Autor: Contreras, Lorenzo. 
   Lectura de unas elecciones     
 
 ABC.    26/11/1985.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LECTURA DE UNAS ELECCIONES

DOS grandes afirmaciones se han lanzado con motivo de las elecciones autonómicas gallegas.

Una, de boca del vicepresidente del Gobierno, Guerra, proclama el afianzamiento del

bipartidismo. Otra, defendida por distintos observadores, subraya la vigencia del centro.

El señor Guerra, como de costumbre, se ha precipitado, y tanto fue su sentido de la celeridad

interpretativa que aprovechó el momento para «conceder» a Coalición Popular dos escaños

menos de los realmente logrados. Como quien padece de un defecto de visión, incurrió en la

tentación de aproximar abusivamente los resultados de los dos primeros partidos.

A Coalición Popular le ha faltado un escaño para igualar al conjunto de fuerzas representadas.

Uno y no dos. Con treinta y cinco escaños nadie podría formar un bloque contra aquélla.

Lo normal es pensar que todas las fuerzas ajenas a Coalición Popular dedicarán los próximos

días a estudiar sus posibilidades de sumar fuerzas. Pero es difícil que un partido o grupo como

Coalición Galega, celoso de su identidad reformista y aspirante a cubrir un espacio nacional,

tome en Galicia ninguna de estas dos actitudes: convertirse en complemento del PSOE, que es

precisamente lo que reprocha al CDS de Suárez, o sumar sus efectivos a los de Coalición

Popular o derecha pura sin matices de centro.

Con sus treinta y cuatro escaños, Coalición Popular ha obtenido una victoria clara, pero no

suficiente. Siempre hay con su número un riesgo matemático. No probable, pero sí posible.

En todo caso, por más que le pese al señor Guerra, todas las posibles «lecturas» de los

resultados gallegos perjudican al PSOE, que en las tres Comunidades autónomas donde ha

presentado sucesivamente batalla -País Vasco, Cataluña y ahora Galicia- ha perdido un 30 por

100 de sus votos con relación a las generales anteriores a cada uno de los supuestos

electorales examinados.

Lo cual significa que existe y ha existido una clarísima erosión del partido gobernante.

Coalición Galega, de Marinas, probablemente actúe equivocadamente si desde su situación

trata de proyectar un reformismo extrapolable al resto de España. El Partido Reformista de

Roca y Garrigues tendrá que meditar esto mucho. Su especie de «sucursal» gallega ha

obtenido, ciertamente, once de los veinticuatro escaños que dejó UCD como herencia flotante

(ocho han emigrado hacia Coalición Popular y cinco al PSOE). Pero atención. Quienes han

votado a Coalición Galega no han votado precisamente a Miguel Roca. Lo han hecho contra

una determinada gestión de la Junta presidida estos años por Fernández Albor y también

contra una más que discutible gestión del Gobierno nacional que preside Felipe González. En

el fondo, el voto «reformista» gallego parece redescubrir la posibilidad de un nacionalismo

moderado. Pero al mismo tiempo los depositarios de ese voto son en buena parte los

herederos de la vieja estructura de UCD, que, a su vez, fue consecuencia de la todavía más

antigua estructura provincial y regional del Movimiento. Esto último explicaría el insólito

fenómeno de que un partido con vitola reformista y modernizante haya cosechado sus mejores

resultados en las provincias más rurales y atrasadas: las provincias interiores de Orense y

Lugo. Pontevedra y Coruña fueron menos generosas.

Fraga, probablemente, no ha conseguido la mayoría absoluta por sus no cerrados problemas

de Lugo, de su tierra natal. Las agrias diferencias entre Antonio Rosón y Cacharro (presidente

este último de la Diputación lúcense) por la cuestión de Is listas han creado, sin duda, un clima

adverso. Sólo de esta manera se explica que Coalición Galega, cuya previsión lucense era cero

escaños, haya conseguido nada menos que tres.

Lorenzo CONTRERAS

 

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