Autor: Cabaleiro, Alfonso. 
 Elecciones gallegas. 
 El Gobierno regional ha logrado el respeto de los gallegos por la institución autonómica  :   
 En minoría y partiendo de cera ha dado un vuelco a Galicia. 
 ABC.    25/11/1985.  Página: 28. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

NACIONAL

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LUNES 25-11-85

Elecciones gallegas

El Gobierno regional ha logrado el respeto de los gallegos por la institución autonómica

En minoría y partiendo de cero ha dado un vuelco a Galicia

• Pese a los conflictos de partido, Fernández Albor y Barreiro han mantenido el Ejecutivo

Santiago. A. C.

«Cuando hace cuatro años llegamos al Gobierno gallego, pocos imaginábamos la tarea que teníamos por

delante. No teníamos ni competencias ni presupuestos. La palabra Xunta o conselleiro sólo se empleaba

en los chistes. Hoy hemos pasado de los mil millones de presupuesto inicial a los ciento veinte mil

millones, y las instituciones, aunque son criticadas, son respetadas. Buena prueba de ello es que todo el

mundo se apunta a ser conselleiro. Esa labor es nuestra.»

Son palabras de José Luis Barreiro, el hombre fuerte de AP en Galicia, y si a esas le añadimos otras de

Fernández Albor tenemos uno de los mejores resúmenes de lo que han significado los pasados cuatro

años de gobierno: «Hemos dado un vuelco a Galicia con escasos presupuestos, en el espacio de dos años,

empezando de cero y con una minoría parlamentaria. Y de lo que estoy más orgulloso es del clima de

confianza, de no sectarismo, de esta nueva derecha en Galicia.» Efectivamente, la Xunta de AP comenzó

su gobierno en minoría. Había conseguido dicho partido 26 escaños en las elecciones autonómicas de

1981, situándose enfrente UCD, con 24 escaños; PSOE, con 16; Bloque, con tres, y el Partido Comunista

y Esquerda Galega, con uno. Después vendría la desintegración de UCD, que en Galicia originó que

muchos de sus hombres pasasen a AP y otros encabezasen lo que es hoy Coalición Galega.

Pactos iniciales

Algunos de los parlamentarios centristas que se pasaron a AP consiguieron, a través del pacto, diversas

Consellerías, como la de Educación y Sanidad. Hay que resaltar que, en un primer momento, la de

Educación fue ofrecida a Pablo González Marinas, hoy líder de CG, quien no la aceptó, por lo que el

cargo recayó en Víctor Manuel Vázquez Portomeñe, que ha destacado como uno de los conselleiros más

eficaces logrando, entre otras cosas, que por primera vez en Galicia los cursos escolares comenzasen sin

conflictos. Provocó también Portomeñe la caída de Luis Álvarez Pousa como director general de Cultura,

cuya programación sigue todavía su sucesor, Moreira Mata Lobos. La dimisión de Pousa provocó un leve

conflicto de gobierno. Había sido nombrado por Barreiro y en algunos medios conservadores no sentó

bien su nombramiento por sus orígenes en posturas radicales. A esto se sumó su eficiente labor, que

algunos confundieron con excesivo protagonismo, y finalmente se vio forzado a dimitir.

Aparte de algunas realizaciones concretas, Fernández Albor ha señalado repetidamente que el logro del

que se siente más satisfecho es «la consolidación de la autonomía, y que hoy, según las últimas encuestas,

es un pueblo que asume la autonomía en más de un sesenta por ciento. Hemos conseguido que el pueblo

gallego crea en la autonomía y la defienda». Para esta labor de asentamiento de la conciencia

autonomista, Fernández Albor se dedicó a viajar por casi todos los pueblos de Galicia, presidiendo

inauguraciones o ferias. Fuera fue algo criticado en medios políticos, llegándose a calificar a Albor de

«reina madre», mientras todos los observadores se convencían de que quien realmente mandaba en la

Xunta, y en AP, era José Luis Barreiro, quien, como se sabe, entró en el partido a través de un anuncio

publicitario en el que se reclamaba un sociólogo. Barreiro transformó y renovó AP en Pontevedra y

mereció por ello la máxima confianza de Fraga. Ofrece además una imagen de progresismo y galleguismo

que nadie le discute. Son, en definitiva, Albor y Barreiro un tándem que de momento funciona. A esa

cuestión de que si la labor de Barreiro oscurece la de Albor, el presidente regional de AP y primer

presidente de la Xunta contesta repetidamente que fue él quien nombró y dejo encumbrar a Barreiro, a la

vez que anuncia un fortalecimiento del entorno presidencial para los próximos cuatro años con el fin de

coordinar mejor todas las Consellerías y dejar bien claro que es él quien manda en el Gobierno.

