Autor: Herce, Antonio. 
 Elecciones´82. Un radical arranca votos para el PSOE de casa en casa, de pueblo en pueblo. 
 Pablo Castellano predicar en el desierto     
 
 Diario 16.    14/10/1982.  Página: 8-9. Páginas: 2. Párrafos: 29. 

Los guijarros de Cáceres

reconocerían su voz. Un poco solo y con tono de predicador en el «desierto» extremeño, piensa elevar la

palabra socialista hasta la última alquería cacereña en una campaña de «calcetín» a la búsqueda del voto

para su partido. En las plazas, siempre en las plazas del pueblo, al aire, para evitar que su mensaje quede

encarcelado entre paredes de café y salón. Cáceres es su bastión y no le importa apellidarla como

«miserable» para sacarla de su destino. Algunos pocos acudieron a la cita. Quizá el miedo. Y él les dijo:

«No queremos votos regalados. Votar lo que os salga...

Un radical arranca votos para el PSOE de casa en casa, de pueblo en pueblo

PABLO CASTELLANO

PREDICAR EN EL DESERTO

Caceras:

Texto: Antonio HERCE Fotos: Carlos MONGE Enviados especíales

«A lo mejor ahora tiene que ser así —afirma—, pero el programa del PSOE, bueno o malo, no es el pro-

grama socialista.»

Le gustaría decir con Largo Caballero, cuando presentaba las leyes en el Parlamento, «esto no es una ley

socialista, sino la ley que los socialistas, hoy, ponen a disposición de todo un Parlamento, con una visión

muy por encima de su propio partido». No está en contradicción —añade—, evidentemente, ni con las

resoluciones de los congresos ni con eí programa básico. El suele hablar en los mítines de un programa de

sentido común, que trata de unificar el común sentido de las gentes sobre ios problemas más importantes

para racionalizar el funcionamiento del Estado y salir de una difícil situación.

«Pero Quien quiera ver peligro de marxistificación, o peligro de colectivización, o peligro de

socialización de la vida española en lo político, en lo económico, en lo cultural, está absolutamente

equivocado. Es un programa de carácter reformista que suscriben, estoy convencido, algunas otras fuerzas

políticas. Lo que pasa es que quizá el Partido Socialista, como no tiene las ataduras que otros han

demostrado tener, lo va a poder cumplir. No está tan vinculado a los privilegios adquiridos, a los grandes

intereses de la Administración, de la gran Banca, de las multinacionales. »

Opina que el PSOE está en una situación que te permite decir que este programa tiene garantías de ser

cumplido y que, cuando otros lo disfrazaron de una manera más o menos similar, estaban ocultando que

no lo iban a poder cumplir por sus propias hipotecas. «Yo veo que no es un programa socialista y no me

importa. Porque si me lo presentaran como el desiderátum del socialismo, lógicamente, no podría apo-

yar/o. Ahora, si me presentan un programa de gobierno, de un Gobierno socialista y para una situación

como la que hay hoy, no tengo el menor pudor ni me ofrece ninguna reserva, porque veo su racionalidad

en luchar porque se cumpla.»

Lectura radical

Sin embargo, «por la propia ambigüedad del programa», apuesta por una interpretación más agudizada

en muchos temas, tanto sea en política nacional como en política internacional, educativa, sanitaria...

«Algunos de los que en el partido estamos en otras tesis, minoritarias o no, pero en otras tesis, estamos en

ta pelea de conseguir, previo debate y con el necesario tensionamíento si fuere preciso, que se haga la

lectura más radical de ese programa. Entendiendo por radical ni extremosa ni maximalista, sino la más,

podríamos decir, afectante a las raices de los problemas.»

Incluso, piensa y dice que casi cabría la posibilidad de que en el partido, con los mismos presupuestos del

programa, hubiera • proyectos de ley bastante distintos según surgieran de un sector de la derecha o de un

sector de la izquierda, respetando ambos la linea y directrices del programa en su propia ambigüedad".

