Autor: López- Bravo de Castro, Gregorio. 
   Estabilidad social y divorcio     
 
 ABC.    16/01/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

ABC

FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO L.UCA DE TENA

ESTABILIDAD SOCIAL Y DIVORCIO

ÜAÍ objetivo importante para la política española de los próximos años es el logro de un equilibrio social

dinámico y duradero, fundamentado en unas instituciones solidas que funcionen con el mínimo de

Jrlcciones. Entre tales instituciones la familia es el núcleo central, transmisor de vitalidad al resto de los

órganos sociales, y de ahí la necesidad insoslayable de proteger la institución familiar.

pelando a ´un lado cualquier obstinación habría que adoptar, con actitud sereña, una política familiar que,

fundamentada en el respeto de los derechos humanos y en la dignidad de la persona, asegure la. unidad y

estabilidad de dicha institución. Esta política podría abarcar los siguientes puntos:

Primero: asistencia económica que remueva los obstáculos en materia de vivienda, salarios, salud,

posibilidades reales de elección de la educación de los hijos... que se presentan a la hora de hacer

efectivos los fines principales del matrimonio; fines que constituyen, asimismo, derechos irrenunciables

de la persona qué el Estado debe respetar y ayudar a realizar.

Segundo: garantía de la libre readaptación de la mulera sus actividades profesionales extráfamiliares

transcurrido el tiempo que juzgue necesario de su dedicación al hogar durante la minoría de edad de los

Míos.

Por último: protección legislativa conveniente frente a todo aquello que pudiera lesionar más

directamente a la familia. De omitirse esta protección se destruiría la unidad familiar y se desembocaría

en una sociedad desintegrada, con escasos impulsos vitales propios.

Teniendo presentes estas ideas, ampliamente aceptadas, no de la de ser demagógica y dañina la conducta

de quienes, con el fin de atraerse votos, presentan programaste reformas económicas, basadas en legítimas

reivindicaciones de justicia social, mientras qué a la vez se declaran a favor de todo un mecanismo que

legalice el aborto, el divorcio y otras acciones que condenan a muerte a la familia. En concreto, bajo el

pretextó le una supuesta defensa del individuo, se postula, en ocasiones, la posición neutral del Estado en

el tema de la indisolubilidad del vinculo matrimonial, alegando que no le incumbe al Estado tutelar la

conciencia dé los ciudadanos. Sin embargo, aunque esto último sea verdad, dé ella no se deduce el

divorcio. Por supuesto, la conciencia del individuo no debe caer bajo la tutela estatal. Perú también es

cierto que la oposición al divorcio no tiene su fundamento en la confesionalidad del Estado, sino en otras

exigencias;-¿-entre ellas las sociales— que sí debe atender; esa atención no se opone a un régimen justo

de libertad religiosa y, por tanto, de libertad de las conciencias.

Los ciudadanos serian victimas de una actividad fraudulenta si el político omitiese, en cualquier programa

democrático, la referencia objetiva a los, efectos antisociales del divorcio, producidos en todos los países

que lo han admitido. La verdad estadística es que con él no se. han reducida los fracasos matrimoniales ni

los hijos Ilegítimos, ni se hamejorado, por tanto, la situación de éstos en las familias fracasadas.

Recientemente, el corresponsal en Moscú del ´Washington Post» describía el siguiente cuadrot «... el

número de hijos ilegítimos en algunas partes del país se ha cuadruplicada entre 1959 y 1970. En cualquier

caso, la tasa del divorcio ha mostrado un crecimiento considerable en todas las edades.... Hubo 270

divorcios por cada mil parejas en 1973, comparado con 32 en 1950; estas cifras incluyen áreas remotas de

Asia Central y el Cáucaso, donde el divorcio está mal considerado».

El efecto- multiplicador de fracasos matrimoniales del divorcio motivó la siguiente reflexión de Je.an

Fourastié, recogida por le Monde»: ´Todavía en 1966 yo podía legítimamente escribir en uno de mis libros

que el divorcio seguía siendo un problema social marginal y estabilizado: alrededor de un matrimonió

sobre veinticinco era disuetto por el divorcio y ese índice no aumentaba. Hoy el Instituto Nacional de

Estadística Demográfica reúne en el último número «fe su revista una serie de estadísticas referentes a un

buen número de países y .que marcan una extraordinaria llamarada de divorcio desde 1965. Por cada 100

matrimonio, loé divorcios son 19 en Holanda; 24 en Checoslovaquia; 30 en Inglaterra; 31 en la U. R.S. S.

