Autor: Javierre, José María. 
   Mañana, Andalucía en la calle     
 
 Ya.    03/12/1977.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 33. 

Mañana, Andalucía en la calle

Alejandro Rojas Marcos

"En Andalucía fueron los hijos de familias bien quienes levantaron la difícil bandera de la lucha regional"

Andalucía en el alma de los andaluces ha sido hasta hoy un sentimiento romántico

"Andalucía debe alcanzar tres objetivos: parar la evasión del ahorro andaluz, frenar la sangría de la

emigración y acabar con la marginación de los intereses agrarios andaluces respecto a los

intereses industriales de España"

Según se mire, y habrá que esperar los resultados. Pero entre las cosas que ahora ocurren hay una también

notable. Que Andalucía despierta. Estuvo bien dormida. Como un enfermo en coma, ni siquiera se le oían

lamentos. Fueron aquellos años del 40 al 60, durísimos para la gente llana y dulcísimos para la gente bien.

Cuando los salarios echaron a subir en toda España desde las diez a las veinte mil pesetas, el jornal de los

andaluces quedó retenido entre las tres y las cinco mil mensuales. Pero con una ventaja a favor del Sur: al

menos el aire de los campos aquí era limpio y saludable el sol. Un clima propicio se ve que ayuda la

buena digestión. Con muy poco tiraron "p´alante" el jornalero del Sur y su mujer y los hijos. Lo peor vino

cuando las máquinas invadieron las fincas llanas, inmensas, y cada tractor fue dejando en paro un

centenar de brazos. Detener la mecanización del campo seria de locos. Para conseguir tierras rentables era

preciso eliminar la poesía bucólica y someter el ciclo de producción a un proceso técnico. Lo malo fue...

Lo malo fue que no hubo para los braceros andaluces más alternativa que la emigración. Miles, cientos de

miles, hasta dos, tres millones, que la cuenta nadie la puso clara; dos, tres millones de personas echaron a

andar buscando un trabajo y el mendrugo de pan. La sabiduría popular de una seguidilla resume cientos

de historias desconocidas: "Desgrasiaíto el que come / el pan de la mano ajena: / siempre mirando a la

cara / si la ponen mala o buena." Primero se apretaron al costado de las ocho capitales. Sevilla creció a un

ritmo desaforado. De la noche a la mañana le asentaron un cinturón de barriadas. Cuando en la casa no se

cabe, la vida se pone incómoda. Una dama me preguntaba una vez cómo Sevilla, de siempre apacible y

hermosa, se tornó arisca, dura. Verá usted, señora: Sevilla contaba en 1900 cerca de 150.000 habitantes.

Los proletarios de la capital vivían aceptablemente y no se consideraban en modo ´ alguno desgraciados,

pues el sentido paternalista de sus señoritos ejercía gran parte de las funciones propias de la Seguridad

Social, y hay que reconocer que las ejercía con eficacia y hasta con cariño. Pero entre 1900 y 1970 Sevilla

pasó de 150.000 a 550.000 habitantes: 400.000 trabajadores se han establecido en el cinturón de la ciudad

histórica alrededor de los 150.000 anteriores. Estos 400.000 habitantes no podían ser absorbidos por el

paternalismo clásico. Estos 400.000 reclaman vivienda, trabajo y escuelas, listos 400.000 habitantes

nuevos pertenecen a un mundo laboral con nuevas exigencias. Setenta mil hacinados en chozas. Cien mil

estuvieron "recogidos" con otras familias, unas veces por parentesco o amistad, otras en

calidad de realquilados. Incluso se dio en aquellos años el fenómeno de "realquilados en diosas,

infravivienda dentro de la subvivienda. La mayoría no alcanzaron empleo, sino subempleo; los hombres,

temporeros en la construcción; las mujeres, echando "medios días de lavado". Una gran parte ni siquiera

eso: dio lugar a la proliferación de formas de caridad, nutriéndose malamente con los repartos de leche en

polvo y queso sintético procedentes de los americanos. Qué años pasamos, Dios bendito. La construcción

de viviendas a un ritmo fuerte lleva consigo una infraestructura costosísima. Si fallan estos elementos

esenciales, "la gracia" desaparece: no cabe poesía, con baches,malos olores, taponamiento de husillos,

inundaciones, polvo, mosquitos, falta de alumbrado o escasez de agua, solares abandonados, muros

ruinosos, tantos problemas. Dinero, mucho dinero. La dama distinguida me oyó, atenta, interesada.

Respondió al fin, son muy vivas:

—Eramos cíen mil vinieron cuatrocientos mil... Que se vayan, que cuanto antes se vayan.

Los que ya no cabían se fueron. Los andaluces cruzaron la raya de Despeñaperros hasta Hospitalet, hasta

Sabadell, hasta Lieja y Hamburgo... Pero hacia los años sesenta toda España comenzó a escuchar un

lamento.

