Autor: Anaut, Alberto. 
 Elecciones´82. Entre curvas y baches, mítines y cenas apresuradas, sufrimos la campaña. 
 El rock del autobús     
 
 Diario 16.    16/10/1982.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Entre curvas, baches, mítines y cenas apresuradas, sufrimos la campaña

El rock del autobús

Los periodistas también tenemos nuestro corazoncito y lo vamos a perder. Cuando acaben los 17.000

kilómetros de su campaña electoral, Felipe González estará en la Moncloa y nosotros para el arrastre. Son

gajes del oficio.

Salamanca: Alberto ANAUT, enviado especial

Yo siempre he pensado que, mire usted por dónde, los lectores no nos lo agradecen. Por 35 pesetas no se

compra ni lo que pasa un periodista persiguiendo a un VIP para que le confirme una noticia, ni la tediosa

espera para escuchar al final (y ya por poco tiempo) a Ignacio Aguirre la referencia oficial al Consejo de

Ministros, ni mucho menos claro, el estómago de los chicos de sucesos que venderían su alma al diablo

con tal de encontrarse un muerto a tiempo que saque a flote una tarde de otoño. Lo que pasa es que nos va

la marcha.

El mito

Porque si no no se explican las venturas y desventuras que estamos viviendo los chicos de la prensa —

canallesca, según otras versiones —que nos ha tocado la suerte de ver sobre terreno cómo el candidato a

presidente de Gobierno, compañero Felipe González, llega milagrosamente sano y salvo a la Moncloa tras

recorrer sus 17.000 kilómetros largos predicando la buena nueva del cambio.

Y no es que se esté mal, que no se está, ni que yo me queje, que no lo hago porque éste es mi trabajo. Lo

que pasa es que da rabia cuando logro hablar con la redacción, oír eso de «¡cómo te lo estás pasando!», o

esa otra impertinencia de «¡qué bonito viajar tanto!», cuando uno acaba de pasar en un cuarto de hora

por Zamora, Salamanca, Lérida, Oviedo y Montoro, que es un pueblo muy tranquilo de la provincia de

Córdoba.

Nos las prometíamos muy felices con el invento del autobús del Mundial. Tal vez porque la aventura de

Andalucía, persiguiendo a Felipe perdiéndonos sistemáticamente en todas las ciudades, parecía

irrepetible. Claro que lo peor fue cuando el «partido» — aquí se llama «el partido» con una insistencia

machacona al PSOE— puso otro autobús, de esos que ya no pasan revisión, a disposición de la prensa. El

primer día (Madrid-Segovia-Valladolid-Madrid) la cosa acabó como el rosario de la aurora y sin llegar a

tiempo a oír a Felipe. Claro que, como decía el chófer, «no es que esto corra poco, es que eso corre

demasiado». Esto era nuestro autobús y eso, el de ellos.

Ganar el cielo

Hay que ver a Martín Prieto cómo se le vienen y se le van los sudores cada vez que trata de preparar una

crónica, mecido suavemente por una suspensión prodigiosa que te impide absolutamente moverte.

«Aprovecha para acabar la frase que viene una recta». José Luis se queda blanco de sólo pensarlo.

El espectáculo que damos es más bien triste. Empieza uno el día con las mejores intenciones, pero a la

media hora ya no hay nada que hacer. Porque aquí se duerme poco, se viaja mucho y al final se trabaja

casi nada. Los únicos que van bien son los de fas revistas y la prensa extranjera, que se lo toman con

calma y ya tendrán tiempo de contarlo. Para los demás esto es la guerra.

Anabella, de Radio Cadena, ha desarrollado un curioso instinto profesional de supervivencia, su

problema, como el de Diego Armario, es que tienen que mandar crónicas continuamente para los

informativos. De modo que la chica se baja en marcha del autobús, se mete en la primera casa o local

comercial que encuentra y dice: «Déjenme llamar, que si no me da un infarto.» Y la dejan. Vaya que si la

dejan. Manolo Barriopedro lleva la púrpura de haber hecho la foto de Tejero en el Congreso con mucha

naturalidad y se dedica a escaparse, en cuanto puede, del terrorífico autobús. Antxon Sarasqueta, que es

un sibarita, lo está pasando con bastante dignidad, mientras Bonifacio de la Cuadra, el chico de «El País»,

dormita o da carrete al delegado de Reuter en España, que es nuevo y se quiere enterar

de todo en diez minutos. Ricardo Martín se ha traído un maletón tremendo con equipo fotográfico y eso le

tiene comida la moral a todo el mundo menos a él; todavía no le he visto cargarlo ni una sola vez. Enrique

Cano, los días que estuvo, anduvo mucho más ligero.

Pasar, pasar

Nos aburrimos bastante. Las cosas como son. La verdad es que esto sería difícilmente soportable si no

fuera por Félix Vergara, un espécimen de Efe que tras una figura de frailón esconde un humor realmente

espectacular.

Por lo demás, se lo pueden imaginar. Comemos a 100, dormimos poco, oímos las noticias de vez en

cuando —¡cómo reconforta escuchar a Diego Armario diciendo «en estos momentos Felipe González

viaja entre Zamora y Salamanca...» y saber que nosotros vamos detrás! — , nunca encontramos nuestros

periódicos en los quioscos y andamos pidiendo favores para que nos den de cenar a las tantas.

Felipe, por su parte, bien. Los mítines —que lógicamente giran en torno a las mismas frases— aportan a

estas alturas, cuando ya llevamos 28, pocas novedades. Creo que dentro de una semana estaremos en

condiciones de hacer los coros.

 

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