Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
 Elecciones Gallegas. 
 Todo ha empezado en Galicia     
 
 Ya.    26/11/1985.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ELECCIONES GALLEGAS

DIARIO DE UN ESPECTADOR

Todo ha empezado en Galicia

EMILIO ROMERO

El tema es obligado: las elecciones gallegas. Ninguna otra elección autonómica había suscitado el interés

de estas elecciones. La razón no era otra que ésta: era el desafío, a nivel regional, de los dos grandes

contendientes nacionales: la Coalición Popular y el Partido Socialista.

Ha salido victoriosa la Coalición Popular, y. solamente un reducidísimo margen ha impedido la mayoría

absoluta. El suceso es políticamente importante, porque Galicia tiene los cinco grandes estamentos

electorales con plenitud, y que son el industrial, el agrario, el pesquero, el universitario y el de servicios.

Ha ganado el centro-derecha. Naturalmente, no se puede hacer la afirmación terminante de que esto sea

extrapolable al resto de España, pero es un indicio valioso. Nuestro país es muy variado en reacciones

políticas. En el País Vasco y en Cataluña —por ejemplo—, los partidos nacionalistas ocupan un primer

lugar. Allí, la Coalición Popular y el socialismo aparecen en un segundo plano. La izquierda tiene más

ambiente en el Sur y en Extremadura, preferentemente por razones de estructura social. Y todo lo demás

es imprevisible. Lo que está muy claro es que el Norte, a excepción de Asturias, está con la derecha en

sus versiones modernas y características, y el Sur está con la izquierda. Pero estas elecciones gallegas

pueden ser significativas y orientadoras respecto a esas regiones donde aparecen equilibradas esas dos

grandes fuerzas nacionales que son la Coalición Popular y el socialismo. Lo que constituye nuestro actual

bipartidismo. ~ Algunos han reprochado a Alfonso Guerra que dijera el triunfo del bipartidismo en

Galicia. Tiene razón. La Coalición Popular ha obtenido cerca de la mitad del Parlamento; y el Partido

Socialista se ha acercado a una tercera parte. El seguidor inmediato —Coalición Galega— no ha obtenido

otra cosa que once escaños de los setenta y uno que tiene aquel Parlamento. La existencia de un bisagra,

como hacen los liberales en Alemania, no destruye el bipartidismo. Lo que ocurre es que una de las

fuerzas del bipartidismo lo necesita. Eso es «el partido bisagra». El destino de un partido bisagra es el de

resolver los problemas del bipartidismo, y no el de acabar con él. Las fuerzas pequeñas nunca acaban con

los partidos grandes. Coalición Galega no ha destruido el bipartidismo en Galicia, sino que será solamente

una pieza necesaria para una gobernabilidad mejor.

Albor y Fraga han ganado

Gerardo Fernández Albor no ha tenido desgaste en el poder como Presidente de la Xunta de Galicia, a la

vista de los resultados; y Manuel Fraga, que había partido del desierto hace algunos años, ha alcanzado un

oasis en su tierra. También tiene derecho a ser soñador, y había pensado en un oasis más espectacular,

como era una mayoría absoluta; pero ha estado muy cerca. Lo curioso es que algunos periodistas

apuntados a personas, a ideas, a desfiguraciones y a descalificaciones aseguren que el triunfador Fraga ha

fracasado, porque no ha conseguido su sueño dorado. Esto es otra bobada más de las que se ven y oyen a

diario. Fraga ha recibido de Galicia el estímulo suficiente para hacer frente al gran reto del 86. Los sueños

es lo último que se alcanza.

Coalición Galega

Hay una estimable fuerza política bisagra que es Coalición Galega, y que no es otra cosa que el

nacionalismo gallego en versión catalana, porque la versión vasca no es parecida a nada. La versión

catalana es el centro-derecha, en las alforjas del nacionalismo, y con Madrid como interlocutor eterno.

Esta fuerza habría sido mayor sin la desgracia de Fraqueira, y sin los buenos oficios a favor de Coalición

Popular de Pío Cavanillas. Gerardo Fernández Albor, el nuevo Presidente de la Xunta —y el que era—,

tiene el mismo galleguismo que González Marinas, líder de Coalición Galega, pero sin etiquetas, ni

copyright. Este suceso puede haber alegrado a Miguel Roca y a Antonio Garrigues, pero no es tampoco

extrapolable a otros sitios. Los archipiélagos Balear y Canario, y tai vez Andalucía, podrían tener estas

expresiones. En principio no se ve la esperanza. La obligación de Coalición Galega es la de favorecer la

gobernabilidad de Galicia en su colaboración con la fuerza mayoritaria de Coalición Popular. Gerardo

Fernández Albor ha denunciado los comportamientos del socialismo con la región gallega, y ahora se

tratará de ayudar a Galicia, y no de enredar en la política.

Suárez y los comunistas, dos decapitados

Ni los comunistas ni el partido de Adolfo Suárez han obtenido escaño. El fracaso ha" sido mortal. Pero las

cosas tienen una explicación bien sencilla: el comunista que tiene razón es Gerardo Iglesias, porque fue

elegido Secretario General con las normas del partido, y después se provocarían las escisiones de Ignacio

Gallego y de Santiago Carrilo, sencillamente por atenerse a sus opiniones particulares y no a las que

establece un Comité Central. Ignacio Gallego se fue porque había poco prosovietismo en el partido; y

Santiago Carrillo se marchó porque quería seguir siendo líder eterno, aunque fuera temporalmente detrás

de las cortinas. En cuanto al primer asunto, y en el mundo actual, el prosovietismo incondicional y satélite

ya no se lleva. En cuanto a la segunda parte —la de Carrillo—, es todavía peor. Ama más a su persona

que a su histórico partido, y el rigor es que en las elecciones generales del 86 el Partido Comunista podría

estar sin representación parlamentaria, porque ahora mismo —y cuando estaban todos unidos—

solamente tiene cuatro. A la crisis política de aclimatación del comunismo se han añadido las luchas

tribales.

En cuanto a Adolfo Suárez, hay un suceso que el primer Presidente de la democracia no quiere asumir, y

constituye su desastre. El socialismo es un partido vigoroso, y lo que otra gran parte del país exige es una

alternativa al socialismo. Todo lo demás, excepto las realidades del País Vasco y de Cataluña, es batalla

de náufragos. Adolfo Suárez se ha ganado a pulso su pobre rentabilidad política. Alguien se encarga de

fabricar encuestas a su favor, como tercera fuerza política, y en Galicia —que es su ascendencia

paterna— no ha obtenido ni un solo miembro del Parlamento. Un fracaso ruinoso. Adolfo Suárez no hace

la crítica al socialismo en el poder, inexplicablemente; y ha hecho todo lo que estaba a su alcance contra

conservadores, liberales y democristianos. La historia de Adolfo Suárez fue gloriosa con patrocinadores:

con los del viejo Régimen, y con un Rey. Pero ahora el pueblo español tiene las cosas muy claras,

después de una experiencia de ocho años. Fue el jefe de recepción de este gran hotel de la democracia, y

su suite ha sido ocupada, por distracción, por orgullo y por insignificancia del receptor.

 

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