Autor: Senillosa Cros, Antonio de. 
 Elecciones 82. 
 Nasarre     
 
 Diario 16.    15/10/1982.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Antonio de Senillosa

Nasarre

De Eugenio Nasarre dice José María Mohedano que le es poco simpático «porque siempre hay en él algo

de cura, incluso cuando se frota las manos constantemente». Ese hombre sin sentido del humor, de escasa

imaginación y nula espontaneidad, pero trabajador y constante, tiene una mirada lánguida que pudiera

parecer, por error, romántica. Pero no. No hay en él besos ni amores contrariados ni por asomo se le va a

ocurrir partir a Grecia para luchar por la civilización o alojarse una bala en la sien. Tampoco existen en su

casa o en su despacho cortinas a las que agarrarse en momentos de desesperación en un acceso de tos por

culpa de una tuberculosis causada por penas de amor. En Nasarre —ha escrito sagazmente Josep Martín

Gómez— todo es languidez curil.

Sin la comisión de control parlamentario, astutamente suprimida por el Gobierno, con un consejo de

administración atento sobre todo a los intereses del partido de cada uno de sus miembros, Nasarre puede

servir ahora a unos señores que, al contrario de Ignacio de Loyola o Francisco de Borja, sí se pueden

morir y lo van a hacer políticamente muy pronto. Nasarre sabe también que le quedan muy pocos días en

el cargo y quiere aprovecharlos para que sus poderosos amigos, agradecidos, le den una palmada en el

anca y alguna zanahoria de recompensa.

Ni en los tiempos oprobiosos de Arias Salgado o Robles Piquer un director general de RTVE había

llevado de manera tan ostentosa la librea de lacayo del Gobierno y había convertido en privada la

televisión pública.

 

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