Gallegos en América

Lo primero que hizo Fernández Albor al ser elegido presidente de la Xunta fue visitar a Su Majestad el

Rey, y acto seguido realizar un viaje oficial a las comunidades gallegas asentadas en Hispanoamérica.

Recuerda con emoción aquellos momentos y especialmente cuando Alfonsín dijo: «Aquí está mi

presidente.» Ahora es su intención girar nuevos viajes a esas tierras y conseguir que los numerosos

empresarios gallegos de México, Venezuela, etcétera, inviertan en Galicia. Su labor de gobierno, como la

de Barreiro, estuvo caracterizada por una escasa proyección pública. Es algo de lo que se ha lamentado

frecuentemente y por lo que basó todos sus mítines en contar con intensos tonos de modestia las

realizaciones del Gobierno. Prefirió siempre que los balances, proyectos, etcétera, fuesen presentados por

los distintos conselleiros, restándole a él protagonismo. A partir de ahora, como decíamos antes, intentará

fortalecer su imagen de gobernante de cara, sobre todo, a que el pueblo gallego tenga plena información

de la labor de la Xunta y de lo que supone en ese sentido la autonomía.

Además del señalado de Pousa no faltaron al Gobierno gallego otros conflictos como los nombramientos

de los conselleiros de Economía, Jaime Trebolle, y Agricultura, Fernando Garrido, que sustituyeron,

respectivamente a Carlos Mella -ex centrista y hoy en CG-, y Rey de Roa. Se habló de imposiciones de

Madrid, de Fraga, pero el tiempo también ha hecho olvidar esto porque, además, Trebolle se ha mostrado

como uno de los hombres más competentes, haciendo callar a la oposición en el Parlamento y haciendo

rectificar al Gobierno central en lo referente a la financiación de la Comunidad autónoma. Algo más

polémico ha sido Garrido Valenzuela, que culminó su labor con el oficio/carta enviado por equivocación

a Alfonso Guerra, aprovechándose éste del error en la campaña electoral.

La mayoría natural

Compaginó Albor su labor en el Gobierno con la persecución de uno de sus grandes objetivos políticos: la

nueva derecha, la mayoría natural, lo que es hoy Coalición Popular, aunque para Albor también hay

hueco para el CDS y Coalición Galega. No fue tarea fácil, y aunque también se ha querido ver el

protagonismo de Barreiro, todo parece indicar que sin el carisma de Albor la unión no hubiera sido

posible. Fue llamativa la adhesión de centristas de Orense, con Victorino Núñez, quien dio la espalda a su

protector político, Franqueira, y a punto estuvo de deshacer CG. Y no dejó de sorprender también la

postura agregacionista de Enrique Marfany, presidente de la Diputación de La Coruña y del PDP, quien

no se ha esmerado en la campaña electoral después de haber conseguido una llamativa presencia de sus

hombres en la lista de CP, lo que molestó a los hombres de AP de Coruña. También se molestaron los

aliancistas de Lugo, que eliminaron de la lista al liberal Pardo Montero y a punto estuvieron de hacer lo

mismo con el número uno, y futuro, nuevamente, presidente del Parlamento. En Pontevedra siempre ha

mantenido Barreiro el partido tranquilo, y quizá pudiesen ahora producirse ligeras tensiones con el

ingreso de Sancho Rof. Pese a todo, al final el pacto se consolidó y Albor ha puesto su grano de arena en

el objetivo de CP de quitar al PSOE su dominio político a partir de 1986.

En cuanto a realizaciones concretas hay que destacar, en primer lugar, por su proyección e impacto en la

opinión pública, la puesta en marcha de la radio y televisión autonómicas. Fueron logros de la Consellería

de la Presidencia, al frente de la que está Barreiro, quien no lo ha dejado de recordar a través de todos los

medios que ha podido. La radio está pasando inadvertida, y, en cuanto a la televisión, ha conseguido altas

cotas de audiencia.

 

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