¿Y no te parece al Sr. obispo de Málaga que decir eso es decir que Dios impone o exige un

mal—y precisamente un mal mayor— cuando impone o exige la indisolubilidad? Estoy seguro de que el

Sr. obispo de Málaga no ha querido escribir semejante blasfemia. Entonces, ¿qué ha querido decir?

Ningún católico puede pensar que el divorcio sea un mal menor. Si creemos por fe que Dios impone y

exige la indisolubilidad absoluta, una de dos: O pensamos, que Dios impone algo que es un mal mayor

que su contrario, o tendremos que pensar que el mal mayor es el divorcio.

 

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