Autor: Solana Madariaga, Luis. 
   El referéndum del 28-O     
 
 Diario 16.    16/10/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LUIS SOLANA

Candidato del PSOE al Congreso por Segovia

El referéndum del 28-O

Hay una cita con las urnas el próximo día 28 de octubre. Algunos, como el autor del presente artículo, y

tal vez de un modo que parecerá a otros abusivo, le quieren dar a estas elecciones el valor de un

referéndum. Juzgue el lector.

Poco a poco se va apreciando entre los habitantes de las ciudades y de los pueblos, entre los trabajadores

y los empresarios, entre los españoles de los cuatro puntos cardinales que la votación del día 28 de

octubre está tomando todas las características de un referéndum. Puede uno olvidarse, si quiere, de

querellas, de siglas y de símbolos, porque al final lo que late en el aire es una única pregunta: «¿Quiere

usted avanzar por la senda de la democracia y el progreso?» La pregunta podría enunciarse más larga y

prolija: «¿Quiere usted proseguir la democratización de España; pactar entre todos para mejorar la

economía; suprimir estructuras que generan injusticias y modernizar el país?» La ciudadanía está

pensando cómo responder, y eso será la votación del día 28.

Blanco y negro

Un tanto herético puede resultar para algunos este esquema de blanco y negro alejado de los matices

lógicos que componen cada oferta electoral con nombres y apellidos, lo que obliga a alguna explicación.

Existen en la historia reciente de España unas personas que se propusieron hacer la transición de forma

medida y prudente. Lo hicieron. Pero que nunca pensaron cambiar las raíces torcidas que habían ido

ahondando en nuestro viejo solar. Podaron y recortaron algo, pero ni sacaron el tocón ni repusieron tallos.

Hoy se encuentran con que las gentes quieren plantas verdes, savia nueva y cambio profundo. Hicieron la

primera labor sobre nuestras tierras políticas («quedo agradecido»), pero no supieron o no quisieron

iniciar el proceso siguiente. «¿Reclama usted el centris-mo?» Pues, hombre, según: si es lo que yo

llamaría el centrofuturo y no el centropasado, puede ser. No digo ni centroizquierda ni centroderecha que

indica escoramientos en el mismo plano, sino que subrayo diferencias en el sentido de la marcha. Y

marchar es lo que necesita España.

Quiero advertir al lector atento a este planteamiento que el 28 de octubre se va a votar algo que tenemos

sobre el tapete de la historia hace medio siglo más o menos. Lo aclaro. Hace cincuenta años una parte

amplia de España intentó un cambio en ese sentido precisamente y, o no lo explicó bien, o no fue

comprendida, o no tenía los resortes de poder precisos y abortó trágicamente. Ahora va a someterse a

pacífica votación la recuperación del tiempo perdido. «Pero, ¿tan antiguo es lo que vamos a votar?» Pues,

sí señor, y a mucha honra.

Un gran personaje del socialismo español actual decía que el PSOE tiene que nuclear la revolución

burguesa. Escalofrío en la izquierda; sorpresa en la derecha. Pero tenía razón. Alguien tiene que cubrir a

marchas forzadas años y años de paréntesis histórico, incluso sacando del baúl de los abuelos los trajes

que ellos nunca se pusieron para bailar el rigodón con el progreso. No quería citar al PSOE, pero no

resulta fácil olvida a quien va a tener que representar un texto pirandeliano: ¿interpreta un papel teatral o

reconoce que lo que dice es realmente su voz sin letra ajena? No lo contesto ahora porque le aseguro a

usted que no estoy haciendo campaña electoral. Créame.

El cambio es esperanza

Por tanto me parecen muy bien (faltaría más) todos los matices de cambio moderado, acelerado,

contenido, atrevido, sensato o pasota que se puedan poner en papeletas electorales, pero nadie me quitaría

de la cabeza que sólo hay una opción que significa la posibilidad de responder con hechos al reto viejo y

al reto nuevo de España. Ya supondrá el lector a quién me refiero. Por cierto, ¡cómo me gustaría conocer

a esos extraordinarios expertos que diseñan los carteles electorales de mi partido! Me agradaría mucho

decirles lo acertado del mensaje y la perfección del grafismo. Pero también me agradaría poderles decir

que la otra noche salí con un bote de spray negro y en un cartel, de tapadillo y con miedo, taché «cambio»

y escribí «esperanza». Yo no sé si me vio algún sereno (creo que no, porque hacía frío en Segovia), pero

ahora lo confieso. La verdad es que la votación-referéndum del 28-0 no es sólo sobre el cambio, es

también sobre la esperanza.

 

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