Autor: Sinova, Justino. 
 Landelino Lavilla. 
 Confidencias en vísperas de la derrota  :   
 El líder hace un ejercicio de sinceridad en conversación con Justino Sinova. 
 Diario 16.     Páginas: 4. Párrafos: 116. 

Landelino Lavilla es un político atípico. Con el peso de la dura campaña electoral en sus ojos, se resiste a

calificar a quienes te definen nada elogiosamente en el calor de los mítines, ni siquiera a quien, represen-

tante de fina derecha dura e intransigente, trata de desacreditarle. Nunca pudo soñar Fraga que un adver-

sario político pudiera tener con él tanta diferencia.

— Yo no quiero, no quiero, emplear argumentos «ad hominem».

Tampoco Lavilla quiere caer en el derrotismo que /os sondeos electorales ocasionan sin duda entre la

tropa de UCD. Se ha tomado a pecho su papel de conductor de los restos del naufragio y presenta, contra

viento y marea, una cara sonriente y optimista. Nadie en UCD sería capaz de reaccionar asi a la contra-

riedad:

— Los resultados electorales, por mucho que digan las encuestas, están por ver.

Es, sin duda, un político atípico, que lucha contra el deseo propio de bajar la guardia y dejar que el des-

calabro de UCD discurra por donde demonios quiera. Mantiene una evidente pelea con la contrariedad y

parece que las posibilidades de ganar una democracia estable le levantan el ánimo suficiente:

— Nunca como ahora hemos gozado de condiciones tan inmejorables para asentar el sistema

democrático.

Esta larga entrevista es en un insólito paréntesis de la campaña electoral, maratón político que abusa de

los líderes, y traía de ahondar en el estado de ánimo del político que se enfrenta a la tragedia del fracaso.

La experiencia de Landelíno

El líder de UCD hace un ejercicio de sinceridad en conversación con Justino Sinova

CONFIDENCIAS EN VÍSPERAS DE LA DERROTA

Lavilla, que abandona una pacífica situación de privilegio en el mundo político, para empezar

prácticamente de nuevo, es un interesante esfuerzo por recuperar el tiempo perdido y un drama personal

que llama ¡a atención. El atractivo del político Landelino Lavilla no es igual que el que ofrecen otros

compañeros de profesión. Por eso, estas confidencias en vísperas de la derrota, que éi no prevé tan

abultada, tienen el valor de una vivencia insólita, un desacostumbrado ejercicio de sinceridad.

En favor del testimonio, voy a trasladar la conversa-don, desde la cinta magne- • tofónica al papel, tal

como se produjo, sin interrupciones y con la eliminación de sólo algunas repeticiones coloquiales

superfluas. Me parece que Landelino Lavilla y su aventura personal y política quedan así mejor

retratados.

J. S. — Las encuestas electorales certifican el fracaso de UCD. Es todo un ejemplo histórico del retroceso

que un partido puede sufrir.

L, L. — Bueno: están por ver los resultados de las elecciones. Las encuestas siguen sin casarme con la

realidad que yo percibo. Y pienso que psicológicamente el acto de responder a una encuesta es

cualitativamente distinto del acto de depositar la papeleta el día de las votaciones. Yo he percibido

durante la campaña una mejora sensible de nuestras posiciones que no han reflejado, sin embargo, esas

encuestas.

J. S. — Es posible que, a medida que se acerca la fecha electoral, el voto se defina un poco más conser-

vador.

L. L. — Las encuestas siempre sitúan peor al partido gobernante, porque las motivaciones de la respuesta

a la encuesta a veces concentran determinadas quejas. Pero en e! momento de votar, parte del electorado

se hace una reflexión más compleja. Y yo creo que el planteamiento del centro tiene que calar en el

electorado. De manera que yo sigo confiando, aunque estas encuestas producen ciertos condicionamientos

u orientaciones psicológicas de la gente...

J. S. — ... posiblemente los más perjudicados en este caso sean los socialis- • tas. No es nada bueno para

el Partido Socialista presentarse en estos momentos con un triunfo tan abrumador. ..

