Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Voto de castigo     
 
 ABC.    08/06/1986.  Página: 25. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ABC/25

Escenas políticas

VOTO DE CASTIGO

LOS rusos le han preguntado a un ordenador que quién va a ganar el Campeo-rato Mundial de Fútbol en

México. Ese ordenador debe ser como el Santamaría de la Moncloa. Me refiero a Santamaría el del GIS,

no ai Santamaría que fue gran jugador de) Real Madrid y seleccionador nacional. El Santamaría del

Kremlin, o sea el ordenador soviético, ha respondido que el campeón en México será el equipo de

Francia, precisamente ahora que en el país vecino ha triunfado la derecha. Añade el ordenador que los

cualro funalistas serán la URSS, Brasil, Francia y Uru-guay. Total: que a nosotros nos dejan fuera de

antemano, a pesar de! viaje a Moscú de don Felipe González. Por ahí nos toman como al pito del sereno.

Ni los chinos le dieron el panda a don Fernando Moran, ni a. don Felipe le regalan una trampilla del

ordenador rojo. Y, encima, el árbitro australiano nos roba el gol de Míchel al Brasil, que para la

«hinchada» española es como otro 98.

Escribo esta «escena» antes de sentarme ante el televisor a ver el partido España-Irlanda del Norte, y no

sé cómo acabará nuestra aventura mexicana en el fútbol. No rueda bien el balón para nosotros, y el

Campeonato de México no va por «buen camino». Como sigamos así, las pantallas gigantes encargadas

para los mítines socialistas van a tener que animarlas con Ramoncín. La verdad es que la campaña

electoral está muy aburrida, y al menos el fútbol podría darle una cierta emoción. Ya vuelve el español

donde solía: a estar más pendiente del fútbol que de la política, y a mirar más hacia el estadio que hacia el

Congreso. En cuanto los socialistas gobiernen un rato más, nos desentendemos de la política, y don

Ramón Mendoza se convierte en el Santiago Bernabéu del felipismo.

Durante su viaje a Moscú, don Felipe González podía haber preguntado al ordenador soviético lo que va a

suceder en estas elecciones, a ver si atinaba más que esa empresa de sondeos que pronosticó la victoria

del «no» en el Referéndum por no sé cuántos puntos, una burrada, y todavía se atreve a hacer nuevas

predicciones para el 22 de junio. Bien es verdad que si al señor presidente del Gobierno le perdonamos un

«error de cálculo» de un millón seiscientos mil puestos de trabajo (ochocientos mil que no creó, más

ochocientos mil más que se perdieron), no costará mucho esfuerzo perdonar esa pequenez de inexactitud

de los famosos encuestadores.

No es fácil acertar los resultados del 22 de ¡unió, porque se dan circunstancias paradójicas. Si los

batuecos fuésemos coherentes, quienes menos tendrían que volar al PSOE serian ios más fieles a Felipe.

Antes del Referéndum de la OTAN, don Felipe pidió que votásemos «sí» en aquellas urnas y que le

castigásemos en éstas. Pues, nada, a darle gusto. Hay que complacerle ¿No quiere un voto de castigo?

¡Pues toma castigo! En la erótica del poder, también funciona a veces el extraño placer del masoquismo.

En las Batuecas, cualquier actitud que suponga un castigo tiene siempre muchos partidarios. Son muchos

los batuecos que, cuando hacen algo, lo hacen por fastidiar. Y si, además, el castigo es merecido, miel

sobre hojuelas. El voto de castigo es casi un orgasmo democrático de los iberos. Dicen los socialistas que

las demás fuerzas políticas no intentan ganar, sino evitar que ellos ganen. Pues claro. Eso es, preciamertte,

to carpetovetónico. Si el voto sólo sirve para que ganen unos y fastidiar a otros, sin «jodir» a otros, que

diría don José María Maravall, ministro de Educación, pierde casi todo el encanto y casi toda la eficacia.

El voto que más deben temer nuestros socialistas es el voto de castigo, y por eso se están fijando tanto en

la posible abstención, que es una manera de castigar sin molestarse en votar. Y si, encima, España se va

pronto a la cuneta en el Campeonato de México, el castigo puede llegar a ser bíblico. Porque, aquí, ya se

sabe, lo malo que sucede, culpa del Gobierno. Aquí, y en Italia. «Piove, porco governo.» Y estoy por

decir que tienen razón. "Porco governo".

Jaime CAMPMANY

 

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