Autor: Contreras, Lorenzo. 
 Elecciones gnerales. 
 A vueltas con el pasado     
 
 ABC.    30/05/1986.  Página: 26. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

VIERNES 30-5-86

Cuaderno de notas:

A VUELTAS CON EL PASADO

Lo que más asombra del primer debate televisivo entre dirigentes de partidos adversarios-caso de

Maravall y Verstryn-ge- es precisamente que se hayan recordado sus pasados respectivos en vez da

dedicar la atención a un examen de las circunstancias presentes y de tos proyectos de futuro. La

descalificación mayor hay que. dirigirla a José María Maravall, que inició ef procedimiento con una

referencia a fos tiempos en que el secretario general de Alianza Popular levantaba el brazo.

Pero, hombre, ¿no habíamos quedado en que España conoció a partir de 1977 una reforma en fugar de

una ruptura y, por consiguiente, tenía que ser automáticamente invalidada cualquier referencia al puesto

que más dé uno tuvo allí? Es muy cómodo para el Gobierno protocolizar y enaltecer en tiempo normal las

actitudes de la oposición conservadora y cortar bruscamente con esos modos cada vez que se entra en

periodos electorales. Eso es juego sucio. Como es juego sucio que Guerra acuse a estas alturas al señor

Suárez de reaccionario reciente con contraste con sus actuales posiciones ideológicamente avanzadas.

Cuando el PSOE decidió contaminarse mezclándose con el franquismo que te esperaba para la hora del

pacto, estaba sentando las bases de un imprescindible silencio. Era aquello el borrón y cuenta nueva. Es

decir, una especie de compromiso histórico que por decoro no podía admitir excepciones coyunturales.

También se podía recordar que el PSOE se llenó repentinamente, cuando Franco declinó, de antiguos

levantadores de brazo que, sin el menor escrúpulo, apreciaron la escasa diferencia que existe entre tener la

mano abierta o el puño cerrado. En cualquier caso; de levantamientos de brazo tanto sabían ios unos

como ios otros. El señor Maravall, después de haber acusado a Verstrynge de poseer un historial

falangista, no tenía derecho a enfadarse si le recordaban que su pasado londinense fue turbio en la medida

en que estaba en buenas armonías con e) régimen de Madrid. En tan buenas armonías que, según el

secretario general de AP, estuvo a punto de hacer las malestas para incorporarse, durante el mandato fi"

nal del almirante Carrero, a la Administración franquista. Uno de los espectáculos más penosos de la vida

política y partamentaria española es esa impresión que Fraga da de vez en cuando en el sentido de que se

inhibe porque teme recuerdos de su pasado. Oigan, ustedes, que ios franquistas, ai aceptar la democracia,

se sumergieron en un Jordán purificador, y paralelamente no está tan claro que los socialistas, al aceptar

la reforma pactada de la mano de los franquistas, se purificaran en ningún sentido de la palabra. Más bien

se contaminaron y abrieron sus puertas a mayores contaminaciones con tanto olvido del color azul.

Sólo desde el cinismo, como clima obligado de las tristes campañas electorales españolas, se pueden

adoptar actitudes tan vergonzosas como el vituperio por temporadas. Porque ello significa que la reforma

pactada fue un acto de oportunismo contra conciencia, basado a medias en el relajo ideológico y en la

desconfianza de las fuerzas propias para imponer la ruptura. Si la Constitución resultó ser «la de todos» y

la Monarquía también «la de todos», hagan ustedes, señores felipistas, tan franquistas muchos de ustedes

en otro tiempo, el favor de romper ciertas fichas y sellar sus labios para siempre. No sean tan

desvergonzados. Que está feo.

Lorenzo CONTRERAS

 

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