Divorcio, ¿sí o no?     
 
 Ya.    11/05/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 20. 

11-V-77

EDITORIAL

Divorcio, ¿si o no?

DlVORCIQ ´¿sí o no? En el agitado tiempo mora! y político que testos días vive España, esa respuesta

e*la-que van «buscar la mayoría de los lectores en el grave documento que acaba de publicar la Comisión

Episcopal .para la Doctrina de la Fe. De hecho, en los titulares de los periódicos los gruesos caracteres se

han repartido con chillona discrepancia entre: "la Iglesia cede o La iglesia se mantiene firme contra el

divorcio". Querríamos, dentro de esa simplificación, ser precisos y claros.

PLANO DE LA MORAL NATURAL

A NTES de toda consideración religiosa, y por la naturaleza misma del matrimonio del hombre, éste es—

dicen los obispos—indisoluble. Los valores que están en juego son esenciales para la humanidad y no

pueden dejarse, especialmente habiendo hijos, a la versatilidad del capricho o del cansancio. El

matrimonio es libré, pero una vez contraído va más allá de la voluntad de los contrayentes y, como

compromiso que asegura un bien social esencial, es de suyo definitivo.

Plano de la moral cristiana

EL Evangelio refuerza y aclara la indisolubilidad natural haciendo del matrimonio un sacramento que

simboliza el amor, sin , quiebra posible:, de Cristo á la Iglesia. El matrimonio, que ya no quedaba en la

moral natural al capricho de los esposos, queda una vez ratificado ante Dios sustraído incluso a la

regulación de las cosas espirituales por la Iglesia. Ni los esposos podían descasarse ni la Iglesia los podrá

descasar. Quedan dos aparentes excepciones: la separación .material de quienes no pueden convivir y la

declaración de que el que parecía matrimonio nunca lo fue. En esta postura, la Iglesia ni va a cambiar ni

puede cambiar: lo único que los avances científicos han podido aportar es un conocimiento más exacto de

las condiciones psicológicas o físicas en que el contrato fue nulo.

Plano del Estado

LA autoridad de la Iglesia sobre el matrimonio se justifica primordialmente por su condición de

sacramento. Pero de todo matrimonio, sea sacramental o no, surge cierto juego de deberes y derechos que

interesan y han de ser regulados y protegidos a lo largo de la vida por el Estado. El primer deber es el de

proteger la estabilidad misma de la familia, creando tos condiciones favorables para ella.

La presencia de. nuevas familias en la sociedad civil. justifica la obligación de un registro de

matrimonios. Nada impide que se siga la norma tradicional de reconocer civilmente, a los efectos de

registro y consiguientes, a los matrimonios contraídos religiosamente. Pero el Estado no es quién para

exigir que el matrimonio haya de ser necesariamente religioso.

No queremos decir que los católicos o los miembros de otra religión sean libres en conciencia para

contraer matrimonio religioso, o no, sino qué en aplicación del principio civil de la libertad religiosa el

Estado se limitará a exigir el registro en el campo de su competencia. Lo otro es problema, y gravé, de la

conciencia de los nuevos esposos. A partir del registro civil se seguirán todos los efectos civiles, haya

matrimonio religioso o no.

Perspectivas de divorcio

TAL vez se plantee la propuesta de legalización del divorció y la nueva admisión en e) registro civil del

matrimonio sucesivo de los divorciados. Por una parte, no debe confundirse entre ´´divorcio legalmente

admitido´´ y "divorcio moral o éticamente lícito". Además/ el divorcio es un mal social. La simple

posibilidad legal de divorciarse constituye un plano inclinado que incita hacia ese mal. Pero el Estado

puede encontrarse ante circunstancias que le empujen o no mantener o rajatabla- la indisolubilidad

matrimonial. No siempre y todo lo que na se considera moral tiene que ser reprimido por la ley del

Estado, si realidades sociales poderosas (cuya fuerza real de-b e r á prudentemente calcular) exigen su

legalización.

Antes de tomar una medida legalizadora del divorcio, en si de gravísimas consecuencias socioles, el

Estado deberá valorar el verdadero volumen de la voluntad divorcista aclarando lo que hay de exigencia

ciudadá» nana y lo que hay de campaña de minorías alborotadoras con intereses ajenos a toda

preocupación ética.

Los católicos ante el voto

LO más probable es que en el caso de una polémica política, propuesta de referéndum o hipótesis

semejante, la iglesia como tal no intervenga; no porque no se sepa-qué quiere y qué piensa, sino porque

no tiene fuerza ni derecho a intervenir más-allá de lo moral, en lo legal, que es campo de la competencia y

responsabilidad del Estado. Es una de las consecuencias de la situación de independencia de Estado e

iglesia. Pero cada ciudadano sí tendrá que actuar según las .exigencias de su fe, de las que no puede

prescindir en la vida pública. Y está actuación consciente y en una pieza de ciudadano católico tendrá que

distinguir entre dos temas unidos, pero diferentes. Primero, si cree que el matrimonio ei disoluble y que

los´ divorciados, pueden volver a casarse. En este punto, la lógica religiosa es inexorable: un católico—-le

dicen los obispos-— no admite la disolubilidad del matrimonio.

Segundo, si creyendo que el matrimonio valido es para siempre y sin sustitutivos, y que el divorció es un

mal social y moral, cree, tt pesar de todo, que el Estado puede tener razones para registrar los roturas de

matrimonio civil precedente y los nuevos contratos matrimoniales; todo ello para responder con respeto a

posturas religiosas diferentes de la suya y calculando los pros y contras de la reforma de la legislación

matrimonial pora la vida de la nación entera.

El voto "por la ley" no es necesariamente un voto "por el divorcio", sino por la tolerancia legal a la

concesión de los efectos civiles consiguientes a quien quiere acogerse a aquél.

Con los planteamientos de la Iglesia nada ha cambiado: en la conducta del católico para si propio hada

debe cambiar. Es el ciudadano quien, saliendo del fondo de su conciencia a la superficie de sus derechos

cívicos tendrá que decidir, si mirando «1 interés general y a los que no comparten su fe, cree prudente e

imprudente esta reformo.

 

< Volver