Autor: Romero, José Luis. 
 Urge realizar el mapa escolar español. 
 España: un país de primeras letras     
 
 Madrid.    28/03/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

ESPAÑA:UN PAÍS DE PRIMERAS LETRAS

YA indicábamos en un artículo anterior (1) que el problema más grave de la educación en España lo

constituye la enseñanza primaria. Pero quizá lo que muchos lectores ignoren es que aproximadamente

sólo uno de cada diez españoles en la población activa ha sobrepasado el nivel de estudios primarios. Por

eso, cuando en España se habla de "educación", más allá de la primaria, hay que recordar que nos

referimos a un problema que afecta a una reducida minoría.

El hecho es importante, pues un país con nuestro nivel de desarrollo no puede permitirse el tener un

índice educativo tan bajo si quiere seguir por el difícil camino del progreso económico. El Libro Blanco

se plantea certeramente este problema y trata de resolverlo dando un significado y contenido distinto a la

enseñanza primaría, que deja de ser simplemente "primeras letras", para convertir se en una enseñanza

más sustantiva y más acorde con. los tiempos actuales.

Pero aun reconociendo todos que el problema es muy importante con vistas a su posible solución, había

que saber si se ha pensado realmente sobre la gravedad de la situación actual, si se han tenido en cuenta

los problemas de reconversión de mano de obra con que nos vamos a enfrentar en el futuro y que

afectarán a cientos de miles (si no a millones) de españoles, si se ha estudiado qué sectores y en qué

regiones se plantearán esos problemas de reconversión, si se ha realizado una estimación aproximada de

los costes que estos programas van a originar, etc.

Junto a todo esto quizá no estaría de más que se pensase en programas masivos de elevación cultural

general, dado que la calidad de estas "primeras letras", nivel del que no han pasado la mayoría de los

españoles, es bastante deficiente.

Escuelas graduadas y escuelas de maestro único

Reconociendo de antemano como muy importante el problema del déficit y coste de unidades escolares,

pues de su pronta solución depende la posibilidad de que todos los españoles cursen al menos los estudios

primarios, no es probablemente el que requiere una solución más urgente.

Lo verdaderamente primordial es decidir "qué tipo" de unidades escolares es necesario construir y sobre

todo "dónde" es necesario construirlas.

Por JOSÉ LUIS ROMERO

Hace sesenta años, Eduardo Vicenti, un diputado liberal, decía ya "Las escuelas que nosotros tenemos

son del tipo unitario, y eso ya no existe en ningún sitio; en todas partes lo que existe es la escuela

graduada. La escuela unitaria todos sabéis lo que es; es un salón donde hay varios niños con su maestro y

un programa.

El maestro, ante la imposibilidad de adaptar el programa a niños de diferente edad y aptitud, divide a los

niños en grupos, y esto origina una confusión, un canturreo que, en efecto, no tiene carácter pedagógico

de n i n g una clase».

Después viene el grupo escolar, que es como una reunión de escuelas unitarias es decir, muchas escuelas

en un mismo edificio. Esto no resuelve tampoco la cuestión desde el punto de vista pedagógico. Y viene,

por último, la escuela graduada, que es la moderna. ¿Y qué es la escuela graduada? Pues la escuela que

sin perder en unidad orgánica se divide en clases, y cada clase y en distinta sala se adapta a la actitud y a

la edad de los niños. ¿Qué pasa con esto? Que el programa se adapta a la actitud y a la edad del niño y

que los maestros van pasando de una clase a otra con los mismos niños y están con ellos desde el primer

grado hasta el último." (2).

Estas mismas palabras son todavía hoy increíblemente realistas y lúcidas. He aquí el problema. En el

curso 1964-65, todavía un 50 por 100 de las escuelas eran de tipo unitario. Es decir, la mitad de los niños

reciben la primera enseñanza en aulas indiscriminadas según la edad. Más aún; todavía una tercera parte

de las escuelas oficiales son de "maestro único", frente a sólo un 2 por 100 en Japón o un 6 por 100 en

Bélgica o Italia.

Pero además de esta decisión sobre él tipo de escuelas que hay que construirles necesario estudiar

detenidamente dónde deben construirse estas escuelas. Sospechamos que a pesar de faltar más de un

millón de niños sin escolarizar sobren bastantes miles de plazas en escuelas situadas en pequeños pueblos

semiabandónados. Es urgente

realizar el mapa escolar español. No debe darse el caso de que se construyan escuelas en pueblos que en

los próximos años no van a contar con los niños suficientes para constituir ni siquiera una unidad escolar

mista (30 niños de ambos sexos).

Déficit galopante de maestros

•Otro- grave problema, dentro de la enseñanza primaria, es el déficit de maestros. Para darnos cuenta de

la magnitud del fenómeno creo que bastarán unas cuantas cifras.

En el curso 1965-66 se graduaron 10.282 maestros. Esta cifra representa el 47 por 100 de los matriculados

tres años antes, lo cual indica una tasa de abandono bastante grave (aparte de los que terminada la carrera

no la ejercen). Si quisiéramos escólarizar el algO más de millón y medio Üe niños de cuatro a trece años

que actualmente no lo están, serían necesarios unos 66.000 maestros (a una media de 25 alumnos por

maestro).

Al ritmo actual de graduados se necesitarían unos seis años simplemente para conseguir enjugar el déficit

de maestros. Si tenemos en cuenta los retiros, jubilaciones, fa-

llecimientos e incremento demográfico, el número de maestros que serían necesarios dentro de seis años

sería lógicamente bastante mayor.

Si quisiéramos enjugar el déficit en sólo tres años y contando con que se mantuviese la proporción de

graduados respecto a los matriculados, sería necesario que este año se matriculasen unos 140.000

alumnos en primer curso de Magisterio. Esta cifra es bastante mayor que la matrícula actual de todos los

cursos de todas las Facultades y Escuelas Superiores y unas siete veces más que la de alumnos que

estaban matriculados en primer curso de Magisterio en el año 1967.

¿Pero cuánto costaría la enseñanza de esos 140.000 alumnos? Utilizando la cifra del coste por alumno de

Magisterio del mismo Libro Blanco (14.199 pesetas), nos da el resultado de unos 2.000 millones de

pesetas en un año. Nuestra pregunta vuelve a ser análoga a la del artículo anterior: ¿se podría arbitrar los

recursos necesarios para poner en práctica los ideales que se desprenden del Libro Blanco?

(1) Ver MADRID, 17 de marzo de 1969.

(2) Eduardo Vicenti y Reguera: Política Pedagógica (Madrid, Hijos de M. G. Hernández, 1916),

págs. 380-381. Discurso pronunciado en el Congreso el 21 de septiembre de 1907.

MADRID 28 DE MARZO DE 1969

 

< Volver