Autor: Jiménez Losantos, Federico. 
   fraga y el bebé "coaga"     
 
 Diario 16.    26/11/1985.  Página: 3-4. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS

Fraga y el bebé «coaga»

El articulista analiza los resultados de las elecciones gallegas y dedica especial atención al «clamoroso

triunfo» de Coalición Galega, partido al que presta su apoyo Miguel Roca y que con 11 escaños se ha

erigido en arbitro del futuro Parlamento. Los «coagas» son los vencedores psicológicos, pero el resultado

de las elecciones en aquella autonomía, concluye el autor, es difícilmente extrapolable al ámbito nacional.

El paisaje ciudadano gallego al día siguiente de las elecciones resulta una apología perfecta de la

democracia. Apagados los ecos de mítines y disputas, imputaciones y reinvidicaciones, las calles limpias

recobran su sentido doméstico, los sonidos actuales reemplazan a los megáfonos electorales, la

conversación sustituye felizmente al eslogan y, bajo las banderolas y la mirada ya inútil de los candidatos

en los carteles que aún quedan en las paredes, los gallegos van, como en el verso célebre, de su corazón a

sus asuntos. Los ejecutivos políticos ya no pasan con la cabeza baja por la plaza del Obradoiro; casi todos

han vuelto ya a Madrid y en la recepción de los hoteles se vive un ambiente de relajada desolación.

Hay una especie gallega particularmente satisfecha tras la exhibición democrática del pasado domingo,

culminación de una campaña ejemplar: los «coagas». Ser «coaga» en la política regional significa hoy

estar de moda, recoger las mieles de la envidia ajena, recrearse en la jornada victoriosa, sentirse feliz con

la resaca y comprar todas las ediciones posibles de todos los periódicos para escrudiñar todos los detalles

de su éxito. Ser «coaga» —abreviatura popular de Coalición Galega— es, al día siguiente de la batalla,

sentirse vencedor psicológico de la guerra por venir.

Tanto este columnista como los demás enviados del Grupo 16 a estas elecciones hemos dado noticia

cumplida y rigurosa de la gran revelación de la campaña: González Marinas. Creo que el lector de este

diario dispone de excelente información sobre las razones del éxito de Coalición Galega y de la operación

reformista. Pero en esta hora fría del análisis me parece necesario señalar que Roca corre dos peligros:

«pasarse» en su apreciación o bien quedarse corto. El triunfo ha sido clamoroso, pero articular una red

similar a la gallega en toda España será infinitamente más complejo. Roca, puede aspirar a lo máximo:

deshancar a Fraga como alternativa al socialismo reinante, pero debe partir de lo mínimo: asegurarse

modestamente el centro a escala nacional. Marinas ha ganado la primera batalla de una guerra que todavía

puede perder Roca.

En cuanto al CDS, lamento mucho que les haya molestado tanto mis análisis, pero cualquiera que haya

observado desde la independencia y el raciocinio el proceso electoral podía advertir lo que yo he venido

reflejando: tres buenos candidatos —Albor, Marinas y Nogueira—, uno bastante malo —González

Laxe—, y otro pésimo, Otero, el «arcipreste» del duque. Anteanoche, los «coagas», eufóricos, aseguraban

con buen humor que el CDS había pedido conversaciones con el Polisario para ingresar en la OUA. El

sentido de la sátira resulta evidente: el tercermundismo tiene poco que hacer frente a un liberalismo

moderado, occidental y europeísta, sobre todo porque parece claro que lo único que obtiene votos frescos

contra el centro izquierda del PSOE es un centro derecha moderno pero sin nostalgia izquierdosa. A ver

quién se lo explica a Suárez.

Por último, queda en el aire la incógnita Fraga. En la madrugada del lunes respondió a una pregunta mía

diciendo tajantemente que no pensaba irse ni ceder el primer plano de la oposición a nadie. El domingo

por la tarde había tenido la deferencia de invitar a tres periodistas del Grupo 16 a tomar aguardiente en su

casa natal de Villalba, para charlar sobre política e historia. Allí dijo: «Algún día se me reconocerá todo

lo que he hecho para que la derecha española deje definitivamente de jugar con el sistema y acepte

plenamente la democracia. Eso hoy muchos no me lo quieren reconocer.»

Sería una gran injusticia, efectivamente, no reconocérselo. Y tampoco sería inteligente —ahí están los

abundantes nostálgicos del franquismo ocupando las calles madrileñas— dinamitar Alianza Popular. La

clave consiste en que cada cual juegue en su propio terreno, que Fraga no invada lo que no puede abarcar

y que tampoco se le niegue lo que se ha ganado y lo que se le ha regalado. Pero parece claro que el

bipartidismo se ha roto en la derecha y que la Vieja Guardia de AP no puede andar zancadilleando más y

debe dejar su puesto a una generación más joven.

En Galicia los populares y los «coagas» son fuerzas distintas pero no contrarias. Sus hombres y

programas son intercambiables en un 90 por 100, y eso hay que recordarlo ante ciertos análisis de

gabinete que empiezan a pulular por la Prensa. Fraga, una vez más, se ha vencido a sí mismo, pero buena

parte de lo que representa sigue vivo y con buena salud después del parto gallego. El bebé «coaga»

crecerá robusto si no olvida sus orígenes y no se le mima demasiado. En caso contrario, se echará a

perder.

Como final de este análisis sólo me queda constatar dos extremos: que esta Galicia de hoy, más moderna

de lo que parece, es en muchos sentidos admirable, y que el pueblo español no admite hipotecas previas

ni campos cerrados a la hora de votar. Tomen buena nota los que piensan que la realidad puede amoldarse

a sus deseos y que la gente es tonta. Que se lo han creído.

 

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