Autor: Dávila, Carlos. 
 Elecciones 82. 
 Duro enfrentamiento de Roca con los socialistas     
 
 ABC.    15/10/1982.  Página: 27. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Las elecciones modificarán la política interna catalana

Duro enfrentamiento de Roca con los socialistas

BARCELONA (Carlos Dávila, enviado especial). El único rostro catalán que aparece en los

carteles electorales que pueblan las calles de las cuatro provincias del Principado, es el de

Miguel Roca, sugestivamente situado bajo una foto del Parlamento de Madrid y acompañado

de una leyenda que dice: «¿Cambiar Cataluña desde Madrid? ¡No! Mejorar Madrid desde

Cataluña.» El eslogan no puede ser más pretencioso, aunque Miguel Roca, el hombre de

Covergencia en la capital del Estado, está cumpliendo una campaña muy lejana a los excesos

de otros líderes regionales y al verbalismo de que hacen gala los candidatos peor situados.

Roca, sabe de sobra que sus auténticos rivales en Cataluña son los socialistas y a ellos dedica

sus diatribas. Desde luego, por mucho convencionalismo que pueda volcarse en la

interpretación de contencioso electoral entre nacionalistas y socialistas, una cosa debe quedar

muy clara: después de estas elecciones, el actual esquema gubernamental en Cataluña,

saltará hecho añicos.

Los socialistas de Felipe González y Obiols (el protagonismo del «histórico» Reventos ha

disminuido hasta casi la desaparición) insisten en el cambio. «Peí canvi» pregona González

desde el cartel azulón que ocupa las farolas preferentes de toda España. El PSC-PSOE juega

al cambio con la intención, también, de modificar sustancialmente la actual estructura política

catalana. Roca, que continúa definiéndose como nacionalista y socialdemócrata, recuerda a los

socialistas que el cambio dogmático patrocinado por el presidente Mitterrand en Francia ha

llevado al desastre a este país en menos de un año. A pesar de ello, desde la misma Francia

se le dice a Roca que él es «el político español que más se parece a Mitterrand». Una

semejanza que Roca no acepta y que se entiende en Cataluña, como una argucia socialista

para minar la credibilidad pública del segundo líder de Convergencia Democrática. Roca y

Ernst Lluch son, quizá, los políticos con mayor atractivo popular en la compleja vida política

catalana. Los nacionalistas saben que no pueden gobernar en Madrid, pero no renuncian a

hacerlo y utilizan para ello un sabio recurso ya ensayado en otras ocasiones: la fórmula de la

tercera vía. Es decir, en la disyuntiva entre una coalición poselectoral de centro-derecha y otra

de centro-izquierda, los nacionalistas ofrecen un modelo que descansa, fundamentalmente,

sobre el escaso rechazo que despiertan en todas las fuerzas moderadas españolas.

Si la hipótesis de trabajo que utilizan los convergentes tuviera algún éxito después del día 28

de octubre —algo realmente difícil, por supuesto— el empeño empresarial por patrocinar un

Gobierno tripartito (AP-UCD-Convergencia) podría aún cumplirse, bien que con matizaciones

diversas. Los empresarios catalanes de Fomento han llenado las páginas de publicidad de los

periódicos regionales con una publicidad más agresiva que la insertada por las filiales de la

CEOE en el resto de España, una publicidad que no alcanza, en ningún caso, los niveles a los

que llegó la patronal andaluza en las elecciones de mayo y que, por cierto, según ahora se ha

sabido, . conocía y aprobó el Gobierno de Calvo Sotelo antes de que el primer anuncio —el del

gusano y la manzana— fuera insertado en la segunda fase de la campaña. Fomento del

Trabajo lanza mensajes ideológicos y denuncia el programa socialista porque no podrá cumplir,

en su opinión, los propios objetivos sociales que el PSOE se ha marcado en su programa.

No debe extrañar, sin embargo, esta mayor rotundidad de tos empresarios catalanes, porque lo

cierto es que la acritud electoral en una de las características que diferencia esa campaña de la

que está desarrollándose, generalmente, en el resto de España. Se llevan la palma los

comunistas del PSUC —hay otros que se presentan con el concurso de Pere Ardiaca, bajo las

siglas de Partido de los Comunistas Catalanes— que no resultan muy favorecidos en las

últimas encuestas. La grave crisis del PSUC ha afectado a su credibilidad y como además el

voto útil de la izquierda parece decidido a apoyar la opción socialista, resulta muy difícil que el

partido de Gregorio López Raimundo y Gutiérrez consiga esta vez los óptimos resultados del

79. En similar posición se encuentran tos centristas, a pesar de que Cañellas, voluntarista

siempre, asegure que UCD conseguirá pocos escaños menos que en las anteriores elecciones.

La realidad parece ser muy otra: los centristas, si acaso, lograrán sumar cuatro escaños en

toda Cataluña: uno en cada provincia. El otro centro, el de Suárez, que presenta en Barcelona

al antiguo diputado de Fraga, Senillosa, tampoco debe alimentar demasiadas esperanzas,

aunque alguno de tos fieles seguidores del ex presidente, como el ilerdense Sárraga,

desmontaron el partido al que pertenecían días después de la convocatoria de las elecciones, y

empezaron a recolectar, muy temprano, voluntades y apoyos para el CDS. El empeño, sin

embargo, ha resultado por ahora un fracaso.

Los nacionalistas de Convergencia se quedarán a un solo escaño del Grupo Parlamentario. Los

sondeos de última hora que se estudian y manejan interesadamente en Cataluña indican que

muy probablemente 14 convergentes presididos por Roca, Trías Fargas y Punset, se sentarán

en el Congreso de Madrid. Para asegurar un grupo propio, lo más seguro es que reciban con

los brazos abiertos al único representante que, según las encuestas, tendrán los más radicales

de Esquerra Republicana de Cataluña, cuyo papel ha bajado sustancialmente por los continuos

resbalones dialécticos del presidente del Parlamento catalán, Heribert Barrera. Para el Senado,

los dos partidos han presentado candidaturas conjuntas en toda Cataluña. El apoyo de

Esquerra parece ser el único con que contará Pujol después de las elecciones generales.

 

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