Autor: Martín, Isidoro. 
   Las Universidades Católicas y el pensamiento contemporáneo     
 
 ABC.    18/10/1960.  Página: 43. Páginas: 1. Párrafos: 21. 

ABC. MARTES 18 DE OC TUBRE DE 1960. EDICIÓN DE LA MAÑANA; PÁG. 43

LAS UNIVERSIDADES CATÓLICAS Y EL PENSAMIENTO CONTEMPORÁNEO

Las denominadas "Universidades católicas" constituyen una realidad contemporánea.

Sabido es que la inmensa mayoría de las Universidades surgieron en la Edad Media, por obra de la

Iglesia. Fueran los Papas quienes las fundaron o las reconocieron, con singulares privilegios.

Entonces no cabía hablar de Universidades católicas en un sentido diferenciador, porque- todas lo eran.

La acción secularizadora comenzada, con el protestantismo hizo que las Universidades engendradas por

la Iglesia o nacidas por iniciativa de emperadores, reyes o ciudades,en un ambiente de unidad espiritual e

ideológica, fuesen perdiendo sus esencias. ´Así, al comenzar el. siglo XIX se convirtieron—por lo menos

en la Europa continental—en instituciones estatales, dé inspiración ajena al pensamiento católico. El

racionalismo y el positivismo se fueron enseñoreando del campa científico y del mundo universitario. Los

"sabios" proclamaron la incompatibilidad entre la razón y la fe, entre la ciencia y la revelación; de manera

que el pensamiento católico quedó relegado, sin influjo suficientemente eficaz, aunque nunca dejaron de

brillar en los campos del saber hombres de arraigadas creencias y de solidísimas virtudes cristianas.

Sin embargo, desde entonces—como recordaba el gran Pío XII a los universitarios católicos italianos, en

1941—: " Cuántos campos de estudio y círculos científicos encontráis que se han desarrollado y crecido

alejadas de todo contacto con el pensamiento católico, sin hacer aprecio alguno del gran hecho de la

revelación divina, moviéndose en utt ambiente, si no siempre antirreligioso, si, por lo menos, al margen

de la religión! De donde proviene una funesta descristianización del espíritu en muchos de aquellos

"maiores", llamados a ser guías de sus hermanos, a iluminar a los demás, a pensar, por ellos, a dirigirlos

en la vida, librándoles, de los frutos amargos que ahora estamos probando.

Por. eso, a mediados del siglo pasado, la Iglesia reanuda su, vieja tradición universitaria, bien, restaurando

antiguas Universidades, como, las de Lovaina o Toulouse, o bien creándolas de nuevo, como en Angers,

Lila, Lyon, Milán,_ Ninega o Lublin, por citar: tan sólo Universidades europeas.

Es, entonces citando se habla de "Universidades católicas", para distinguir entre las Universidades

fundadas e inspiradas directamente por la Iglesia y las ajenas a ella, de ordinaria instituciones estatales y,

con frecuencia, agriamente anticatólicas.

Recogiendo la realidad, de los primeros años de nuestro siglo, el Código de Derecho Canónico dispone

(canon 1.379) que "si las Universidades públicas de estudios carecen de doctrina y de sentido católicos, es

de desear que se funde en la nación, o en la región una Universidad católica". La iniciativa y

responsabilidad corresponden, "sobre todo", a los obispos, pero "los fieles no omitirán, según sus

posibilidades, contribuir con su ayudaba a la fundación y sostenimiento de las escuelas católicas", De

todas formas, la institución dé estas ´Universidades q Facultades está reservada a la Santa Sedé.

Frente a la extensa necesidad sentida, la tarea ha sido, lenta y trabajosa, pero tenaz e ininterrumpida. Cada

día ,surge una nueva. Universidad católica, y hoy existen por él mundo una extensa, red de instituciones

católicas que trabajan intensamente en el cultivo de la ciencia y en la educación de la juventud, fieles a las

consignas emanadas de la Sede Apostólica.

Como afirmaba Pío XII en el discurso antes aludido, "la Iglesia, jamás enemiga de la ciencia y de las

artes, ama y se preocupa de tener centros propios de alta cultura, donde ejercer libre y plenamente su obra

mas no por esto renuncia a que la verdad, cuyo depósito custodia, quede ausente y ,sin influjo en los otros

centros, cuya ordenación prescinde, más o menos, de la vigilancia católica".