L. L. — ... es posible. En cualquier caso, esos resultados pueden desequilibrar las posibilidades de funcio-

namiento del sistema.

J. S. — Una de las causas de mayor desequilibrio es la reducción del espacio político de UCD.

L. L. — El mayor desequilibrio de todos. El equilibrio del sistema político y consiguientemente su

estabilidad y consiguientemente el futuro está muy vinculado a que exista una opción de centro

suficientemente sólida, Y éste es el planteamiento que me llevó a asumir la presidencia de UCD.

J. S. — Lo malo es que el grave problema de UCD no ha concluido. Uno abre el periódico y se encuentra

con otra noticia de otra fuga, del abandono de alguien.

L. L, — Bueno, lo que hay ya, en alguna ocasión, son secuelas de la crisis. Yo creo que la crisis como tal

quedó cerrada. Y ahora me encuentro en las distintas provincias con un partido cohesionado y con una

ilusión que hacía mucho tiempo que no tenía. Por eso me sorprenden los resultados de esas encuestas, que

no se corresponden con lo que yo voy palpando. Yo percibo un renacer de la ilusión en que el partido es

capaz de mantener su posición política con solidez.

Los escaños de UCD

J. S. — ¿Cuántos escaños dan a UCD las encuestas encargadas por UCD?

L. L. — Unos sesenta escaños.

J. S. — Sesenta escaños, ¿eh?

L. L. — Si, más o menos.

J. S. — Y ese espíritu que usted ha encontrado en eí partido ¿puede hacer superar la crisis de un fracaso

electoral?

L. L. - UCD, a partir de los resultados electorales, sean los que sean, debe afirmarse con su originaria

vocación de convertirse en ¡a gran alternativa de Gobierno No hay otra concepción estabilizadora en el

espectro político español.

J. S. — Lo más desesta-biltzadoí en estos momentos es el progreso que experimenta el partido de Fraga,

¿no?

L. L. — El esquema de las elecciones anteriores era un esquema razonable y se de-sequilibra. La

estabilidad del sistema democrático pasa por la estabilidad de un gran segmento central. Y lo que tenemos

de más positivo en estos momentos, que es haber vencido ia dinámica tradicional en España de tendencia

hacia los extremos, se podría reinver-tir. Y esos son los riesgos ahora.

El peligro Fraga

J. S. — Sí. Hay un riesgo en la bipolaridad, pero también hay un riesgo en la persona que lidera uno de

los dos polos, Manuel Fraga.

L. L. — No me gusta personalizar los problemas. El estilo de Alianza Popular es muy distinto al de UCD.

Es decir: se pueden acentuar los elementos de confrontación o se pueden acentuar los elementos de

conciliación. Hay una diferencia de talante muy clara entre AP y UCD.

J. S. — Pero concretemos: Alianza Popular introduce elementos de confrontación.

L. L. — Evidentemente. J. S. — Confrontación que, también evidentemente, no viene nada mal acierta

forma de golpismo. L. L. — Yo creo que esos temas son muy peligrosos en la campaña. Yo he hecho

afirmaciones muy claras sobre la importancia del voto en libertad, del voto .auténtico. Yo creo que nadie

tiene derecho a trasladar al pueblo español factores que puedan convertirse en motivaciones de votos

distintas de aquellas que suponen el ejercicio libre y auténtico del derecho de! voto.

J. S. — Pero estamos viviendo momentos de inestabilidad.

L. L. — Hay episodios, hay datos. Pero el hecho de que sean los propios servicios de seguridad de los

Ministerios correspondientes los que detecten, controlen y hagan las investigaciones es una garantía de

que eso no son sino fenómenos limitados y acotados: Las instituciones están respaldando el respeto a la

norma básica y hay que proclamarlo asi, como es preciso generar un clima psicológico contrario al que se

puede crear como consecuencia de airear pequeños episodios o determinados riesgos. Mire usted: yo he

trabajado mucho por el establecimiento de este sistema democrático y creo que tenemos la obligación

muy seria de asegurar que esto siga adelante. No estoy pensando en riesgos extraños, sino en el

desenvolvimiento normal del Sistema democrático, porque hay una alteración cualitativa substancial del

cuadro político que resultó de las elecciones anteriores. El esquema que resultaría, si las encuestas

electorales se convierten en realidad, no sería bueno. Y habrá que tratar de recomponerlo.

