Autor: Sentís, José A.. 
 Elecciones generales. 
 El enfrentamiento con Suárez ha alterado la línea de campaña elegida por el PSOE  :   
 Los socialistas preferían ignorar la existencia de competidores. 
 ABC.    10/06/1986.  Página: 29. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

MARTES 10-6-86

ELECCIONES GENERALES

El enfrentamiento con Suárez ha alterado la línea de campaña elegida por el PSOE

Los socialistas preferían ignorar la existencia de competidores

Madrid. José A. Sentís

Transcurrida la mitad de la campaña, varios hechos han alterado la línea argumenta! del PSOE ante las

elecciones. Los socialistas pretendían claramente el mensaje «continuis-ta» con la carga de profundidad

de la división de la derecha en la conocida teoría del «decapartlto» de Felipe González. Ahora, los

dirigentes del PSOE se lamentan de que las fuerzas que, aun desarticuladas, componen la oposición se

hallan centrado en la crítica al Gobierno. Pero su mayor sorpresa ha sido el final del silencio de Suárez.

El PSOE ya comenzó la campaña bajo el signo del discurso de Felipe González, expuesto en su entrada

en la campaña Esta línea era, en resumen, la siguiente:

• La gestión del Gobierno ha sido positiva porque ha saneado la economía, ha consolidado la democracia

frente a terrorismo e involucionismo, ha mejorado la situación de España ante el mundo, especialmente

con la incorporación a la CEE y ha comenzado reformas históricas como en la Justicia, educación y

sanidad.

• El ritmo histórico elegido ha sido el adecuado, frente a los impacientes y los Intolerantes. Hay que

continuar el proyecto de progreso para España porque queda mucho por hacer.

• El Gobierno ha cometido errores, como la promesa de creación de empleo, pero la herencia recibida era

peor de lo que pensaba.

• El PSOE es el único partido solido en el panorama electoral. Frente a él, la oposición se encuentra

agrupada en coaliciones, mientras que otros líderes carecen de posibilidades electorales, como Roca y

Suárez. Por eso, soto los socialistas podrían gobernar de forma estable, mientras que para que se formara

otra alternativa de gobierno sería necesaria la negociación entre una decena de partidos.

Esta era la campaña, y se ha mantenido básicamente invariable en diez días. Felipe González comenzó

con muestras de irritación ante lo que interpretaba como tos debates «marginales» que se producían en la

campaña. El terreno en que los socialistas habían elegido que ésta se desenvolviera era. exclusivamente,

el de las alternativas de programa, pero no la crítica personal o la denuncia de actitudes políticas. Por eso,

el líder socialista encajó con poca paciencia que se hablara de la influencia de la televisión en los

resultados.

Pero en toda campaña electora! han aparecido cuestiones marginales. El propio dirigente de la oposición,

Manuel Fraga, tiene conocimiento de ello, cuando un comentario suyo sobre el 23-F polarizó una parte

fundamental de la campaña de octubre del 82.

Lo de menos parece ahora si fue Suárez el primero que la utilizó, o si se limitó a responder al secretario

de Organización socialista, José María Benegas, que dijo que el ex presidente «puso a España al borde del

caos». Pero por primera vez en cinco años, el líder del CDS se mostró dispuesto a no callar, tal vez

recordando los años de insistente acoso socialista Su punto débil no es precisamente el 23-F, aunque

Alfonso Guerra afirme que él era el responsable político de que se produjera el intento de golpe. Y por

esto, los dirigentes socialistas, con la iniciativa del vicepresidente del Gobierno, han lanzado sus dardos

más afilados contra Suárez. Un debate marginal también, pero de éste no se ha sustraído el PSOE hasta el

punto en que ha alterado la imagen constructiva y de moderación que intentó transmitir y ha arremetido

contra el que sus portavoces llaman despectivamente «el duque».

El ex presidente ha logrado alterar la relativa indiferencia hacia sus competidores elegida por el PSOE,

que todavía mantiene esa actitud hacia otros grupos, a pesar de que cuentan, según reconocen los

dirigentes socialistas, con más posibilidades electorales que Suárez. Salvo para caldear tos ánimos en los

mítines, las acusaciones a Fraga se limitan a recuerdos del pasado o a alusiones a la pluralidad de partidos

en la Coalición Popular, si exceptuamos la gruesa diatriba de comienzo de campaña realizada por un mi-

nistro de Educación particularmente enfrentado con la derecha.

 

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