Le preocupa y le duele la crítica de Santiago Carrillo hacia el PSOE, por considerarla fuera de lugar en

este momento. «Si hay algún partido que puede presentar una alternativa frente a la derecha y que puede

representar una ilusión y un cambio, e! estarse preocupando más en atacar a ese partido que a la propia

derecha, supone que alguna desviación hay en este tema.» Por otra parte, le preocupa y ¡e duele que con

esas actitudes el líder del Partido Comunista pueda entorpecer una colaboración de base que se da entre

UGT y CC 00, entre el PSOE y e! PCE.

aHay muchos que por seguir miméticamente las actitudes del jefe, pues se dedican a tratar de emularlo

con más profundidad y pueden crear dificultades ´innecesarias. Me parece que hay muy poco sentido

común cuando viendo a un partido, del que se dice hermano, que tiene oportunidades de hacer algo, se le

ponen chinitas en el camino y se crea sobre él una imagen de desconfianza en cuanto a sus posibles triun-

fos y éxitos, con lo cual se está sirviendo, objetivamente, a ¡os intereses de la derecha.»

El temor

Pablo Castellano. mantiene, y con él, la corriente del partido Izquierda Socialista, que su aliado natural

tiene que ser siempre la izquierda. Y que se puede conseguir una acción unitaria en defensa de la demo-

cracia y del progreso de la sociedad española. «Hay una corriente del partido que piensa que una coali-

ción con el PCE, como la que se ha hecho en los Ayuntamientos y en las Diputaciones, sería impresen-

table y que devolvería una imagen de Frente Popular.»

El no va a discutir este tema. Cree que no sería así, pero admite que pudiera serlo. De todas maneras no

van por ahí ios vientos. «La posibilidad de una conjunción socialista-comunista, que no tendría ni por qué

reflejarse en el Gobierno, ni en acuerdos parlamentarios, pero sí en una unidad de programa y en una co-

laboración importante, soporta el temor de que esa política de coaliciones, si el PSOE no logra la mayoría

absoluta, se orientará hacia uno de los diferentes grupos de centro y que eso, hipoteque en exceso, e! pro-

pio programa del partido.» Considera que los socialistas tienen que sacar una cierta lección de lo ocurrido

en Alemania, de cómo el partido liberal más que facilitar el Gobierno socialde-mócrata, ha estado durante

años de la coalición, frenando el cumplimiento de los mínimos objetivos so-cialdemócratas, para a! final,

dejarle en la estacada y hacerle caer. «Sería penoso que se llegara a alguna coalición con algún partido de

la derecha, que más que dedicarse a cumplir en aquello que estuviera de acuerdo con nosotros en el

programa, se de dicara a obstaculizar todo lo que no le gustara del mismo, para luego, en su día,

cambiarse la .chaqueta y retirarse hacia la mayoría natural, en e! primer voto de censura. En este punto yo

creo que e! partido tendrá que tener un enorme cuidado.»

El embudo

Y no, no le aflige una posible bipolarizacíón del país. E!, que nunca ha creído en la existencia del centro,

considera que está b¡-polarizado de siempre. «A m> ¡o que me preocupa es que la bipolarizacíón supu-

siera antagonismo y confrontación cruenta, pero mientras signifique lo que toda la vida, una sociedad de

clases, los parásitos y los trabajadores, los caciques y los que rinden, ¡bueno!, ese es nuestro ideario. Aquí

hay derechas y hay izquierdas. Lo que hay que procurar es que, por mucha derecha e izquierda que haya,

se puedan solucionar los problemas en vía democrática y por el peso de las urnas, sin llegar a practicar la

política de la eliminación del contrario, a ¡a que son dados algunos franquistas, disfrazados hoy de demó-

cratas.»

Si aquélla le deja igual, el golpismo le vuelve preocupado. «El golpismo en España apareció el 23-F, con

una realidad tan incuestionable como la de! terrorismo y no hay derecho a utilizar una ley del embudo. Y

hacia el terrorismo llevan adelante una política informativa, represiva, excepcional —porque la ley Anti-

terrorista, que no se engañe nadie, es una ley de excepción a las garantías jurídicas normales— y, en

cuanto al golpismo, llevan una política de auténticos avestruces, metiendo la ca-bez debajo del ala. Eso

me parece suicida y acaba pagándose carísimo.»

No conoce ninguna oferta del PSOE frente al golpismo. Espera que la lógica sea la aplicación exacta de la

ley, sin que le tiemble a uno la mano en la aplicación del Código Penal y del Código de Justicia Militar.

