Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Votar tres veces     
 
 ABC.    01/06/1986.  Página: 29. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

OPINIÓN

ABC/29

Escenas políticas

VOTAR TRES VECES

HACE algunos días leí un ingenioso artículo de Xavier Domingo en e! que incitaba a votar a Roca. O sea,

a votar Roca 16. Explicaba el articulista que había que votar a Roca, porque ese voto valía por tres. A

falta de otras ventajas, o sea todas las demás ventajas, el voto para Roca es un voto multiplicado. El

ciudadano votaría tres veces, librándose hábilmente de ios seis meses y un día de arresto y las treinta mi!

pesetas de multa que le han caído a Un gallego que votó dos veces. Para justificar´ esa ingeniosa teoría del

voto triple, Xavier Domingo se metía en un divertido juego del voto positivo y del voto negativo, de lo

que se votaba, por un lado, y de lo que se dejaba de votar, por otro. Teoría, como digo, ingeniosa. Ya se

sabe que el hambre aguza el ingenio. En este caso, ef hambre de votos. Ahora, Luis Solana, que es uno de

los pocos políticos socialistas que coge la pluma con los tres dedos, índice, corazón y pulgar, y no con la

mano entera como si fuera una navaja, Luis Solana, repito, responde a ese artículo con otro del mismo o

semejante ingenio. Dice Solana que Xavier Domingo tiene razón. Tiene más razón de lo que él mismo

cree. Porque votar a Roca supone votar al Partido Reformista Democrático, o sea, al PRO. Pero es que,

además, ese voto será un voto para Convergencia i Unió de Cataluña, ya que Roca milita en ese partido, y

no en el PRD. Siempre según Solana, la tacada no termina ahí. El PRD y CiU son aliados de Coalición

Galega, y como Coalición Galega ha pactado en Galicia con Coalición Popular, también se está votando a

Fraga. O sea, que, si usted vota por Roca, vota también por Pujol y por Fraga. Su voto vale por tres.

Añade don Luis Solana que a Xavier Domingo se le olvidó otro caso de voto múltiple: el voto de

Izquierda Unida. Quien vote a Izquierda Unida vota por el Partido Carlista, por el Partido Humanistá y

por el Partido Comunista Prosoviético. «Se coge la papeleta que empieza por Gerardo Iglesias —dice

Solana- y se tiene garantía de ser al mismo tiempo conservador normal, verde oscuro, comunista

tangencial, prosoviético convencido y variable independiente del socialismo marginal. Casi nada.»

Ingeniosa teoría también, aunque en este caso el ingenio no venga estimulado por el hambre de votos,

sino por el miedo a que se acabe la hartazón. Bueno, pues yo creo que a los dos articulistas se les ha

olvidado otro caso de voto múltiple, plurivalente, meteropolítico, poliprogramáti-co, variodoctrinal y

omnieficiente. Se trata, como ya habrá adivinado el avisado lector, del voto al Partido Socialista. Vamos a

verlo. Si usted vota la papeleta que empieza con el nombre de don Felipe González, usted estará votando

una cosa y su contraria, la promesa y la realidad, un personaje y otro personaje que habita en sus

antípodas políticas, e! dicho y su hecho opuesto, la prédica y la falta de trigo. Votando por don Felipe

González se vota, al mismo tiempo, ochocientos mil puestos de trabajo y otros ochocientos mil de

desempleo. La ótica y la cuchipanda, la corruptela y la tropelía. La libertad de expresión y Calviño.

Europa occidental y Daniel Ortega. Reagan y Fidel Castro. La Trilateral de don Luis Solana y la

nacionalización de la Banca de don Justo Fernández. El Gadafi y Enrique Sara-sola. Sir Paco y Guillermo

Galeote. El capitalismo y el marxismo, la república y la monarquía, el socialismo es libertad y el

despotismo desilustrado, los cien años de honradez y los cuatro años de rapiña, la boina de don Nicolás

Redondo y el «kimono» de don Miguel Boyer, Flick y Rumasa, el «Azor» y Marinaleda, el rodillo y la

rosa, la burra y el «Senator», Gorbachov y la OTAN, el gato blanco, el gato negro y el congreso de los

ratones, María Izquierdo y Lady España. ¿Hay quien dé más? Votar socialista es votar todo, lo que se va a

decir y lo que no se va a hacer, lo que se calla y lo que se hará. Es votar, no tres, sino mil veces. Y lo que

es peor: por cuatro años.

Jaime CAMPMANY

 

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