J. S. — Ni sería real, por decirlo así, porque el cincuenta por ciento de los españoles no es socialista.

L. L. — No. la mayoría de los españoles no está deseando ser gobernada bajo los supuestos dei

socialismo. Como tampoco hay una mayoría en torno a Alianza Popular.

El voto al PSOE

J. S. — Influyen otras causas en el deseo ae votar al PSOE.

L. L. — En el alineamiento hacia -opciones clásicas ha influido la crisis de nuestro partido, como ha

influido el mantenimiento de una posición intangible del líder socialista. Y una vez que los demás

partidos se han dado cuenta de que la mayoría de la gente está en posiciones más templadas, más

moderadas, ha habido un esfuerzo de moderación, de templanza y de acercamiento de los programas. Los

otros partidos han abandonado posiciones de partido para verificar su aproximación a lo que entienden

que es el talante general del electorado. Y en mi programa no hay reservas, no hay maquillajes de ningún

tipo. En los otros programas sí hay reservas y maquillajes en virtud ae la adaptación a lo que entienden

que es la conveniencia electoral.

La pena de muerte

J. S. — S.´´. Pero retrocedamos un poco e insistamos sobre la actitud de Fraga. ¿Por qué no se produce

una huida de votos de Alianza Popular cuando Fraga defiende la pena de muerte? Porque ahora dice que

ya no quiere reformar la Constitución, en contra de lo que insistía hasta hace tres meses, y pide la vuelta

de la pena de muerte, que sólo puede hacerse modificando la.Constitución. ¿Cómo este país, que es

moderado, puede dar el voto a Fraga ?

L. L. — En España se ha ejercitado el acto supremo de la abolición de la pena de muerte, que es

verdaderamente llamativo de la sensibilidad de una sociedad moderna. Yo presenté ei primer proyecto de

abolición de la pena de muerte y se estableció en la Constitución. Yo lo que veo es que no nos podemos

plantear el tema de la regresión por ia abolición de la pena de muerte. La abolición de la pena de muerte

es un progreso desde el punto de vista de la moral social y hasta de la conciencia individual, que hace

muy difícil en una sociedad moderna plantearse el tema de la vuelta atrás.

J. S. — Está claro Como está claro, me parece, que es un riesgo que el líder de ¡a oposición sea Fraga.

L. L. — Insisto en que no me gusta la personalización en las argumentaciones. Pero digo que es un esque-

ma de mayor riesgo que la dialéctica política se produzca siendo uno de los polos de referencia Alianza

Popular. Como me preocuparía que uno de los polos de referencia fuera el Partido Comunista. El

esquema es infinitamente más tranquilizador y de menor riesgo tal como había surgido de las elecciones

anteriores, con una dialéctica entre el Partido Socialista y Unión de Centro Democrático. Hay un riesgo

que la radicalización porque nuestra sociedad tiene todavía potencialmente muchos conflictos, muchas

tensiones.

Adolfo Suárez

J. S. — Alguien que ha contribuido a la modificación de! esquema de fuerzas va a sufrir un serio con-

tratiempo en estas etecciones >iüs Adoí´o Suároz Y estos resultados electorales a dar la razón a quienes

han ¡nsistido en el gran error de no ir ¡untos a las elecciones.

L. L. — Con la misma convicción y con la misma firmeza con que sostuve la necesidad de una opción de

centro, señalé repetidamente la inconveniencia de una fragmentación en la oferta del centro. Y apliqué

todos los esfuerzos posibles para que eso no resultara así.

J. S. — A Suárez hay que aplicarle una cuota de responsabilidad en el fracaso de la opción centrista.

L. L. — No sé. Acaso el tema no haya que plantearlo en términos de reparto de responsabilidad...

J. S. — Pero a la hora del recuento de los votos se va a producir una situación todavía más dramática: la

pérdida de un gran número de votos, la pérdida de unos grandes restos por aplicación de la regla D´Hondt,

el desecho, en definitiva, de unos votos que no serían inútiles si las fuerzas no estuvieran repartidas.