Piensa que puede estar equivocado, pero hay que hacer otras muchas cosas. «El Ejército no puede seguir

teniendo los cuarteles más que para defender la seguridad de nuestras fronteras, para vigilar la vida de los

ciudadanos en ¡as grandes capitales.» Opina que hace falta un buen Ministerio de! Ejército, unos buenos

Estados Mayores, buenos coroneles al mando de las guarniciones y un cambio en la estructura militar,

«para que sea una estructura do defensa de ¡a seguridad exterior y que no sea una estructura de paralelo

poder militar.»

Entiende como difícil la herencia del PSOE y calcula que —de conseguir el poder-- al día siguiente «to-

dos los fascistas de este país que no han hecho nada, no ya en cuarenta años, sino en doscientos, le van a

pedir que lo haga todo. Como estamos advenidos no nos va a pillar de sorpresa». El mismo estará al fren-

te de una reivindicación sentida: referéndum sobre lo OTAN.

¿Y si pierde?

«Si el PSOE gana significa que tiene la confianza del pueblo. En uso y obligación de esa confianza y

cuanto antes se debe de acabar con ese tema. Para bien o para mal. Que vote el pueblo. Pero no puede ser

un debate sino die, esperando hacerlo mal y tarde. Se gana y en el momento mismo en que se gana, todo

su programa es exigible.» Y Pablo Castellano aún dice más: dejando en libertad a todos. Porque el

Gobierno puede ser imparcial al convocarlo, pero algunos militantes socialistas pueden ser beligerantes.

«Y se nos tiene que dejar en la suficiente libertad para que podamos salir a las callese, igual que hoy

estamos pidiendo el voto para el PSOE, pidamos pueblo a pueblo el voto en contra de la OTAN.»

Dos cosas resumen su interés en la campana electoral. Que no dé como resultado una mejor implantación

del partido —que no se haya vencido, en suma, el miedo y la ignorancia— y el después, que se confunde

con el ahora, porque s¡ gana el PSOE serán muchos los problemas. Pero, ¿y si pierde?

«Huésped»

«Si se pierde, para algunos socialistas no tiene la menor importancia; no es grave, porque es la pérdida de

una ocasión de poner en práctica tu propio ideario, las cosas que has ido acariciando día a día como ne-

cesarias y convenientes para hacer. Pero si se pierde puede producirse que, como hay bastante arribismo

en todos los sitios y el PSOE no está exento de su correspondiente dosis, los arribistas pasan de la noche a

la mañana del triunfalismo al catastrofismo. Y el que ellos se desmoralicen no tiene importancia, lo

que pasa es que eso puede arrastrar a una gran cantidad de gente de buena fe. Y eso sí es preocupante.

Paladín de Izquierda Socialista, corriente crítica del partido. Pablo Castellano afirma que pese a ¡as

ausencias y los silencios no ha desaparecido, sino que, en cierto modo, ha relegado su lucha, pospuesta a

terminar el periodo electoral. «La Izquierda Socialista, como izquierda del partido, no puede correr el

riesgo de, por continuar su legítimo y obliga torio deba te, perjudicar a la imagen de coherencia o de

unidad del partido a to largo de este proceso.»

Confiesa que, una vez que pasen las elecciones, el voto de investidura, la formación de Gobierno, aquello

que está en los próximos meses y que debe de ser objeto de realización, la IS recuperará el papel que le

corresponde en e! partido. «El ser un buen laboratorio de exploración ideológica, de excitación del debate

y de discusión del saber y el hacer. Y que no debe entrar, porque sería un error espantoso que ya hemos

cometido, en la lucha por el poder. La lucha por e! poder, hoy, a la Izquierda Socialista no le debe

importar. Lo que le tiene que importar es ¡a lucha por un quehacer de los militantes y por el rearme de un

partido, que, para bien o para mal, está muy carente de coherencia ideológica y de argumentación

teórica.»

Ironiza con su condición de «huésped», quizá incómodo en la propia casa, porque la está defendiendo.

«Sería de locos que, si en un momento determinado esta familia a la que uno pertenece se desvía, cometa

uno el error de irse de la casa, cerrando la puerta, porque entonces se la ha dejado entregado de hoz y coz.

