Autor: Fernández, Julio. 
 Elecciones Gallegas. 
 Mirando a las elecciones de 1986     
 
 Ya.    26/11/1985.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Mirando a las elecciones de 1986

Julio Fernández

La victoria de Coalición Popular en las elecciones del Parlamento de Galicia tiene un sabor agridulce. Las

mieles de haber sido la fuerza más votada se mezclan con el acíbar de no haber logrado una mayoría

holgada que le permita prescindir de alianzas.

Es posible que Alianza Popular pueda poner el 24-N como hito del porcentaje de sus votos populares,

pero sin embargo para la Coalición Popular en conjunto las elecciones gallegas ponen en crisis un modelo

de crecimiento político bautizado por el jefe de la oposición, Manuel Fraga, como la mayoría natural. Esta

patente de coaliciones polarizadas frente a la izquierda consiguió un refrendo relativo en las elecciones de

1982, cuando UCD se derrumbó. Fraga había logrado clarificar el mapa político asociando al recién

nacido Partido Demócrata Popular y ofreciendo una salida a la frágil situación de los centristas.

El modelo se intentó desarrollar aún más y se inventó la fórmula de «los liberales con Fraga» para

aumentar el espectro de la Coalición en las elecciones municipales sin que el rendimiento fuera evidente.

Las dificultades de coherencia políticas fueron surgiendo a lo largo de la legislatura con el PDP, mientras

el líder catalán Miguel Roca reclamaba un centro autónomo, poniendo nerviosos a democristianos y

conservadores.

Las peores nubes aparecieron en Coalición Popular después de las elecciones catalanas, de las que Miguel

Roca salía victorioso sobre la derecha y atraía para sí al Partido Demócrata Liberal, donde Antonio

Garrigues había refugiado a los liberales progresistas.

Los intentos de Alianza Popular de fago-citar el espacio liberal continuaron con las ayudas a José Antonio

Segurado para que rehabilitase tas siglas PL dentro de la Coalición. En esta época, hace ahora un año, un

gran estudio sociopolítico realizado por la CEOE hacía desvanecerse las dudas del PDP sobre la

conveniencia de ensayar una alianza con los reformistas al estilo de la que Convergencia Democrática y

Unión Democrática tienen en Cataluña.

Y después de un regateo prolongado, AP-PDP-PL firmaron sus pactos el pasado verano, de los que Fraga

salió disparado a una campaña gallega de cuatro meses que concibió como el trampolín para las

elecciones generales del 86.

La caravana de periodistas que persiguió al presidente de AP exhibía visiblemente en sus credenciales un

rótulo Fraga-86; por si fuera poco, el vicepresidente segundo de AP, encargado de la estrategia, Alfonso

Osorio, anunciaba que la operación con el mismo nombre comenzaría inmediatamente después de las

elecciones gallegas.

El trampolín gallego se ha quedado, sin embargo, algo corto para que Fraga se proyecte hacia la piscina

nacional que provisionalmente se ha instalado en el mes de junio, coincidiendo con los comicios

andaluces. A pesar de que la Coalición Popular llevaba a su frente a Gerardo Fernández Albor, un hombre

políticamente de centro y de acendrado gallegismo, la emergencia de Coalición Gallega, incluso en las

zonas costeras, donde su implantación era muy débil, no contaba con influencia social, ha frenado el

crecimiento que a Coalición Popular le era necesario para alcanzar el tamaño de alternativa de gobierno

dentro de seis meses.

Los resultados de Coalición Galega refuerzan notablemente el proyecto reformista sobre el que, sin

embargo, se mantienen importantes incógnitas como para atribuirle el protagonismo del centro político. A

pesar de las ventajas añadidas que para Miguel Roca conlleva la derrota de Adolfo Suárez, competidor

directo en el centro, la consolidación de Coalición Galega le va a obligar a comprometer su respaldo a la

formación de un grupo parlamentario gallego en Madrid, lo que complica aún más la estructura de

poderes territoriales que presenta su operación. El Partido Reformista tendrá que encoger su ámbito aún

más, quedará convertido en el partido de la meseta. Con esta organización federal crecen las incógnitas

sobre la capacidad para gobernar en toda España.

Este es el punto débil que ha impedido a Adolfo Suárez seguir rehusando a la presidencia de la operación

reformista, que Roca le ha ofrecido más de una vez y que volverá seguramente a brindarle ahora que el ex

presidente del Gobierno no ha alcanzado representación parlamentaria en Galicia. Suárez mantiene la

necesidad de organizar un partido estatal de centro progresista, pero en contraste dejó de presentarse a las

elecciones en Cataluña y el País Vasco, y sus resultados electorales del domingo le pueden hacer

reflexionar de nuevo profundamente.

Con este panorama, la situación en el centro y en la derecha aparece bloqueada tanto en uno como en otro

polo, y todo parece decir que las condiciones no cambiarán ya antes de las próximas elecciones generales.

Entonces quizá la sabiduría política de los votos apunte vías de solución.

 

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