L. L. — Es posible que se produzcan esterilizaciones de votos, que en ocasiones nos afectarán a nosotros.

J. S. — Total: que Suárez no va a ganar nada y, sin embargo, va a seguir desangrando a UCD.

L. L.— Eso lo veremos el día veintiocho.

J. S. — Y el triunfo del PSOE ¿lo considera muy abultado según los datos de las últimas encuestas?

L. L. — Si yo adoptara como hipótesis que las encuestas que se han manejado adelantan los resultados

del veintiocho de octubre, me parece que también e! esquema político se desequilibra por ahí.

Sino va - El fracasó de UCD es todo un ejemplo histórico del retroceso que un partido puede sufrir.

Lavilla — Las encuestas siguen sin casarme con la realidad que percibo y me parece que siempre sitúan

peor al partido Sinova ~ Hay riesgo en la bípolaridad, fiero también hay un riesgo en la persona que lidera

uno de los dos polos: Fraga.

Lavilla - El estilo de Alianza Popular es muy distinto al de UCD. Se pueden acentuar los elementos de

confrontación o se pueden acentuar los elementos de conciliación.

Sinova – Pero concretamente: Alianza Popular introduce elementos de confrontación.

Lavilla: Evidentemente.

Sinova: Estamos viviendo momentos de inestabilidad.

Lavilla — Mire usted: yo he trabajado mucho por el establecimiento de este sistema democrático y creo

que tenemos la obligación muy seria de asegurar que esto siga adelante.

Oposición al PSOE

J. S.— .. .¿Porque al PSOE le vendría bien una colaboración de UCD?

L. L. — El tema es que se produce un resultado que no refleja la realidad social que se trata de representar

Y un esquema de funcionamiento parlamentario debe tener ciertos factores para que el juego Gobierno-

oposición sea equilibrado.

J. S. — Es perturbador para el sistema parlamentario que la oposición no tenga prácticamente nada que

decir.

L. L. — Claro, las dos piezas tienen que estar articuladas y tienen que tener posibilidades normales de

articularse. Recuerde aquella vieja frase de que el Gobierno tiene el poder en el Estado, pero no el poder

del Estado. El Estado es la resultante de una serie de factores, entre ellos la oposición, que coadyuva a for

mar las decisiones finales de poder

J. S. — ¿Cuál será la estrategia de UCD frente al Gobierno del PSOE?

L. L. — Si se confirma el triunfo del PSOE, yo ejercitaré la oposición y trataré de construir desde allí la

opción alternativa.

E1 cambio

J. S. — ¿Y usted piensa que el PSOE pretende un cambio revolucionario?

L. L. — Hombre, no lo dicen. Eso no es lo que dice su programa. Es más, el slogan «por el cambio» tiene

un contenido que se diluye la mayoría de las veces. No han acabado de explicar en qué consiste el

cambio, cómo se va a hacer el cambio. Y ante algunas preguntas directas han tratado de rebajar el tono de

esa aspiración de cambio, con fórmulas que pueden ser más o menos hábiles, más o menos expresivas,

pero sin contenido real, como es, por ejemplo, decir que «las cosas funcionen mejor». Eso no es una

respuesta. Ahora, ¿qué pasará? No sé qué tensiones internas puede haber en el PSOE. Si uno compara el

tono con que los líderes se producen en determinados actos, en determinadas manifestaciones, ,,con el

tono de otros actos, de otras manifestaciones, uno tiene que partir de la base de que ahí hay dos talantes,

hay dos modos, hay dos formas, hay dos sentidos de la dirección política, de la concepción política. No sé

en qué medida las posiciones más radicales van a poder ser controladas, en qué media van a ser capaces

de desbordar a la dirección del partido. Hay una serie de dinámicas internas que no sé en qué terminarán.

J. S. — Desde ese punto de vista, ¿el PSOE tiene una mayor hipoteca que UCD porque tiene que dar

cuenta a unas bases, tiene que actuar de cara a unas bases que pueden condicionarle más de lo que

condicionarían las bases de UCD?

