Tejero, candidato     
 
 ABC.    15/10/1982.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Tejero, candidato

El hecho de que legalmente el teniente coronel Tejero, que entró en el Congreso con una pistola en la

mano para derribar el régimen constitucional, pueda ser candidato a las elecciones que han de celebrarse

este mes nos mueve espontáneamente a dos actitudes. Primero, al acatamiento de la sentencia y después a

la expresión de nuestro estupor cuando este ciudadano, Tejero, tiene ahora cauce abierto para utilizar el

sistema que quiso derribar a tiros. Es a un tiempo descorazonador y confortante que un agresor público de

la Ley pueda competir políticamente con hombres que no están condenados por la Justicia a treinta años

de reclusión. Descorazonador, porque el gesto de Tejero es, en el fondo, una burla. Confortante, porque

sobre la libertad, indivisible, se funda un sistema frágil y fortísimo a la vez, capaz de admitir hasta el

contraste del absurdo, firme en el fundamento de su legitimidad moral.

La Ley es de todos, está por encima de todos y no cabe ir contra ella bajo ningún pretexto. Pero el estupor

que sentimos como españoles, como europeos y ciudadanos lo reputamos nuestro y pensamos que

tenemos derecho a proclamarlo.

Decimos que acatamos la Ley. En este caso, la sentencia emanada de la Sala Tercera de la Audiencia

Territorial. Pero también acatamos y seguiremos acatando la ley de la voluntad popular, a cuya moral

profunda quiere entregarse ahora el teniente coronel Tejero con toda su biografía, sus palabras y sus

capacidades mentales y éticas. Gracias a la generosidad del sistema democrático el teniente coronel

Tejero se separa de la órbita militar para convertirse en un aspirante electoral. Su aspiración nace del

fondo más oscuro e irracional de nuestra historia reciente. Su separación de la vida castrense le hace

definitivamente ajeno a un mundo que basa su existencia en el honor, cuando la figura del nuevo

candidato, disparando en el Parlamento, es el símbolo de la indignidad.

Acaso la Ley, en su sabiduría, haya colocado al teniente coronel Tejero en el sitio en que mejor va ser

juzgado por la voluntad popular. Un juicio que será no de ciudadanos tocados por una ideología u otra,

sino de aquella honradez última que nunca falta a los españoles ni aun en los momentos de su famosa

pasión. Y estamos seguros de que así, respetando la ley de los jueces se cumplirá la ley dfi las urnas.

 

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