Autor: Urbano, Pilar. 
 Elecciones 82. 
 Fraga: La Rioja en dos zancadas     
 
 ABC.    14/10/1982.  Página: 32. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

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NACIONAL/ELECCIONES 82

JUEVES 14-10-82

Hilo directo

Fraga: La Rioja, en dos zancadas

LOGROÑO. Estrechar 2.000 nanos, mirando a todos, de pueblo en pueblo. Inaugura media docena de

pequeñas sedes de partido. Pronuncia 17 discursitos de balcón o de casino, con un megáfono pegado a los

labios. Nos lleva en caravana a 150 por hora, recorriendo en carretera, de Este a Oeste y de Sur a Norte,

toda La Rioja con sol, con lluvia, con niebla... Abre su paraguazo de golf, estridentemente rojo y amarillo,

y es como si acabase de llegar a Santo Domingo de la Calzada el mayor espectáculo del mundo. Los

niños se asombran y le siguen. Los hombres «jarreros» de Haro, tierra de vino, salen a la calle a verle. Le

miran de soslayo y caHan. «Aquí no somos eufóricos, pero cada quién sabe lo que piensa.» Las mujeres,

de Arnedo, de Alfaro, de Nájera... se arremolinan a su paso para «piropearle» entre sonrisas tímidas y

grititos coquetos. Fraga corresponde: aquí, un llavero; altó, un par de caramelos a un niño; en la otra

esquina, un sinfín de autógrafos sobre la gran frente despejada de su cabeza impresa en un folleto de

mano. Los chicos de la televisión francesa (RTF agotan celuloide, filmándolo todo, todo. Al pasar junto a

una cabina de teléfonos, Fraga mira el cartel de Landelino Lavilla, cruzado de brazos, dentadura

vampiresca, «Lavilla responde». Echa al aire una risotada: «Mire, ¡el respon-dón¡» En otro momento

aludirá a los «posters» de Felipe González: «... Es hora de soluciones, no de mirar al horizonte y menos

Sin decir claramente a qué horizonte se mira.»

Anoche, cuando viajábamos de San Sebastián a Logroño, en el potentísimo Volvo blindado, le pregunté:

«De verdad, de verdad, ¿por qué no se hizo la mayoría natural AP-UCED? No pensó dos veces la

respuesta: «¡Porque son "pequeños". Y en política, mi querida amiga, no se puede ser pequeño nunca!

¡Allá ellos! Colgando juntos el cartel «De acuerdo» en toda España, hubiéramos barrido...» El trayecto

era largo, Fraga iba cansado, hilvanamos una conversación entretenida y enjundiosa: desde la utopía

socialista y la de Santo Tomás Moro hasta que... «el momento actual, en el Ejército, es aclimático para

dar un golpe o algo que se parezca». Me contó de su hijo, el deportista aficionado a arreglar órganos; de

su vida errática de político sin tregua para «gastar horas con la familia, que es muy necesario»: «Quizá

por eso, porque ven de cerca el precio de ser político, a ninguno de mis hijos le tienta la política... Y es

que ya no tengo tiempo de cazar, ni de pescar, ni de darme un paseo con unos amigos...» Cuando en Haro

le regalen un equipo de pesca fluvial le comentaré: «Don Manuel, falta un accesorio en ese equipo: ¡un

paquete de horas libres¡» Y él, con la boca llena de pastel de hojaldre, me contestará: «En el Apocalipsis

hay una frase que para mí ya no es profecía: "... entonces, no habrá tiempo". En mí, ya se ha cumplido

eso.»

La gente fervorosa fraguista de esta tierra le aclama «presidente»; pero él, íntimamente, se ve en la

oposición. Me decía ayer mismo: «Hay que institucionalizar con seriedad el papel del jefe de la

oposición, como en Inglaterra..., para permitir una continuidad en las grandes tracerías en la política, en

los pactos internacionales, en las decisiones de trascendencia. Cuando se firmaron los Acuerdos de

Postdam, Churchill, que era entonces jefe del Gobieno, llamó al jefe de la oposición...»

Fraga aquí, y por primera vez, muestra moral de victoria y se declara posible vencedor. En una misma

jornada le oigo «después de ganar, cómo ganaremos las elecciones...», «el viento nos es favorable», «es

en los últimos días y en las últimas horas cuando vamos a ganar las elecciones».

Luce el sol mientras recorremos la baja Rioja. Después lloverá, al acercarnos a Álava. Aquí, AP y el PDP,

de Alzaga, tienen buenas expectativas electorales: han calculado que pueden ganar los tres puestos del

Senado, y dos, si no tres, de los cuatro escaños al Congreso. Todo se dirime en 4.000 ó 5.000 votos que

Felipe González y Manuel Fraga han de disputarle a «la UCD residual»:

Le veo confiado en el descalabro centrista: «Porque eso de "puedo prometer y prometo" produce ya

rechifla... La gente lo que de verdad tiene ahora delante es la estadística de paro, de terrorismo, de

empresas en crisis...»

Fraga es ingenuo y un rato largo impetuoso. Quizá por ello, repentizando una respuesta en rueda de

Prensa, descubre sus cartas para el debate con Felipe González: «Se van a ver juntos y a la vez los dos

programas del PSOE: el que hacen en sus Congresos y el que enseñan en sus mítines. ¡Que son bien

distintos! Yo me he estudiado a fondo los mamotretos del XXIX Congreso del PSOE, donde hablan de

diferentes modelos de sociedad y remiten al "programa máximo", que es el modelo de "San Carlos Marx",

el de Pablo Iglesias ampliado: lucha de clases, supresión de la propiedad privada, tendencia gradual a la

propiedad común de los medios de producción... O se definen como socialdemócratas y dejan todo eso sin

validez, o, si persisten en enseñar un programa y esconder otro, yo a eso he de llamarle por su nombre:

doblez.» Ya sabe, pues, Felipe, por dónde va a amagar Fraga.

