Autor: Figueroa, Emilio de. 
   Incoherencia en el programa económico socialista     
 
 ABC.    06/06/1986.  Página: 32. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABC, pág 32

TRIBUNA ABIERTA

VIERNES 6-6-86

INCOHERENCIA EN EL PROGRAMA ECONÓMICO SOCIALISTA

Por Emilio de FIGUEROA

Catedrático de Política Económica

EL «triunfalismo» que el Gobierno socialista y sus turiferarios manifiestan en el campo de la economía

tenía que reflejarse también en el proyecto o programa electoral. Dan la impresión de que hubieran

cerrado una primera etapa con pleno éxito y proyectaran otra con objetivos más ambiciosos. Los tres

millones de parados y los ocho millones de pobres de solemnidad dejan impasibles a nuestros animosos

socialistas. La política económica que el señor Solchaga heredara del señor Boyer, y éste de la UCD, no

va a experimentar cambio alguno. En Francia, donde el fracaso del socialismo no ha sido tan rotundo

como en España, el pueblo ha reaccionado quitándole su apoyo. Aquí no sabemos qué pasará, dado que

nuestro pueblo es emocional más que racional, al contrario que el francés.

El programa electoral del «felipismo» (no queremos ofender a los seguidores de Pablo Iglesias llamando a

esto «socialismo») considera como objetivos prioritarios, el crecimiento económico (¡observese que no

hablan de «desarrollo», porque éste implica cambio de estructuras!}, el «salto" tecnológico y la

redistribución dé la renta nacional a favor de tos niveles más bajos. Y esto sin variar la política económica

del cuatrienio tenebroso. No se va a liberalizar el crédito, no se van a rebajar los impuestos (hay quien ha

calificado esto de «demagógico») y los salarios irán por delante de te inflación, sin tener en cuenta (a

productividad (que hasta en la URSS se respeta).

El programa socialista más que ambiguo es incoherente; en efecto, el crecimiento económico -como

saben tos alumnos menos destacados de la Facultad de Economía- depende de la relación por cociente

entre la propensión media al ahorro y la relación capital-producto (el conocidísimo modelo de Harrod-

Domar). Para dar el «salto» tecnológico hay que elevar la «relación capital-producto», por lo que para que

tenga lugar el crecimiento económico tiene que aumentar, en mayor grado, la «propensión media al

ahorro». Pero esto es imposible si no aumenta la renta disponible rebajando los impuestos. Además,

según la moderna teoría del ahorro de Duesenberry, éste decrece drásticamente cuando la renta nacional

se redistribuye a favor de los perceptores con menores ingresos como pretente el programa socialista. No

se dan, pues, las condiciones necesarias y suficientes para un proyecto económico coherente.

Al oponerse a una reducción de impuestos, tos socialistas parecen ignorar los «efectos multiplicadores»

de tos mismos, que hacen posible incrementar la renta nacional y la «base imponible», lográndose así

mayores ingresos públicos que antes de rebajar tos impuestos. No existe, por tanto, el peligro de que se

eleve con ello el «déficit» público.

Nuestras autoridades económicas han propalado la faloria de que han vencido a la inflación, cuando lo

único que ha sucedido es que se ha reducido la tasa de crecimiento de la misma, to cual en una depresión

económica duradera acabaría por producirse, aunque no hubieran hecho nada en tal sentido. La

erradicación de la inflación no se ha logrado y la política antiinflacionista seguida sólo ha tenido un

«efecto piramidón», que baja la fiebre, pero no cura la enfermedad que la ocasiona.

Otra victoria pírrica

del socialismo en el Poder ha sido la de la balanza de pagos. Con una depreciación constante de la peseta

y con un empeoramiento de la «relación real de intercambio» era natural que mejorara la situación de

nuestra balanza exterior, pero ¡a qué precio! Para que el lector no versado en economía to entienda,

diremos que ahora tenemos que exportar más tomates, plátanos, naranjas y aceite de oliva que antes para

importar lo mismo del extranjero. Que los turistas de fuera pueden disfrutar más tiempo y en mejores

hoteles que antes gastando menos divisas y que tos magnates árabes del petróleo pueden comprar ahora

más chalés y terrenos en Málaga y Mallorca gastando menos dólares. En vez de hablar de la entrada de

España en Europa, sería más correcto decir que; esta última ha entrado a saco en nuestra querida patria.

Tal vez estemos en camino de .convertimos en el Puerto Rico o Las Vegas de Europa, donde vengan a

descansar y a divertirse las clases adineradas del Viejo Continente y del Próximo Oriente, si el Gobierno

socialista logra erradicar la inseguridad ciudadana, e» terrorismo y la pobreza masiva.

Al PSOE, si ganara las próximas elecciones, se le brindaría una segunda oportunidad en su historia; pero,

a la vista de su programa económico electoral, no parece probable que la aproveche.

Si todo sigue como hasta ahora, el pueblo acabará preguntándose: ¿socialismo, para qué?

 

< Volver