E1 récord lo ostenta Suecia SI por cada 100 matrimonios; en 1960 eran 16.

El factor de desintegración de la sociedad, de conflicto permanente dé derechos que conlleva el divorcio,

ha sido resaltado en numerosos estudios dando como resultados una alta relación entré el aumento del

porcentaje de divorcios, la multiplicación de la delincuencia juvenil y el elevado consumo de drogas.

La experiencia de lo que en algunas legislaciones se presentó como_ remedio limitado a muy pocos

casos—como el llamado *piccolo dh/orzlo* italiano, de tan funestas desventajas para la mujer— ha

confirmado la ya célebre tests del sociólogo norteamericano Willíam Goode, de la Universidad dé

Columbia, dé que «el divorcio produce divorcio» debido a la facilidad con que se tiende a recurrir a

aquél, una vez Introducido en xun sistema jurídico. Experiencia que muestra, asimismo, el profesor Ligi,

de la Universidad de Padua; * Los países dlvorcistas se encuentran ante la si*

guíente alternativa: o volver al ´matrimonio indisoluble o desembocar en el divorcio automático sin ni

siquiera la audiencia Jel otro cónyuge,, Es decir, eliminar el divorcio ja. liquidar el. matrimonio.» En

términos similares se manifiesta la noval Commision on Marriage ín-gtesa: ´Habría seriamente que

reconsiderar si la sociedad en su conjunto no sería más feliz y estable aboliendo él divorcio y aceptando

las consecuencias que ello comportaría.»

Frente a tales experiencias no dejaría de ser paradójico que, ante un futuro abierto y prometedor en logros

sociales, en Esjiaña nos decidiéramos a dar este paso fatal y retrogrado.

Con el divorcio se desamparan los derechos de los hijos, a los que se íes obliga a pechar-con el fracaso de

sus padres, aunque a éstos se les permita buscar una nueva felicidad a costa de ellos. Por eso el divorció

prospera en una sociedad en la que se protege el egoísmo y la idea de que los hijos son algo secundario en

el matrimonio. Los hijos serían las victimas forzosas del Individualismo de sus padres, de su culpable

incapacidad para establecer una relación personal duradera. Inspirada en un esfuerzo constante de

diálogo. Con el divorcio se priva a los hijos de lo que más buscan en sus padres: un testimonio sobre el

valor y sentido de la vida, del servicio generoso a los demás; en definitiva, un testimonio de fidelidad, día

a día, en el que tenga sentido la superación de las dificultades que la existencia trae consigo.

No se trata de negar los riesgos que entraña el matrimonio, sino de mostrar que la solución a sus

dificultades no es el divorcio. La solución divorcista supone la protección jurídica de una libertad egoísta,

sin dimensión ni responsabilidad social, donde se reprimen los derechos de los más débiles y de la

mayoría de las parejas que quieren comprometerse -perpetuamente a sacar adelante un hogar. Además de

estas razones dé orden político-sociológico es patente que los divorcistas y los que defienden la indi-

solubilidad tiel vinculo matrimonial sostienen dos concepciones distintas del hombre. Por un lado, en el

fondo de, la posición dívorcista late un pesimismo radical acerca de la libertad Humana; no sé concibe al

hombre dueño de sus actos; la vida puede más que él; fa persona •no es Ubre y, al menos en lo que se re-

fiere a la vida familiar, no puede disponer de sí para un compromiso perpetuo. En definitiva, la persona,

en cuanto tal, no merece la fidelidad.

Por el contrario, el que defiende la indisolubilidad del matrimonio cree en la libertad de compromiso, así

como en la dignidad de la persona, y las respeta con Independencia´ de circuns tancias transitorias. Para él

la familia es la garantía de pervivencia en la sociedad de valores tales como la entrega generosa a los

demás en un servicio alegre que oo se detiene a ´medir* lo que, esencialmente, es incuantifícabte: el amor.

V& lores que, al mismo tiempo que elevan al individuo, refuerzan la sociedad integrada, viva y pluralista

que deseamos.

Gregorio LOPEZ-BRAVO

 

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