Y así, durante el pontificado de León XIII, al amparo de la ley francesa de 12 de julio de 1875, >lne abrió

una cierta brecha en el estatismo docente, surgieron, las Universidades de Angers, Lille, París y Toulouse,

que luchan bravamente por mantener la cultura católica frente a la acción fortisima del laicismo, docente

oficial.

No es fácil ponderar todo lo que en el renacimiento católico de los intelectuales, franceses y su:

proyección en la vida social y política quepa atribuir, a las cuatro Universidades .citadas, pero no será

aventurado afirmar que, sin ellas, el influjo del laicismo universitario estatal, ,hoy, tan extenso, hubiera

sido enteramente arrollador.

Y lo mismo puede decirse respecto a Bélgica, donde la Universidad católica de Lovaina, resurgida en

1835, ha sido el antídoto constante del espíritu laicista y peyorativamente liberal de la, Universidad, de

Bruselas.

En. Italia, la Universidad; del Sagrado Corazón, dé Milán, la,´ obra admirable de aquel gran converso y

luchador que fue el inolvidable padre Agustín Gemelli ha logrado contrarréstar en gran parte el

sectarismo alimentado en las Universidades estatales. Es evidente que el influjo actual del catolicismo

italiano en el campó social, político, e intelectual se debe, en gran parte, a la obra desarrollada, por la

Universidad milanesa en sus cuarenta años dg vida.

Y digo análogo cabe decir respecto a Holanda, gracias á la Universidad de Nimega, fundada en 1923; y

con relación a Polonia, merced a la Universidad católica de Lublin, erigida en 1930, baluarte duramente

atacado, pero no´ ´rendido por el comunismo invasor.

El florecimiento católico norteamericano y canadiense^ debe, sin duda, mucho a las ´Universidades

católicas—alguna de ellas prestigiosísima—de aquellos países, lo mis.mo que el pensamiento católico

filipino ha encontrado siempre una sólida, salvaguardia en la Universidad de Santo Tomás, de Manila,

donde la aportación de los dominicos españoles fue hasta estos últimos años decisiva.

Lo mismo se puede afirmar de las Universidades católicas de la América, hispana, como de las pocas de

Asia y África. - Cierto que estas Universidades de la Iglesia, esparcidas´ por, todo el mundo, representan

una minoría fr´ente a todas las demás Universidades, muchas de las cuales tienen una inspiración

anticatólica o, por lo, menos, ideológicamente desorientadora. Díganlo si no esas legiones de muchachos

iberoamericanos, africanos o asiáticos formados, en las Universidades laicas, que acaso solo han tomado

de la llamada "cultura occidental" lá negación de los valores cristianos.

Los Papas—recuérdese especialmente la obra de León XIII, Pío XI y Pío XII—no han cesado de

estimular, y alabar la actuación de las Universidades católicas, fidelísimas siempre a las orientaciones de

la Santa Sede.

. Señalando la, eficacia de las Universidad .des católicas, para la transformación ´´Social que el

mundonecesita, Pío XII advertía en octubre de 1957 al II Congreso mundial para el apostolado seglar:

"Con excepción de Filipinas, los católicos de Asia, como en su mayor parte los de África, constituyen en

su población unas minorías. Deben distinguirse, por lo tanto, mucho más por su ejemplo. Donde, en

efecto, lo hacen, se han ganado la estima de los no católicos, pero no habrán de participar en la vida

pública más que después de haberse preparado bien. Por ¿>? tanto, las Universidades católicas de

América, y de Europa prestarán de buen grado su ayuda a los cristianos de Asia y África me deseen

prepararse para los cargos públicos."

. Si los dirigentes de los países que ahora, especialmente en África, están surgiendo a la vida

independiente se hubiesen podido formar en las Universidades católicas, como pedía Pío XII, es seguro

que no hubiéramos presenciado espectáculos tan bochornosos como los recientísimos del Congo. Con

Universidades sinceramente inspiradas en él pensamiento dé la Iglesia, el mundo, lograría la estabilidad

política y social de que hoy carece, y resultaría inconcebible la negación, de las más sagradas libertades

que hoy sufren los pueblos aherrojados por el comunismo.—Isidoro MARTIN.

 

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