L. L. — Es posible, es posible. El talante de esas bases tampoco corresponde siempre a la moderación de

la que con frecuencia da muestras la dirección del propio partido.

Rumores

J. S. — Otro asunto de la máxima importancia. Usted advierte síntomas de intranquilidad en la sociedad.

En la campaña electoral están incidiendo unos rumores y unas tensiones ajenos a la propia campaña. Y no

sé si esto proviene de una falta de autoridad del Gobierno, de una dejación, respecto a quienes pretenden

un cambio político al margen de la normalidad electoral. Y parte de la base de que usted no tiene

responsabilidad de gobierno.

L. L. — A mí me parece, por el contrario, que ha habido una demostración de eficacia y de energía, que a

mí me deja tranquilo. Razonablemente se puede pensar que las cosas están bajo control.

J. S. — Y ese elemento perturbador de la campaña que es el escándalo de la candidatura de Tejero...

L. L. — Hay la tendencia a atribuir al Gobierno ese tipo de responsabilidad, pero nosotros hemos cons-

truido un esquema de independencia del poder judicial.

J. S. — Yo esperaba esa respuesta. Pero me refiero a que no se ha agotado, al parecer, la vía de los re-

cursos.

L. L. — Me parece que esa sentencia de la Audiencia Territorial es firme.

J. S. — Ya mí me parece que cabe todavía otro recurso, ante el Tribunal Constitucional. Eso dicen

algunos dictámenes jurídicos y creo recordar que el presidente del Gobierno prometió todo tipo de ac-

ciones lega/es.

L. L. — Yo supongo que la posibilidad de recurso se habrá "estudiado y si no se ha ejercitado recurso es

que no había cauce para ese recurso...

J. S. — El asunto es que la interposición del recurso aplazaría la aplicación de la sentencia... En fin, da la

impresión de que no se ha hecho todo lo que cabía hacer y la presentación de este personaje a las

elecciones es un escándalo político que esta sociedad no se puede permitir.

L. L. — Es un hecho extraño, duro, anómalo.

El fatalismo

J. S. — Y que acrecienta en mi opinión el fatalismo de los españoles. No hace falta insistir mucho a esta

sociedad para que piense que todo está muy mal, que no hay remedio...

L. L. — Hay una tendencia a exacerbar un cierto pesimismo nacional que no es de ahora...

J. S. — Claro, claro...

L. L. — Ya Quevedo lo fustigaba. Yo, en cambio, pienso que nunca como ahora hemos tenido las

condiciones establecidas para lograr asentar el sistema de convivencia democrática en libertad. Para eso

se requiere hacer ejercicios de responsabilidad histórica y de responsabilidad personal muy superiores a

los que muchos aceptan. Y esa es una apelación que hago siempre. Quienes me acompañan en la campaña

me dicen que estoy demasiado en esa sintonía, mucho más que en la búsqueda directa de.la confrontación

o de la pelea. Pero es

Sinova — Ahora Fraga pide otra vez la pena de muerte, ¿Cómo este país, que es moderado, puede votar a

Fraga?

Lavilla — En España se ha ejercitado el acto supremo de la abolición de la pena de muerte, que es un

progreso desde el punto de vista de la moral social y hasta de la conciencia individual y no podemos

plantearnos la vuelta atrás.

Sinova — Está claro que es un riesgo que el líder de la oposición sea Fraga.

Lavilla — Plantea mayor riesgo que la dialéctica política se produzca siendo uno de los polos de

referencia Alianza Popular. Como me preocuparía que uno de los polos de referencia fuera el Partido

Comunista.

Sinova — ¿Usted piensa que el PSOE pretende un cambio revolucionario?

Lavilla — Eso no lo dicen, pero si uno compara el tono de los líderes en determinados actos con el de

otros descubre que hay dos talantes, hay dos modos, hay dos formas, hay dos sentidos de la dirección

política, de la concepción política.

