Las inseguridades     
 
 ABC.    09/06/1986.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LUNES 9-6-86

OPINIÓN

LAS INSEGURIDADES

flUANDO se intenta un Vy recuento de los grandes problemas nacionales que reclaman amplio debate en

la campaña electoral, salta a lugar preferente el tema de la inseguridad ciudadana. Asunto muy complejo

en el que a la materia medular del alarmante incremento de la delincuencia común se añaden

proyecciones gravísimas del terrorismo, se suman tolerancias asombrosas en el tráfico de drogas y aún

tiene, además, flecos que representan la expansión del temor cívico generalizado, y no precisamente a la

delincuencia, y que alcanzan incluso a ámbitos económicos.

La sociedad española, en muy pocos años, ha llegado a ser una colectividad condicionada por la

inseguridad. Se siente y se sabe prácticamente inerme ante la delincuencia común -robos en domicilios,

atracos, asaltos, tirones en las calles, daños en los automóviles— que recibió el refuerzo de

excarcelaciones masivas, que rebasa la capacidad receptora de las instituciones penitenciarias, que se

beneficia de la lenidad legislativa y que esgrime a su favor, cuando la detención se produce, más

argumentos, eximentes o alegatos en su favor que daños o derechos son reconocidos prácticamente a las

victimas.

Todo esto, como la multiplicación de cuerpos de vigilancia o de seguridad privados, como las acciones

vecinales de autoprotección en barriadas enteras, como el notable aumento de instalaciones y mecanismos

preventivos de robos, es asunto tan conocido y comentado que no precisa mayores explicaciones. Pero

que reclama una clara conclusión: por sólo el clima de inseguridad ciudadana en que vive el país entero, y

sin referencia alguna al terrorismo, hubiera entrado en crisis un Gobierno en cualquiera de las

democracias occidentales con las que resulte aceptable la comparación de nuestra realidad nacional.

Se suele alegar desde el Gobierno, para justificar o excusar esta lamentable situación, que el incremento

de la delincuencia es consecuencia inevitable o poco menos del pleno reconocimiento de las libertades.

Pero se trata, sin duda, de argumento falaz, porque del bien de la libertad -como hemos reiterado en otras

ocasiones— no puede derivarse fatalmente la proliferación de la delincuencia. Si tal consecuencia se

produce ocurrirá otra cosa: que el ordenamiento jurídico entero, por sus deficiencias o su errónea

orientación legislativa, en vez de generar seguridad segrega inseguridad jurídica. Y evidentemente en

nuestro país sucede así, sobre todo luego de los cambios y reformas legislativos aprobados por la

hegemonía parlamentaria socialista. Porque hasta ahora, en España, el socialismo desde el Poder no ha

aumentado el margen de ninguna libertad y, en cambio, la inseguridad progresa, y se expande y se

contagia el temor. Temor a ser espiado por teléfono, temor a ser re-presaliado en un escalafón, temor a la

acusación de delitos fiscales, temor a ser privado de derechos económicos lícitamente adquiridos...

Temor, en fin, a discrepar, a acusar públicamente, a criticar; en suma, a ejercitar derechos de libertad de

expresión y de opinión propios de una sociedad que vive en sistema democrático.

Naturalmente, este gran tema nacional no es abordado con transparencia y con profundidad por los líderes

socialistas en la campaña electoral. Ellos lo derivan hacia la inevitabilidad o hacia la resignación. Pero un

pueblo democrático no tiene que resignarse, ante las urnas, a seguir viviendo en la inseguridad, acosado

por la delincuencia y desmoralizado por la indefensión.

 

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