Autor: Martín Bernal, Obdulio. 
 Elecciones 82. Faltan 14 días. Aspira a remover los votos de centro y de derecha. 
 Felipe González endurece el tono de la campaña en Galicia     
 
 ABC.    14/10/1982.  Página: 29. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Aspira a remover los votos de centro y de derecha

Felipe González endurece el tono de la campaña en Galicia

LA CORUÑA (Martín Bernal, enviado especial). Era de esperar. La necesidad de remover votos

de centro y derecha hacia su partido, en una comunidad donde el avance socialista ha sido

hasta ahora premioso o nulo, ha inducido a Felipe González a recrudecer ostensiblemente los

tonos de su peculiar campaña electoral. Al líder socialista se le ha endurecido la voz en estas

tierras galaicas. Una voz que, por otro lado, tiene ya bastante deteriorada después de trece

días de incesante hablar y viajar.

Y la lluvia gallega, inmiseri-corde, no es precisamente el remedio más eficaz contra la afonía,

pero el endurecimiento, no hay que decirlo, ha sido sobre todo semántico. Y los destinatarios,

como ya avanzaba en mi crónica de ayer, la coalición AP-PDP y el partido centrista. En los

cuatro mítines que ha celebrado en las provincias gallegas (Lugo, Orense, Vigo y La Coruña,

estos dos últimos ayer), Felipe González ha reforzado su genuina forma de discurso, abierto y

semiimprovisado, pero muy organizado en et fondo, no sólo a base de los latiguillos personales

que sabe más afortunados, sino también en los ritmos y contenidos, perfectamente ajustados a

cada tipo público y a cada caso. En una descripción muy simple, en sus intervenciones se han

superpuesto dos técnicas muy precisas: un tono satírico, cáustico, bronco, para criticar a los

partidos de derecha y a sus personajes, y una voz vibrante y persuasiva para hablar de su

oferta política, de la necesidad del cambio, de la perentoriedad de superar la crisis económica a

base de un pacto social.

En tos ataques a sus adversarios políticos, ios líderes de la coalición AP-PDP han estado en el

centro de la diana y, en casi todas sus intervenciones, Felipe González ha utilizado?en clave de

ficción, y sobre todo, de broma, con el ánimo evidente de hacer blanco en sus objetivos, la lista

de un «imposible Gobierno de Fraga», con dos versiones distintas: una, en la que sólo

menciona como ministro a Carro Martínez, «lo que nos daría otro Gobierno de Carrero Blanco»,

y la otra, en la que incluye a los antiguos miembros de UCD Otero Novas, José Luis Alva-rez...,

porque ése sería el cambio que haría Fraga.

«EN EL FILO DE LA NAVAJA»

Pero el presidente de AP ha tenido también un tratamiento diferenciado. Felipe González le ha

criticado, al hilo de la reciente sesión de la Diputación del Congreso que condene al golpismo y

diga que comprende a los terroristas. «Yo --dina Felipe— no comprendo ni a los terroristas ni a

los golpistas, y por eso condeno a unos y a otros.» Volviendo a su tono de ironía cruda e

incisiva, Felipe González se-ñalo que Manuel Fraga tiene una buena misión: «Intentar meter en

la Constitución todos los restos del franquismo, y así a lo mejor él se queda en el centro, y no

en el borde, donde parece que estaba el otro día.» Felipe insiste estos días en su opinión de

que Manuel Fraga está en el filo de la navaja y lo que querría realmente es reformar la

Constitución, «pero eso no vende, y no lo dice».

La UCD tampoco se ha librado de las andanadas felipistas. En Orense, a través de Pío

Cabanillas, y en Vigo, a través del ministro Sancho Rof, que era titular de Sanidad cuando se

produjo el «affaire» de la colza. El hilo conductor de las críticas ha sido siempre la acusación de

corruptelas en las altas esferas de la Administración Pública, «leiv motiv» que, como se puede

imaginar, no carece de resonancias en estas tierras.

LOS ÚLTIMOS MÍTINES

En los dos últimos mítines de la campaña gallega, celebrados ayer en Vigo y La Coruña, en

Vigo con el pabellón deportivo prácticamente lleno y en La Coruña a rebosar, con globos y el

ya casi ritual «¡Felipe, presidente, presidente!», el líder socialista, sin abandonar el modelo

critico ya expuesto, introdujo, sin embargo, ciertas variantes en su mensaje. En la ciudad

ponteve-

dresa, y al hilo del conflicto de la empresa ASCON, negó que e! PSOE sea intervencionista,

pero aseguró que no hay más remedio que ayudar a reftotar a los sectores en crisis y que el

PSOE, caso de llegar al Poder, apoyará a la empresas pequeñas, medianas o grandes que lo

necesiten, pero con criterios siempre serios y objetivos.

Esta misma idea la expondría en La Coruña, donde también anunció, refiriéndose a los pen-

sionistas, que un eventual Gobierno del PSOE una de las primeras cosas que haría seria una

ley que revatorizara automáticamente las pensiones de acuerdo con el coste de la vida, lo que

—dijo— evitaría manejos, y, haya o no haya eleciones, los pensionistas verán incrementa-

dos sus emolumentos regularmente.

En el aeropuerto de Santiago, y en la salida del hotel de Orense, pudo estrechar algunas

manos de los admiradores que le esperaban en la puerta, aunque pasó casi sobre ascuas.

En cambio, siempre está cordialísimo y abierto con la Prensa. Ayer, Felipe y su esposa

comieron con los miembros de su comitiva y con los informadores, y Felipe González, pese a

las recomendaciones de su módico, habló sin parar. Naturalmente, estos días se habla

incesantemente aquí del síndrome de ios debates televisivos. La idea que existe es que Felipe

González se mantiene dispuesto a enfrentarse a todos y cada uno de los líderes, pero que no

va a ser ét quien lo solicite por escrito a RTVE. Es más, Felipe, como la mayor parte de los

periodistas que le acompañan, considera este debate poco menos que imposible.

También se cuentan algunas anécdotas muy sabrosas, como la comida que Fraga habría man-

tenido en abril de 1976, antes de comenzar la transición, con el líder socialista. En aquella co-

mida, Fraga le habría propuesto algo así como un pacto Cáno-vas-Sagasta, con los comunistas

fuera, y en ese mismo almuerzo el presidente de Alianza Popular le habría dicho: «No se olvide

usted que yo soy ministro y-usted no es nadie.» Y Feiipe le habría contestado: «Dentro de

cuatro años usted necesitará más de mí que yo de usted.»

 

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