Sinova — El escándalo electoral de Tejero favorece en algún modo el fatalismo, Lavilla - Y, sin embargo,

nunca como ahora hemos tenido las condiciones establecidas para lograr .asentar el sistema de

convivencia democrática en libertad que yo siento mi responsabilidad de otra manera. Yo siento la

responsabilidad del partido que presido de otra manera.

J. S. - ¿Cómo?

L. L. — En todos los comportamientos y en todas las actitudes hay una cuestión de consecuencia

personal. Yo no puedo producirme en términos como los que se producen otros líderes, por moderados

que esos líderes aparezcan en la televisión. Ni corresponde a mi talante. Yo puedo poner más calor en la

defensa de mis posiciones, y de hecho lo estoy poniendo, pero hay escalones que yo no bajo. Incluso por

respeto elemental al pueblo y a los propios auditorios. Ese hurgar buscando el halago de las pasiones o

buscando estimular las reacciones es hasta una desconsideración con los auditorios. Y, sin embargo, hay

muchos actos polítos que se están produciendo así.

J. S. –

L. L. — Mis cuatro años presidiendo el Congreso de los Diputados ha fijado un determinado cliché. Y yo

en los mítines no hago excesivas concesiones a lo que se llama realmente estilo mi-tinero.

Cambio de imagen

J. S. — Pero sí es verdad que en usted se ha operado un cambio de imagen que yo no sé si ha sido a peor.

Eso me ¡o dirá usted. Porque usted hasta ahora estaba ganando la imagen de político institucional y ha

caído ahora en la política de partido. Y digo «ha caído» de un modo peyorativo. No sé si usted lamenta

ese cambio de imagen.

L. L. — Las circunstancias van colocando a las personas situaciones distintas. Para mí habría sido mucho

más cómodo no haber aceptado el embite que se me hizo en el mes de junio, la presidencia del partido,

cuando yo no aspiraba a ello. Ahora bien: tampoco puede uno operar sobre la base de decir «yo voy a

preservar mi imagen, yo voy a preservar mi prestigio», porque el prestigio y la imagen están al servicio de

las convicciones y esas convicciones a veces le sitúan a uno en la posición dramática de decir que, o se da

el paso ai frente, o no hay ni siquiera posibilidad de defender esa política. Yo he dado el paso al frente y

yo defiendo esa posición política, con todos los riesgos que eso tiene. Y, al final, mire, queda uno con la

tranquilidad personal de haber actuado políticamente en los términos dictados por ideas, por

convicciones, rigurosamente contrarios a los que podrían ser mis intereses, porque para mí habría sido

más cómodo quedarme en una posición distante de la lucha política, pero como la afirmación del partido

político de centro es rigurosamente capital, y vale la pena luchar por ella, yo lucho por ella con todos los

riesgos. Y llegaré hasta donde pueda. Y espero llegar bastante más lejos de lo que resulta de las últimas

encuestas.

Romanticismo

J. S. — ¿Y no hay en su actitud política algo de romanticismo?

L. L. — Uhmmm... Noes romanticismo, yo creo que es consecuencia. Yo llevo en un cierto protagonismo

político seis años y llevaba otros años antes pensando y trabajando sobre cómo había que verificar la

cons-trucción del sistema democrático. Todo eso se ha hecho y lo que se ha conseguido es realmente

impresionante. Si uno abdica de pronto de todo eso... Yo creí que no debía abdicar, ya no sólo por las

ideas sino también por la gente. Es impresionante ver cómo hay gente del partido a la que se ¡e cambia la

cara cuando comprueba que hay alguien dispuesto a trabajar, a ir hacia adelante. Sólo eso compensa. Y ía

nuestra es una gente muy normal, muy sana, que se ha compenetrado con la necesidad de un partido de

centro, que ha trabajado mucho, que ha luchado mucho. ¿Y usted cree que puede uno quedarse tranquilo

diciendo ¡ahí, si esto se disuelve que se disuelva? La realidad del partido y esa óptica histórica que yo

tengo por encima de las conveniencias electorales me aconsejan hacer este esfuerzo. ¿Y qué pasa? ¿Qué

pongo en riesgo una imagen más o menos prestigiada desde una perspectiva institucional, por encima de

la confrontación diaria de la lucha política? Pues, lo hago.

