Autor: Alcalá, Manolo. 
 Encuesta. 
 No a la reaparición del S.E.U.     
 
 Informaciones.    24/10/1972.  Página: 12-13. Páginas: 2. Párrafos: 32. 

ENCUESTA

No a la reaparición del S.E.U.

Encuesta realizada por Manolo ALCALÁ

"EN 1965 desaparecía el Sindicato Español Universitario. Sus aspectos asistenciales pasaron a ser

cubiertos por una Comisaria para el S. E. U., mientras que la representatividad estudiantil —nunca

resuelta— se intentaba encauzar a través de las Asociaciones Profesionales de Estudiantes que pilotó

durante algo más de un curso el malogrado Ortega Escós. Las A. P. E. fracasaron estrepitosamente. La

representatividad prevista en los estatutos de las distintas Universidades no fue aceptada por los alumnos

y se formó un incómodo vacío entre los alumnos y las autoridades académicas. Así, desde el

derrumbamiento de las A. P. E. diversas voces se alzaron periódicamente para pedir la resurrección del S.

E. U., achacando a su extinción los males de la Universidad. Ahora, en él albor del nuevo curso, parece

que esas voces quieren materializarse en el hecho concreto de la reconsideración del Sindicato Español

Universitario. Quizá nadie mejor que los últimos ex jefes nacionales de este Sindicato para opinar sobre la

utilidad o futilidad del intento. «¿QUE PIENSA USTED SOBRE LA POSIBLE REAPARICIÓN DEL S.

E. U.?» es la pregunta que hemos formulado a los seis últimos jefes nacionales. Todos ellos sé pronuncian

negativamente: el espíritu del S. E. U. pertenece a una época, y los acontecimientos posteriores hacen

irreversible su reaparición.

JORGE JORDANA DE POZAS

nació en Godella (Valencia) en julio de 1923. Licenciado en Derecho y periodista. Dirigió la Academia

del Frente de Juventudes y fue jefe nacional del S. E. U. entre 1951 y 1955. Posteriormente ocupó la

Delegación Nacional de Asociaciones y la presidencia del Sindicato del Espectáculo. Ha sido procurador

en Cortes.

___«Solo sería posible en virtud de una petición masiva de los estudiantes»

—A mi juicio, 3a supresión del S. E, U. no fue un acto inmeditado, sino que formó parte de la

progresiva liquidación de lo que después se vino en llamar el Movimiento-organización. Para lograr la

supresión de aquél, se vino negando insistentemente al S. E. U. sus propias propuestas de reforma, en el

sentido de una mayor representatividad y democracia de sus puestos directivos. No fueron los mandos del

S. E. U. los responsables de que tal pretensión no se alcanzara, sino quienes negaron tan necesaria

evolución.

En ese contexto, claro está que no me parece posible la resurrección del S. E. U., como no fuera en virtud

de una arrolladora petición por los propios estudiantes. El S. E. U. cubrió una etapa en la Universidad,

que era entonces mucho más comunitaria que añora, y fue escuela de dirigentes del Estado y de la

sociedad. Quienes, negándose a su necesaria actualización, decretaron su desaparición de un plumazo y se

mostraron incapaces de llenar la laguna que dejaba, incurrieron, a mi juicio, en una grave responsabilidad

política. Pero el S. E. U., que fue una institución importante en la vida española de los años 1940 y 1950

no debe resucitar por simples conveniencias de orden público universitario.

Lo que me parece urgente, sin embargo, es que el vacío que en la vida universitaria dejó el S. E. U., se

llene con una organización estudiantil que permita lo que el S. E. U. cumplió en su época: la posibilidad

de restablecer el diálogo entre docentes y discentes, que es condición de la comunidad de maestros y

discípulos que la Universidad debe ser; la posibilidad de un gobierno de los estudiantes por los propios

estudiantes, con arreglo al principio de representatividad democrática; la presencia de los representantes

estudiantiles en los órganos de decisión académica; la posibilidad de que esa organización estudiantil

asuma actividades e iniciativas artísticas, culturales, sociales y deportivas, que desde que el S. E. U. fue

suprimido han quedado en mitad del arroyo., etc.

Los estudiantes —quizá más aun que otros sectores sociales— necesitan un cauce de participación y un

campo propio de actividades.- Eso necesita una sola organización, similar, quizá, a las Uniones

Nacionales de Estudiantes que existen en todo el mundo occidental.

JOSÉ MARÍA DEL MORAL

nació en Pamplona en septiembre de 1917. Doctor en Filosofía y Letras y licenciado en Derecho y

Ciencias Políticas. Profesor de Universidad y mando de Juventudes, fue jefe nacional del S. E. U. de 1947

a 1951. Posteriormente ocupó los Gobiernos Civiles de Ciudad Real y Guipúzcoa. Ha sido delegado

nacional de Prensa, Propaganda y Radio del Movimiento y consejero nacional y procurador en Cortes en

diversas legislaturas. Actualmente es rector de la Universidad Laboral de Alcalá de Henares.

«Sería un error»

—Intentar a estas alturas «resucitar» el S.E. U. supondría —y lo digo con todos mis respetos para quienes

lo preconizan, y no sin un muy comprensible deje de nostalgia— un error. De mcdo >iue d« intentarlo,

sólo se lograría crear un pequeño núcleo, lleno, eso sí, de entusiasmo y decisión, pero sin remedio parcial

y excluyente, lo que no serviría de mucho para la solución del grave problema de representación y

participación que tiene la Universidad a nivel estudiantil.

La historia del S. E. U. de 1934 a 1965 tiene un balance tan positivo, unos logros tan manifiestos, unos

ejemplos tan válidos, que son muy pocos los que se niegan a reconocerlo, y que estoy convencido que

serán muchos menos cada día que pase. Por eso creo que el propio S. E. U-, ya historia y potencial

paradigma, sería el primero en no ganar nada con esa posible «resurrección» a que se alude en la

pregunta.

J

.ESUS APARICIO BERNAL

nació en Madrid en 1928. Abogado. Fue jefe nacional del S. E. U. desde 1957 a 1961. Presidente del

Sindicato Nacional del Papel, Prensa y Artes Gráficas. En 1964 fue nombrado director general de

Radiodifusión y Televisión, cargo que ocupó hasta el año 1969. Actualmente es consejero nacional y

procurador en Cortes por Alicante.

«Ya es tarde; la ocasión ha pasado»

— La resurrección del S. E. U. es para mi imposible, sobre todo dentro del orden de ideas en el que

parece que querría intentarse.

La supresión del Sindicato Español Universitario fue una decisión adoptada con el ánimo de eludir un

problema inmediato que no provenía precisamente del propio S. E. U. ,. y es una muestra de la

característica actitud de un sector político español temeroso de la existencia de cualquier cauce de

participación cuyo perenne conformismo no

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