Autor: Dávila, Carlos. 
 Campaña electoral ; El líder del CDS niega contactos con la CEOE y AP. 
 Sahagún, contra el miedo     
 
 Diario 16.    04/06/1987.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

CAMPAÑA ELECTORAL

Sahagún, contra el miedo

Carlos Dávila Madrid

SAHAGÜN, se O aplique, Felipe nos lleva a pique». Un pescadero del mercado de San Blas, casi se

avalanza efusivamente sobre el candidato del CDS. Otro, igualmente partidario, le anima: «¡A por ellos!»

De lejos, una señora refrenta: «¡Eso, eso, a por ellos!» Ellos son, naturalmente, los socialistas que —dice

Rodríguez Sahagún— son sus adversarios en estas elecciones. Las elecciones sonríen un poquito al

partido de Suárez, el CDS; Suárez es el lider político más festejado en todo el barrio de San Blas.

Sahagún tiene que responder siempre la misma pregunta: «¿Cómo no ha traído usted a Suárez?» Y él

dice: «Porque el candidato soy yo, pero él vendrá dentro de muy poco, justo antes de ser presidente del

Gobierno. » Y es que en el CDS ya nadie duda de que Adolfo Suárez será presidente en el 89. Otra cosa

es que vuelva a la Moncloa, que no quiere volver. Sahagún está haciendo campaña tienda a tienda, casa a

casa. Es la única forma que, según dice, posee para contrarrestar la campaña masiva de televisión a favor

del PSOE. En las tiendas, Sahagún llega y dice: «Yo soy el único que me he preocupado por el pequeño y

mediano empresario, ¿se acuerda usted de quien hizo las PYMES». Los comerciantes asienten y se quejan

reiteradamente, se quejan de la inseguridad ciudadana. El candidato responde: «Señores, cuando yo sea

alcalde, vamos a instalar la Policía de Barrio. Les daremos seguridad». En la calle comercial de San Blas,

Rodríguez Sahagún se pasea comercio por comercio: prueba una fresa en una frutería, pellizca

festivamente a un niño en una ropería infantil, firma programas del CDS sin parar, come caracoles en un

bar, y en otro pide «una cañita, cañita, por favor». Y a todos les dice lo mismo: «Ayudadme un poco que

voy a ganar». En un comercio tranquiliza a un dueño especialmente excitado: «No hay nada que hacer:

aquí nos gusta la marcha, somos "masocas", les votarán otra vez». Sahagún le ofrece un pequeño

argumentarlo electoral. Les anuncia que tras el fracaso del PSOE tratando de identificar al CDS con la

derecha, Guerra y sus monagos han cambiado de táctica: «Ahora van a decir que un Gobierno estable no

puede hacerse sin mayoría absoluta, pero yo —enfa-tiza— digo lo siguiente: mayoría absoluta es igual a

prepotencia y abuso de poder». La gente que asiste, entre estupefacta y complacida al pequeño mitin,

asiente. La empleada de una carnicería es la más lanzada y grita: «Mi voto, ya lo tiene». Naturalmente

que está por ver que lo tenga, pero lo dicen. En San Blas. Los del CDS que acompañan a Sahagún

aventuran que el CDS conservará los votos propios del 86 y que además engordará con los reformistas del

año pasado y con los que, siendo de Roca, se inclinaron a favor de Alianza Popular. Más que nada por el

tópico del voto útil. Sahagún sube ahora a un ambulatorio. Se llama Pedro González Bueno. Y es una

denominación de antes. En la tercera planta aún esperan enfermos de oftalmología que han sido citados a

las ocho de la mañana, Y son las 12,30. Sahagún pregunta a un empicado: «La consulta, ¿con cuanto

tiempo se les da?» La respuesta deja petrificado al más insensible: «Para los pacientes no urgentes de

oftalmología, estamos dando para julio del ochenta y ocho». Las cosas bien hechas, sin duda en Sanidad.

Sahagún vuelve a otro mercado. La cantinela de siempre: la seguridad. La seguridad y la droga. Una y

otra van unidas. Enseña sus cerrojos un comerciante que ha sido atracado ocho veces. Sahagún apunta su

idea: «Cuando yo sea alcalde, pondremos centros de socorro para ayudar siempre a gentes como usted», y

añade: «Pero es que no se puede seguir así, inauguran e inauguran, pero Madrid debe saber que de los

400.000 millones de pesetas que han manejado, solamente han invertido treinta y ocho mil». Hay un

osado comerciante que le dice: «Ustedes cedieron el poder a los socialistas», y Sahagún replica: «Ayer ¡es

dije a los trabajadores de Renfe lo mismo que os digo a vosotros: vamos a volver a gobernar; ahora todo

el mundo sabe de quien son los votos». En Madrid, afirma convencido Sahagún, se ha disparado la

esperanza: «Saben que votarnos es votar contra el miedo».

 

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