Son otros /os que tendrían que preguntarse qué pintan en un partido que ellos ya sabían cuando ingresaron

que no tenía nada que ver con su pensamiento, y aún así no han tenido e! menor pudor ni la menor

vergüenza en reformarlo.»

Y sí cree que exista la tentación en un sector de! partido de consentir la presencia de ios «rojos» o los

«radicales», porque, al fin y al cabo, también son votos a! futuro Gobierno. «Si algunos piensan que

estamos en el partido como tolera-, dos y que no nos impona dar votos porque nos permite ser diputados,

se están equivocando. Estamos en el partido porque es nuestra casa y porque, además, aspiramos a

convencer al resto de nuestras posiciones políticas, luchando democráticamente. Y, desde luego, los votos

que obtenga el PSOE los sentiremos como propios, sean cual fueren las motivaciones que en el electorado

haya producido el discurso de uno u otro compañero, porque, a! fin y al cabo, somos una parte integrante

del Partido Socialista Obrero Español.»

«Votad lo que os dé la gana, pero luego no os quejéis»

Le reconocen los guijarros de la última alquería de Cáceres. Pasea la palabra socialista desde años y por

todos sus rincones. La provincia crecía en socialismo a su paso. La prensa integrista extremeña no se lo

perdona. Mentado como «ayato-Ilah» y «cunero», el emigrante Pablo Castellano — nació en Madrid —

siempre tuvo, contra el sentir de muchos de sus paisanos, la necesidad de pisar y respirar la tierra de sus

mayores.

Se le irrita el gesto para maldecir lo suyo, Cáce-res. «Esta provincia es una provincia miserable. Y es

miserable siendo rica, que es la paradoja. Es una provincia en la que hay miseria, teniendo una enorme

capacidad de levantar la cabeza y de proporcionar una vida digna.»

Sin embargo, para él, la miserabilidad de Cáceres no está tanto en ei aspecto económico sino mucho más

en e! aspecto moral, en el intelectual. «El gran mal de Extremadura es la incultura, el gran mal es la

alienación, ei gran mal es el fatalismo. El extremeño tiende mucho —quizá por una cierta reminiscencia

arábiga— a decir todo está escrito; es la fuerza del destino, todo es inmutable, no hay más salida que la

huida.»

Pudo ser la emigración —asegura— a América o pudo ser la emigración a Euskadi o Cataluña, pero

muchas veces el esfuerzo que desarrollan otras comunidades aquí no se ha intentado. «Piensan que pesa

una especie de maldición bíblica sobre estas tierras. Eso sí, la convierte en una provincia miserable, en

una provincia en la que lamentablemente ha tendido a la pérdida de la esperanza, y yo no creo que haya

mayor miseria que el perder la esperanza y el perder la ilusión.» Pablo Castellano anda de mítines. Se

había «despachado» e! día anterior contra el nacionalismo en Beasaín. Muchos extremeños aplaudieron

sus palabras. Una noche de tren y trescientos kilómetros por carretera le devolvieron a sus paisajes. Los

vecinos de Gayo de Galisteo —villorrio de doscientas y pico almas, en el umbral de Las Hurdes—

buscaban «descansar» su espalda en la pared de la plaza. Iban a dar un mitin en ella. Parecía vacía incluso

de ilusión. Pablo, enfurecido, cogió la voz e hizo aplausos del silencio. «Decís que no os interesa la

política y estáis todo el día hablando de ella en la tasca. Porque política es hablar del precio de la

aceituna, de la beca de estudios de un hijo o del barro que rodea todas vuestras calles. Somos todos una

panda de canallas y de vagos, y del egoísmo se aprovecha el cabrón del cacique, que vive en Madrid y

tiene aquí su coto de caza.»

Un viejo, tocado de castoreño, con varias horas de trabajo sobre sus espaldas, se interesaba

por el parlamento cuando Pablo Castellano arreció: Y decís que ahora venimos los políticos, que ahora

nos acordamos de vosotros paró pediros el voto. Pues no, no queremos votos regalados. Votad lo que os

salga de los huevos. Votad a Alianza Popular si sois de derechas, pero luego no os quejéis del excaso

precio de vuestras aceitunas, de la falta de asfalto de vuestras calles ni de la incultura de vuestros hijos.»

 

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