—Alejandro.

Al principio fue sólo un lamento. Ocurrió con los jóvenes de Andalucía un fenómeno paralelo a otras

regiones de España. La gente madura hemos de tenerlo en cuenta cuando nos desconciertan los

muchachos impertinentes, insufribles, con su manía de apuntarse a una "revolución" para dar la voltereta

al sistema que sus padres les han montado y del cual desde luego ellos descaradamente se aprovechan. En

Andalucía fueron hijos de familias bien, Alejandro Rojas Marcos en cabeza, quienes levantaron la difícil

bandera de la lucha regional. Y en quince años se han salido con la suya. Echaron al aire coplas con

"quejíos" sociales y octavillas multicopiadas. Apoyaron los movimientos obreros. Montaron "células

subversivas". Participaron en las "mesas democráticas". Y cuando fue menester, se dejaron encerrar en la

cárcel.

—Alejandro, este "desclasamiento´´´ de niños bien resulta especialmente peligroso en una sociedad

apegada a sus "ancestros", como es la andaluza. ¿Habéis pagado un precio caro?

—Sí; resueltamente sí. Compensa, pero un precio caro. No se lo deeso ni a mi peor enemigo.

—Te has divertido.

—Bueno, lo volvería a empezar. No creo (fue "se me deba un favor" por haber ayudado al resurgir de

Andalucía. He escogido en sitio mío, he tratado de ajustarme a las exigencias de mi conciencia. He

luchado no. a favor de una u otra clase, sino a favor del hombre, defendiendo Intereses de hombre.

—¿Os ha entendido la derecha clásica andaluza?

—No. Al contrario: en el seno de mi familia han intentado provocar una verdadera tragedia, que sólo

hemos evitado a fuerza de cariño. Interpelan a mi madre en la calle "para sufrir con ella": acompañarla en

"la pena que tendrás" con un hijo rojo. A mi padre le piden explicaciones. Los anónimos escritos y

radiofónicos entran en casa como plaga ed langosta. Me he acostumbrado a sostener el tipo.

Sin perder la sonrisa. Alejandro parece un niño grande. Ha dejado que la barba negra llene su cara, pero

ni así ofrece aspecto feroz. Le pierde la simpatía. Ojo, no fiarse. Quienes alguna ves hemos bregado a su

lado conocemos la capacidad infinita de maniobra y la fría decisión con que este líder andaluz enfrenta

sus realizaciones políticas: te quiere mucho, pero como le convenga, para cumplir el objetivo, hundirte en

la arena, date por muerto y sepultado. Quienes opinan que "la nueva frontera" de gobernantes futuros será

dogmática, debieran hablar con Alejandro, dialogante nato. Abierto a insospechadas alianzas. Aunque

llueva, Andalucía entera estará mañana en la calle. No ya para elevar lamentos al poder central, sino

expresando una voluntad de mejora que entre todos debemos alcanzar. Es un paso más. Esta entrevista,

levanta el acta notarial de una, deuda de agradecimiento que Andalucía, y España, tienen contraída con

tres o cuatro centenares de jóvenes dirigentes políticos esparcidos por las ocho provincias del Sur: a ellos

se debe la renovación de la conciencia andaluza, ellos Han sido los auténticos protagonistas del milagro

que saca a los andaluces de los dos cadas donde les gusta instalarse, el individualismo y el escepticismo.

La personalidad y la ironía, supremos valores de Andalucía, hacen feliz a quien tenga tiempo y dinero

para tumbarse a tomar el sol sin mayores inquietudes económicas. Pero secan en flor cualquier

entusiasmo renovador. Los "chicos" que hoy integran las filas del llamado Partido Socialista Andaluz ya

no son tan chicos: andan entre los veinticinco y cuarenta y cinco años de edad; están instalados en toda la

trama profesional de Andalucía: médicos, ingenieros, abogados, catedráticos, administrativos, e con

amistas. Participaron sin solera y sin dineros en las últimas elecciones. No consiguieron ningún escaño.

"¡Qué derrota!" Pues no, señor. Obtuvieron la victoria de amasar casi trescientos mil votos, y nadie que

desconozca los atavismos andaluces puede sospechar el valor de semejante cómputo. Sin embargo, el

fervor que ellos entre-garon generosamente a las arterias de una región adormecida vale más que los

simples resultados electorales. Rojas Marcos cuenta con amigos y enemigos en. todas las formaciones

políticas: todos ellos comprenden que hoy es de justicia rendirte cariños y agradecimientos a cuenta del

samo nombre de Andalucía.

—Y está bien que el deber,lo cumpla yo, Alejandro.

—¿Por ser cura o por periodista?