A uno que empieza diciéndole: «Señor Fraga, si usted coge el Poder...», le corta en seco: «El Poder no se

coge. Se recibe de la confianza del pueblo.» Y a otro que le arroja una frase oída en algún mitin electoral

de la competencia: «Dicen que es usted un enemigo de la democracia...», le replica: «Quien dice eso,

desde luego, es enemigo mío. Y algo mejor, también es un cantamañanas. Hablemos de cosas serias, por

favor.»

No pierde ocasión de llamar «infantil» a Felipe González. ¿Será porque él mismo siente en sus espaldas el

peso de los años? Le interrrogo en directo sobre ese hándicap: «historia rancia» frente a «juventud aspi-

rante y esperanzadora.»

«Llevo treinta y nueve años en la vida política, sí, y no tengo frivolidades de juventud de qué

arrepentirme, ni un tramo de mi pasado que esconder. No me avergüenzo de nada. De mis cuarenta y

nueve libros publicados no he tenido que retirar ni uno solo de la circulación.»

Sí, Fraga es coherente. Quizá pétreamente coherente. Hay que reconocerle como hombre sin vaivenes

oportunistas, eso sí. Claro es que esa UCD cuyo destrozo denuesta y cuyos saldos de desgobierno

denuncia era en su propósito inicial una buena compañera para el «de acuerdo». «Sí. Yo me coloqué ayer,

con mucha honra, la pegatina de AP, UCD, PDP, PDL, en la solapa. Landelino, en cambio, no quiso

hacerlo. Yo sumo. ¿Y qué hay de malo en ello? No desecho la suma de restos, porque creo que es bueno

sumar contra el separatismo y sumar contra el terrorismo y sumar contra el descalabro económico... Para

todo eso yo soy capaz de sumar hasta las piedras.»

En esa misma línea de coherencia registro dos detalles al paso. Un brindis «... por la Virgen del Pilar,

Patraña de la Benemérita Guardia Civil», en la capital donostiarra y un par de saludos marciales, en plena

calle, yendo él al encuentro de una pareja de guardias civiles, en Alfaro.

En su programa, en el capítulo de «soluciones para la seguridad», leo: «Alianza Popular hará de la

defensa del prestigio y del buen nombre de las Fuerzas del Orden Público una cuestión de gobierno.» Ahí

está la clave.

Al llegar a Autol y fuera de programa se detiene la caravana en una fábrica conservera: El Pi

cuezo. El dueño es militante de AP. Una desafortunada información gubernamental sin previa

investigación sanitaria dio pábulo a la especie falsa de que los espárragos enlatados en esta industria

podían producir «botulismo». Se congelaron partidas de pedidos, se desprestigió; la marca en dos días, se

hundió en bancarrota la empresa... Cuando oficialmente llegó el desmentido de Sanidad, ya era tarde.

Fraga ahora quiere tomar de «esos formidables espárragos». Ataca duramente al PSOE, responsable local

de este entuerto, de esta grave negligencia: «¡Otra vez los socialistas!... Es de lamentar que

sistemáticamente organismos, administraciones locales y fuerzas políticas tengan la violantez de destruir

empresas, marcas y prestigios que suponen graves quiebras para toda una región, incluso para España y

su economía. ¡Es muy fácil destruir! ¡Eso lo hace cualquiera! Pero nosotros venimos a construir, a

afirmar, a reafirmar...»

Regresamos a Logroño, de donde partimos por la mañana. Fraga, en el coche, sigue firmando autógrafos

en folletos manuales, que repartirá después. Se llena los bolsillos de caramelos y de llaveros. Aún le

queda el trama fuerte de la jornada: un mitin ante 5.000 personas en el Polideportivo y la cena también

multitudinaria en Calahorra...

«En otras campañas, yo llevaba un paquetón de folios escritos para los discursos. Ahora, no. Ahora ya no

llevo ni guión, ni siquiera un pequeño apunte.» Se golpea la frente (dicen que ahí dentro «le cabe el

Estado»). «Lo tengo todo aquí, bien ordenado. Y espero al momento del mitin, del encuentro con el

público. Es la gente, reunida y expectante, la que le va diciendo a uno qué cosas hay que decir y de qué

modo hay que decirlas en cada lugar. No puedo entender a esos mitineadores que repiten el mismo

sermón en Cádiz y en Bilbao...»

Quiero preguntarle una quisicosa que me intriga en su programa, capítulo de «soluciones para la Defensa

Nacional», donde dice «revisión y actualización, en sus justos términos, de las normas que regulan el

derecho de expresión de los militares, y nueva regulación del ejercicio de actividades políticas por

militares profesionales». Comprendo que el enunciado tiene intríngulis, así que por delante, para endulzar

la cuestión, le ofrezco unos bombones que llevo en el bolso. Con suma cortesía me lo rechaza: «¡No, no

me ofrezca... porque a mi las elecciones me engordan!» Guardo tos bombones. Y guardo la pregunta. Ya

se la haré mañana, en algún resquicio, recorriendo las tierras de Navarra. Allí tiene Fraga una cita dura,

frente a PSOE, PNV y Herri Ba-

tasuna. Mañana será otro día.—Pilar URBANO.

 

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