Autor: Aradillas, Antonio. 
   Dinero entorno al altar     
 
 Pueblo.    25/02/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

DINERO EN TORNO AL ALTAR

Recientemente se nos comparó la anunciada desaparición de las tasas judiciales en las causas

de separación y de nulidad matrimoniales con la anterior desaparición de los aranceles en la

administración de determinados sacramentos y su compensación, por limosnas.

Aunque, honradamente, la comparación no resultara ser aquí correcta, dado que en las

primeras se trata de litigantes con intereses encontrados,y en las segundas se trata de fieles

receptores de los sacramentos, ocurre ademas que la proclamada gratuidad de los aranceles no lo es tanto,

siendo múltiples las fórmulas con que fue sustituida.

LOS ejemplos —des-. ejemplos, casi siempre— son múltiples y yo me voy a limitar, en esta ocasión, a

ofrecer un caao concreto, aunque, por demás, significativo.

Se trata de una importante parroquia madrileña, cuyas autoridades eclesiásticas atientan asi a, quienes

gestionan la celebración de una boda en ella: la parroquia no cobra nada por la ceremonia. Nos limitamos

a entregarles un sobre-ofrenda en el- que podrán, si asi lo desea, aportarnos su limosna. Esta es, a veces,

de] 10.000 pesetas. Otras —las más—, es de 15 ó 20.000, y algunas veces también alcanza las 50.000,

aunque esta cantidad no es normal.

El de las fofos es capítulo aparte y, al estar administrado directamente por el personal subalterno de la

parroquia —«fábrica»— las gestiones pierden cualquier capacidad diplomática y los novios han da

aceptar, sin consideración alguna, los fotógrafos y sus trabajos «parroquiales», si quieren .disponer de

recuerdos gráficos de la ceremonia sagrada, sin posibilidad de que otros profesionales amigos

intervengan, aurf de manera totalmente gratuita. En una boda celebrada recientemente, relacionada la

pareja con el periodismo, los subalternos parroquiales llegaron hasta a expulsar del «templo de Dios» a

los fotógrafos amigos, ante el temor de que dispararan sus máquinas, cuyas fotos habrían de regalar

después a sus compañeros recién casados.

Enfadados la pareja y los familiares de la boda de nuestra referencia se limitaron a gastarse sólo 9.000

pesetas en las lotos «parroquiales», siendo frecuente que a otras parejas, aunque no estén bien dotadas

económicamente, les insten a gastarse 20 ó 25.000 pesetas, en una colección de fotos que, además —

aunque, estén presentadas en el correspondiente álbum publicitario—, no suelen ser modelos de

imaginación artística.

En cualquier momento dado de la ceremonia y en la euforia propia del acto, algún subalterno parroquial

le indicará, como en el caso de nuestra referencia, al padrino de turno que le dé a él personalmente una

limosna... Cinco, mil pese tas fue exactamente la cantidad sugerida por eí avispado y sagaz subalterno,

cantidad que el padrino rebajó por su cuenta á tres mil, por parecerle, a todas luces, excesiva.

Sobre el papel oficial de los boletines diocesanos y archidiocesanos han desaparecido ya algunos

aranceles, pero en la realidad el dinero sigue y seguirá sonando,. clamorosamente a veces, en derredor del

altar, con una rentabilidad financiera que, en ocasiones, neutraliza la rentabilidad ascético-litúrgica, por

sonar demasiado fuertemente o por no hacerlo con prudencia y .pobreza cristianas, ni con el sentido de la

proporción requerida en toda ofrenda que se precie de ser religiosa, por encima de cualquier

consideración y medida.

Este dinero contribuye no sólo a provocar escisiones en el pueblo de Dios —en el que los pobres no

séVán trata dos con la misma generosidad con que son tratados los ricos—, sino que, además, favorecerá

la oficialidad y la ceremonia del matrimonio, r q b á n dolé sacramentalidad y añadiéndole formas y

contenido social... Actualizada como noticia la percepción y la subida del sueldo de los curas, y hecho

acontecimiento noticiable el robo de las joyas de la-Virgen, el examen de las riquezas de la Iglesia y su

administración será siempre una buena medida de prudencia criirtiana y, por supuesto, litúrgica.

 

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