El divorcio no es solo un mal moral en ética cristiana, sino también un mal social  :   
 Los obispos de la provincia de Valladolid publican la primera toma de postura jerárquica colectiva sobre este conflictivo tema. 
 ABC.    12/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

ABC. SABADO 12 PE FEBRERO DE 1977.

La Iglesia en el mundo de hoy

«EL DIVORCIO NO ES SOLO UN MAL MORAL EN ETICA CRISTIANA, SINO TAMBIEN UN

MAL SOCIAL»

• Los obispos de la provincia eclesiástica de Valladolid publican la prime-!5ÉÍ toma de postura

jerárquica colectiva sobre este conflictivo tema

Valladolid, 11. (Resumen de Logros y Cifra.) «Al ser invadido el campo de la opinión pública por muy

variadas y -hasta insólitas propagandas divorcistas, queremos decir unas palabras acerca de este asunto en

una serena actitud de fe», comienzan diciendo los obispos de la archidiócesis de Valladolid, en una carta

pastora! publicada hoy.

Recuerdan los obispos la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del sacramento del matrimonio, y

añaden: «Es más, los cristianos sabemos por Jesús que el precepto original del matrimonio en el orden dé

la creación comporta también la Indisolubilidad, y, por tanto, esta condición es valedera para todos los

hombres. Lo pide la Naturaleza y finalidad del matrimonio y el amor, que es lo que anima y da vida a esa

unión. El amor verdadero exige el "para siempre" dé la estabilidad definitiva, en la comunión de vida.

Dedican un capítulo a exponer que «la pérdida del amor no rompe el vínculo matrimonial» y que «el

divorcio, en sí mismo, nunca es un bien». En este sentido afirman que «el bien común pide la" estabilidad

de las uniones conyugales y que las leyes procuren la buena salud moral de las familias para el bienestar

de los ciudadanos».

En cuanto a la posibilidad de que se pierda el-amor, dice la carta que ésta es la razón que suele alegarse

para justificar el divorcio, pero qué si los creyentes contraen de veras su matrimonio en el Señor, contarán

siempre con el don del Espíritu Santo, que reavivará el´, amor siempre expuesto a sufrir desfallecimientos.

Agregan que, incluso, para los no creyentes, el vínculo matrimonial establece unas exigencias que ya no

pueden estar a merced de las fluctuaciones e inestabilidad de la vida emotiva, de las peripecias o de los

egoísmos humanos.

UNA HIPOTÉTICA LEY DE DIVORCIO.

Pasan luego a expresan su opinión ante una posible ley civil que regulase el matrimonio con una

posibilidad de divorcio,, y aclaran que aunque el divorcio estuviese sancionado por una ley civil, como

ocurre en muchos países, no es sí mismo un valor positivo. Añaden que «el planteamiento

del divorcio como un derecho a ser libre y a cambiar de pareja es una frivolidad que no puede admitir el

buen, sentido».

Luego dicen que «el divorcio no es sólo un mal moral en ética cristiana y natural, sino también un mal

social que amenaza la buena armonía de la sociedad al introducir un peligro de contagio permanente en

los hogares e Impulsar asi a la decadencia moral». Más adelante se expresan los obispos diciendo que «la

autoridad política debe esforzarse en hacer concordar mediante leyes la moralidad Pública con los valores

éticos derivados, al menos, de la dignidad y trascendencia de la persona humana.

_ .

«La ley del divorcio —concluyen— no es un asunto que concierne solamente al campo de las relaciones

de la Iglesia y el Estado; independientemente de esta referencia, es una cuestión de un valor social

sustantivó, de una influencia y un-poder decisivos en la vida y en las costumbres de los pueblos, sobre

todo en las del nuestro, cuya tradición está tan conformada por los valores cristianos.»

EFICAZMENTE, INACEPTABLE.—También .dice la carta que una ley del divorcio no debería

fomentar nunca el divorcio, pues si asi lo hiciera sería una ley éticamente inaceptable.

.«Creemos —dicen los obispos— que, aun queriendo resolver situaciones lamentables por todos

conocidas y que merecen también el respeto dé todos, esta hipotética ley —sobre el divorcio civil—

ocasionaría males muy graves e Irreparables en la sociedad española.

Introducir el divorcio en una- ordenación legal se hace e través de una decisión que puede parecer

razonable, pero es de una explosividad tal que después se corre el riesgo de no poder dominar ya las

consecuencias y de crear nueras servidumbres que se opondrían a la verdadera liberación. A la vista está,

lo que sucede en los países divorcistas.»

Finalmente, dicen que, respecto a los cristianos, «ninguno .de ellos puede pensar en la rutara con su.

consorte para unirse tras un hipotético divorcio civil, a otra persona, si no quiere romper también su

vinculación vital con Cristo mismo».

Termina la carta pidiendo a sacerdotes y educadores que trabajen denodadamente en la pastoral de

noviazgo en la preparación del matrimonio y de la familia en general.

«Aun queriendo resolver situaciones que merecen todo respeto una hipotética ley de divorcio ocasionaría

males muy graves en la sociedad española»

 

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