Autor: Urbano, Pilar. 
 Elecciones 82. 
 Una campaña de insultos     
 
 ABC.    17/10/1982.  Página: 33. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Hilo directo

Una campaña de insultos

No sólo Quintillano, también Catón, esbozando la imagen del político, le exigía la hombría de bien

acuñada en el «vir bonus». Un cronista parlamentarlo de las Cortes republicanas españolas, cuando sus

señorías abandonaban la etiqueta de la dialéctica de las palabras para llegar al enfrentamiento de las

bofetadas físicas escribió una gráfica aleluya: «Del vir bonus de Catón, al discurso de morrón». Se crispó

entonces el Parlamento, Y se crispó el pueblo. Ahora, en plena campaña electoral, asistimos con inquietud

a un «calentamiento» no grato, de agresiones verbales, de navajeos, impropios de hombres públicos que

andan recaudando el voto para instrumentar la gobernación del país.

Sin elegancia y sin estilo ético estamos viendo brillar las navajas aceradas, hirientes, que además utilizan

el vehículo transmisor del Periodismo en un juego deplorable de andanadas orales. Sería comprensible la

estrategia, legitima, de denunciar y criticar los unos las ofertas programáticas de los otros; pero resulta

lamentable y desedificante que tanta agresividad, más que contra las ofertas rivales, se descargue contra

los oferentes adversarios.

¿Imaginan los candidatos que estas «calenturas» de campaña por endurecimiento en la agresión pueden

relanzar su imagen hacia el electorado? El pueblo espectador es muchísimo más cuerdo, y lo será a la

hora de administrar su único capital democrático: su «tesoro» del voto.

Estos últimos días... Arzallus increpa a Mú-gica: «Tenemos que hablar de la LOAPA y del general

Armada... porque ahí estuvieron los socialistas metidos hasta el cuezo.» Y Múgica replica: «¡Arzallus es

un chorizo!» Fraga llama «frivolo y oportunista» a Suárez. Y Suárez, en recurso al pasado, contesta: ¿No

me ha perdonado que yo fuese presidente del Gobierno.» El ministro de Hacienda, García Añoveros,

arremete contra Fraga: «Si gana, empezarán a prepararse las condiciones del golpe.» Inmediatamente,

Fraga: «Quien dice eso es un cretino... o habla de mala fe.» Carrillo afila su daga contra Felipe González:

«Felipe pasará, yo pasaré... pero los trabajadores comunistas y socialistas tendrán que entenderse...», todo

ello salpicado de arañazos y epítetos contra el líder socialista «que pretende aislarme y dejarme sin grupo

parlamentario». Felipe se harta y suelta: «Carrillo es un pequeño saco lleno de maldades... Está

traicionando al socialismo, como hace más de cuarenta años traicionó a su padre. Así que con su crítica

me honra, ¿está claro?»

Fraga parece el acerico de todos los alfilerazos. «Psiquiatra de golpistas» le llama Alfonso Guerra,

después de haber comentado con soma »el debate de los líderes con Felipe tendría que ser televisado...,

¡no hay qua privar a) pueblo del placer de ver la cara de Leopoldo!». Felipe, a su vez, se congratula de

que «Fraga intente meter en la Constitución a todos los "ultras" franquistas..., pero lo que hace falta es

que se meta él también, porque siempre está en el filo de la navaja diciendo que hay que reformar la

Constitución». Fraga responde con un displicente, pero dolido: «Felipe es infantil... y vive en el terreno de

la utopía, sin perspectiva histórica.»

Más moderado en sus dardos, Adolfo Suárez encajó en silencio las críticas públicas de otros candidatos a

sus «chapucerías y debilidades de Gobierno». Pero anteayer, en Zaragoza, abrió la espita del desahogo:

«Fraga tiene tantas cosas en la cabeza que no le cabe el sentido común.» Y, o me falla la memoria, o ese

insulto no es siquiera original de Suárez: Alfonso Guerra lo inventó ya hace algún tiempo. Le preguntan

al duque si le preocupa que Calvo-Sotelo entre en la campaña para reforzar a UCD: «A mí no... al que

tendría que preocuparle es a Landelino.» En simultáneo, Fraga ataca a UCD: «Está destrozada. Ya no es

un partido: son seis... Dos de sus presidentes (Suárez y Sahagún) se han marchado a otro partido... Ahora

han tenido que retirar a Calvo-Sotelo y sustituirlo por Lavilla...

Felipe González, en Orense, aludiendo a Pío Cabanillas, como «político incombustible» y «ministro

permanente», llega a decir: «No sé yo si, cuando gobernemos los socialistas, podremos librarnos de tener

a Pío Cabanillas en el Gobierno...» Blas Pinar tampoco queda a la zaga en el juego de las puyas. En

Madrid, y refiriéndose a Fraga, decía: «Cuando era embajador en Londres comía con Tierno Galván.

Luego le dio el pasaporte español a Carrillo. Así que... ¡no venga ahora diciendo que el socialismo es

malo!» Fraga califica a Herri Batasuna, en su conjunto, como «mala gente... mala tropa», y Arzallus iba

aún más allá: «HB es un hijo rebelde, un hijo torcido... el radicalismo nunca traerá soluciones.» Y de

Euskadiko Ezkerra: «cada vez es más Ezke-rra y menos Euskadi...». En réplica a las constantes invectivas

de Fraga sobre su «inmadurez política», Felipe González llegó a decir: «Si nosotros no estamos maduros,

ellos están podridos.»

Y rompo aquí el memorial de agravios mutuos, que oxida, entenebrece, crispa y empequeñece esta

contienda electoral. Landelino Lavilla, hasta hoy al menos, ha permanecido al margen de esa fangosa

dialéctica. También Fraga quiso «no caer en esa trampa de contestar a quienes me provocan y tratan de

violentarme»..., pero le pudo el temperamento y se arremangó para repartir leña caliente. —Pilar

URBANO.

 

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