Previsiones ante el 22 de junio. 
 El sistema electoral español hace que resulte casi siempre inútil el voto a los pequeños partidos  :   
 Todo sistema electoral incluye un fenómeno de desviación de votos que refuerza a los partidos grandes. 
 ABC.    01/06/1986.  Página: 70-71. Páginas: 2. Párrafos: 17. 

70/ABC

PREVISIONES ANTE EL 22 PE JUNIO

DOMINGO 1-6-86

El sistema electoral español hace que resulte casi siempre inútil el voto a los pequeños partidos

Todo sistema electoral incluye un fenómeno de desviación de votos que refuerza a los partidos grandes

En España existe una formación dominante en el centro-derecha, la Coalición Popular. Pero la estructura

del electorado español, con dos grandes partidos nacionalistas en Cataluña y País Vasco y un fenómeno

adicional de reajuste del centrismo (desaparición de UCD, aparición de PRO y CDS), hacen que el voto

moderado, contrario al socialismo y al comunismo, experimente dificultades para vencer al partido

hegemónico de la izquierda, un PSOE que todavía hoy, después de casi cuatro años de controvertida

acción de Gobierno, se presenta a los electores como un partido disciplinado, fuertemente unido, para el

cual todo proyecto político pasa después de la gran prioridad: mantenerse a todo trance en el poder.

En estas páginas se desarrolla una hipótesis de trabajo que voluntariamente parte de los resultados

electorales del 28 de octubre de 1982. Esos resultados fueron, probablemente, los más adversos para el

centro y la derecha españoles y los óptimos, pensamos, para el partido noy en el poder.

A partir de los datos de la última elección general hemos creído útil calcular tos escaños que hubieran

obtenido el centro y la derecha si hubieran recibido en una lista única todos los votos que obtuvieron por

separado.

Es cierto que en la práctica todo sistema electoral incluye un fenómeno de desviación de la realidad

aritmética expresada en las urnas: desviación que favorece inevitablemente a los partidos grandes en

perjuicio de ios pequeños. Un clásico de la ciencia política, Douglas W. Rae, describe en su tratado sobre

leyes electorales el fenómeno de los grandes partidos: Los partidos grandes, en general los que sacan más

del 20 por 100 de los votos, obtienen habitúa/mente un número de escaños parlamentarios superior a su

parte proporcional; tos partíaos pequeños -los que sacan menos del 20 por 100 de los votos- obtienen, en

general, un número de escaños parlamentarios inferior a su parte proporcional. El mayor partido electoral

obtiene casi siempre un número de escaños superior a su parte proporcional. Los partidos electorales

menores, aun después de descontadas las candidaturas triviales, se ven despojado habitualmente de toda

representación. Hay que repetir una vez mas que el actual sistema democrático español tiene sólo diez

años , cuando el Partido Conservador británico tiene algo más de trescientos y el Grand Oíd Pacty

norteamericano casi un siglo y medio. Un régimen de partidos no se improvisa: la experiencia española de

esta última década lo demuestra así. El partido más disciplinado, que es el que hoy gobierna, ha tenido

que sacrificar su ideología, virar bruscamente a estribor (por ejemplo en el caso espectacular de la OTAN)

y ha pactado con los poderes establecidos. El líder del socialismo español llegó a declarar en 1985 que el

capitalismo era e! menos mato de tos sistemas económicos, mientras su partido cedía en todas las grandes

cuestiones de principio para adaptarse a la realidad. Los estratos de la política española se asientan poco a

poco: es forzoso que se produzcan anomalías en este período de ajuste geológico. Hay grupos de poder, el

PSOE en primer lugar, que reducen cuanto pueden los supuestos de transparencia informativa; las

pequeñas operaciones y el olvido de la ética pública enturbian la vida de los partidos con situaciones de

hecho que no podrían darse en ninguna democracia del Occidente europeo (ejemplos: la situación de la

televisión estatal; la interferencia subrepticia del dinero oficial u oficioso en la vida de los medios de

comunicación; la difusión de informaciones electorales manipuladas). El sistema de partidos en España

tiende no obstante a estabilizarse. No es tanto un problema de personas ni de liderazgo como de una

corriente inevitable en toda democracia industrial, qua acaba por organizarse siempre en un régimen de