J- S. — Y supongo que es difícil mantener optimismo en medio de la crisis del • partido, en medio de

disputas internas, cuando se evapora el peso real del partido...

L. L. — Eso era para mí un dato inicial, pero ahora confío en obtener una respuesta mucho más impor-

tante que la que dicen las últimas encuestas. Yo tengo la intuición y la percepción de que vamos a me-

jorar.

El riesgo

J. S. — Quienes mejoran, según las encuestas, son el Partido Socialista de

Felipe González y la Alianza Popular de Manuel Fraga.

L. L. — El crecimiento de Alianza Popular como el crecimiento del PSOE me parece que generan un

riesgo de desequilibrio en la vida política española.

J. S. — Aunque los resultados que obtenga UCD sean los que dicen las encuestas, de UCD queda algo

muy importante que hacer en et partido, que es mantener el estado de ánimo del partido.

L. L. — Yo dije desde el principio que el planteamiento desde el punto de vista del partido se invertía por

razón del calendario electoral. Lo lógico habría sido hacer una operación de partido, terminada la cual se

afrontan las elecciones. La verdad es que hay que hacerlo casi invirtiendo la lógica por razones

cronológicas.

J. S. — ¿Ha mantenido últimamente algún contacto con Felipe González?

L. L. - No, sólo hablé con él de pasada, durante la última reunión de la Diputación Permanente, en un pa-

sillo.

J. S. — ¿Y le llegan los ecos de que alguien del PSOE desearía algún contacto estable con UCD?

L. L. — Más que los ecos de eso lo que me llega son las acusaciones de Alianza Popular. Porque lo dicen

con frecuencia, ¿no?

J. S. — Sí, acusan a UCD de que van a pactar con los marxistas y esas cosas.

L. L., - ¡Fíjese!

Landelino Lavilla, como se ve, está preocupado muy seriamente por la vida del partido, por mantener

hasta el último minuto la oferta centrista. En su ejercicio permanente de optimismo, insiste en restar

importancia a tos resultados electorales que anuncian las encuestas más fiables, la del gabinete ALEF

publicada en Diario 16 y la de Sofemasa publicada en «El País».

¿Pura gimnasia para el optimismo o manejo de datos desconocidos? Habría que decir que, por encima de

todo, grandes dosis de buena voluntad. Da la impresión de que sin este Lan-delino Lavilla peleando con la

adversidad el partido UCD habría quedado ya reducido a cenizas, como presagiaba su veloz carrera hacia

la desintegración.

Landelino Lavilla está en la situación de esperar el milagro en el último minuto. Es decir: se resiste a ad-

mitir que no existe solución para un partido que lo ha sido todo y ha estado a punto de no ser nada. Visto

en la so/edad de la confidencia, hay que reconocer que su actitud tiene mérito humano. Cuando casi todos

han abandonado el barco, trata de levantar el ánimo de los que quedan y se resiste a paladear al amargo

sabor de la derrota. Si, al final, la derrota es aplastante, le quedaría el consuelo de que, alguna actitud hu-

mana, al menos, se habría salvado.

Fotos: Enrique CANO

Sinova * Dice usted que siente su responsabilidad política de otra manera.

Lavilla - Sí. Yo no puedo producirme como hacen otros líderes, por moderados que lueg© aparezcan en

televisión. Ni corresponde a mi talante. Hay escalones cjueyo no bajo.

Lavilla - Tengo la intuición de que vamos a mejorar.

Sinova — Quienes mejoran, según las encuestas, son el PSOE y AP.

Lavilla - Pues el crecimiento de AP y del PSOE generan un riesgo de desequilibrio en la vida política

española.

Sinova — La mitad de los españoles no es socialista. Otras causas influyen en el voto al PSOE.

Lavilla — Una vez que los partidos se han dado cuenta de que la mayoría de ía gente está en posiciones

más templadas, ha habido un esfuerzo de moderación.

Pero en mi programa no hay reservas, no hay maquillajes. Y en los otros programas, $L

 

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