—Sencillamente, porque también á mí me diste algún disgusto, como a todos. Y ahora sigues con tu

"vigilancia permanente": teniendo de ojo a los parlamentarios andaluces.

—La verdad es que nuestros parlamentarios nos han ofrecido un proyecto de régimen provisional de

autonomía para Andalucía absolutamente desenfocado e insuficiente,

—¿Por qué?

—Parece como si el pueblo andaluz, al exigir autonomía, ´pretendiera simplemente la creación de nuevos

cargos: nuevas autoridades que añadir a las estatales, provinciales y municipales.

—Dinos cuáles son, a tu juicio, las etapas que cubrir ai queremos redimir Andalucía.

—Primero conseguir que se le reconozca su plena personalidad de pueblo en pie de igualdad con los otros

del Estado español.

—¿Y segundo?

—Afrontar los problemas conconcretos, problemas que la experiencia demuestra no serán resueltos desde

Madrid.

—¿Por qué?

—I,o impiden las estructuras centralistas y lo impide la presión política de las nacionalidades más

desarrolladas del Estado español, cuya fuerza sobre Madrid es muy superior a la andaluza.

—Dinos ahora los objetivos concretos que debe perseguir Andalucía.

—Primero parar la evasión del ahorro andaluz que se invierte fuera de Andalucía.

-—¿ Segundo?

—Frenar la sangría de la emigración.

—¿Tercer?

—Acabar con la marginación de los intereses agrarios andaluces respecto de los Intreses industriales de

los países ricos del Estado español.

Dale con la fórmula del "Estado español". Es implacable la manera de expresión de Rojas Marcos. Y lo

era cuando, por ejemplo, la palabra "Estado español" fue término prohibido como amenaza a la unidad de

la Patria. Pues Alejandro, sin perder la sonrisa, le provocaba un infarto al gobernador civil, que agarraba

el teléfono jurando a personajes sevillanos importantes: "Lo llevo a la cárcel." Y a veces lo llevó. Y lo

exilió "en un redondel a más de setenta kilómetros de la capital." Agua pasada; hoy Andalucía está en la

calle no para lamentarse, sino para firmar el compromiso de caminar juntos hacia tiempos mejores.

Alejandro me insultará cuando lo lea, pero me atrevería a esta confidencia: la jornada no me importa por

autonomía más o menos, que la autonomía nos la van a dar, faltaría más, cuando hasta tenemos andaluz el

ministro de las Regiones. A cada nona de España le atribuirán el grado de autonomía que le apetesca, de

modo que andarse con ojo en las peticiones, no vayamos a empeorar la cosa y en vea de salir ganando los

pobres salgamos perdiendo. El día 4 de diciembre andaluz me parece decisivo, porque al fin salen los

andaluces del letargo y traspasan la barrera del lamento. Andalucía existe objetivamente: por cultura,

geografía e historia, sueños y desgracias, que a lo mejor lo único serio de la existencia sea el peso ,de

desgracias que llevamos a la espalda. Objetivamente, existe Andalucía. Pero "subjetivamente", Andalucía

en el alma de los andaluces ha sido hasta hoy un sentimiento difuso, romántico Le han faltado proyectos

comunes. Enlazar las manos desde Huelva hasta Almería. Dos datos, y así todo. ¿Quién que contemple un

mapa de Andalucía puede concebir que a estas alturas todavía no hayamos realizado una espléndida

autopista que sirva de espinazo a la región, arrancando de Huelva, atravesando Sevilla y el norte de la

provincia de Málaga, superando Granada y bajando hasta Almería, de modo que tirando cordeles válidos

por arriba a Córdoba y Jaén; por abajo, a Cádiz y Málaga, sea la columna vertebral del desarrollo

andaluz? Que si quieres. La mejor recomendación que como amigo puedo hacerles es que si: un día

necesitan viajar desde Huelva, Sevilla o Córdoba hasta Granada y Almería, vayan a Madrid y bajen por

aquel atajo. Igual que hacen las "noticias", el otro ejemplo. En ningún quiosco de una capital andaluza,

pretenda usted comprar los diarios de las demás capitales andaluzas. Los quiosqueros no los venden

porque nadie los pide; que si al público le interesaran, los tendrían. Nunca le quitó el sueño a un andaluz

de Jaén lo que les está ocurriendo a los andaluces de Cádiz; venga, hombre, si algo pasa, lo contarán los

diarios, la "tele" y la radio de Madrid.

Hasta hoy. Aunque llueva, Andalucía mañana unirá sus brazos en la calle. Enhorabuena, España.

Enhorabuena, Andalucía. Enhorabuena, Alejandro. Dilo a tus muchachos; "los demás", todos, lo sabemos:

la enhorabuena es más vuestra que de nadie.

José María JAVIERRE

 

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