equilibrio de fuerzas y de defensa de intereses. En la simulación que hemos desarrollado puede

comprobarse que con el voto unitario los partidos del centro derecha aumentarían de manera sensible,

aunque no sea considerable, ya que pasarían de 141 escaños a 164, descendiendo, en cambio, el PSOE

desde sus 202 actuales a 183. Es decir, que la gran e hipotética coalición de centro derecha no invertiría

tos resultados en sus cifras fundamentales del actual Congreso, aunque sí reduciría las distancias entre el

bloque hegemónico del Partido Socialista y la oposición. Resulta curioso señalar que las modificaciones

que aparecen en la simulación no quedan fijadas en circunscripciones pequeñas, sino que más o menos se

distribuyen de manera equilibrada entre distritos electorales de muy variada dimensión: nos encontramos

con que se producirían modificaciones, en el caso de que hubiese jugado la hipótesis que aquí retenemos,

en 13 pequeñas circunscripciones -Albacete, Almería, Burgos, Cáceres, Cantabria, Guadalajara, Navarra,

Palencia, Las Palmas, Salamanca, Tarragona, Teruel y Zamora-; también sufrirían cambios algunas

circunscripciones medianas, como, por ejemplo, Alicante, Asturias, Guipúzcoa, Murcia, Sevilla, Tenerife,

Valencia, Zaragoza y Vizcaya, y, para sorpresa de politólogos, también aparece un cambio en la

gigantesca circunscripción de Barcelona, donde se eligen 33 escaños, que por esa misma razón debía

haber resistido de manera imperturbable a esta hipótesis simuladora. Las conclusiones que pueden

derivarse de este simple juego de hipótesis indican, sin embargo, con bastante claridad, que si el centro

derecha operase de manera coordinada en el trance electoral se producirían muchas más ventajas que

inconvenientes. Tan sólo en Sevilla el PSOE ganaría un escaño, mientras que prácticamente en todas las

demás se produce un aumento pequeño pero perceptible a escala nacional, siempre favorable al centro

derecha, que aumenta sus puestos, casi siempre en detrimento del PSOE, que ve disminuidos sus

efectivos parlamentarios. Quizá la diferencia más notable se hubiese podido producir en Las Palmas,

donde ei deslizamiento sería de cuatro unidades -dos perdidas por el PSOE y dos ganadas por e! centro

derecha—.mientras en el resto de las circunscripciones estudiadas el cambio se reduce casi siempre a la

pérdida de un puesto socialista y a la ganancia de un diputado por la imaginaria formación global centro

derechista. Sin otro afán que ofrecer un pretexto a la reflexión de estas vísperas electorales, el ejercicio

que ofrecemos a nuestros lectores permite, sin embargo, imaginar que todas las fuerzas del centro derecha

coordinadas de alguna manera a la hora de preparar su estrategia electoral deberían ver favorecidas sus

posiciones parlamentarias respecto a la situación actual, mientras simultáneamente sufriría una erosión ¡a

postura hegemónica del Partido . Socialista incluso habiendo establecido nuestros cálculos, como se ha

dicho más arriba, sobre las bases aritméticas del mejor momento electoral del PSOE, en 1982. Quiere

decir esto que teniendo en cuenta la inevitable erosión que causa el ejercicio del Poder, y la desilusión que

el incumplimiento de las promesas electorales ha provocado en grandes sectores de la opinión pública,

podrían operar como efecto multiplicador de una tendencia que a título de ejercicio hipotético hemos

realizado aquí. Todo el mundo sabe que la politología tiene muy poco de ciencia exacta, puesto que

en última instancia son los hombres con sus sentimientos y sus estados de ánimo los que hacen la historia,

incluso con su pequeño voto personal. Pero aun contando con todas las reservas que estas hipótesis

electorales pueden provocar legítimamente, creemos que merecía la pena ofrecer la presente reflexión al

electorado de centro derecha que rechaza una colectivización forzada de la vida pública española. No se

trata dé presentar un análisis presuntuosamente matemático, sino mucho más simplemente de realizar

unas modestas operaciones que, en cualquier caso, y al margen de la rigidez dé las cifras, nos demuestran

cómo, en política, la unión hace la fuerza.

 

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