Autor: Castedo Álvarez, Fernando. 
   Autonomía, progresismo e izquierda     
 
 El País.    04/06/1987.  Página: 28. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Autonomía, progresismo e izquierda

FERNANDO CASTEDO

Una pregunta que con frecuencia, y no sin cierta perplejidad se hace la gente es qué cosa sea la

comunidad autónoma de Madrid. Utilizo el sea en lugar del es por lo que la cuestión lleva de hipótesis y

no de realidad. La formulación más brillante que el poder ha acuñado para dar fe de vida de la autonomía

madrileña ha sido una frase con tosca evidencia de Perogrullo, pero sin la sutileza ni la sabiduría popular

que toda verdad de Perogrullo encierra. La expresión "vivimos en comunidad" es muestra de indigencia

conceptual y de orfandad teórica; es una redundancia que ni siquiera es válida como figura retórica.

Vivir, por sí solo, es ya un acto comunitario, sin que ello implique un modelo de sociedad o de Estado. Se

vive en comunidad en el bar, en la oficina o en la cola del autobús. Como aquellos grupos de gentes a los

que la historia cogió a contrapié o a destiempo, el partido en el poder hoy ha llegado a la decadencia sin

haber pasado por la etapa histórica del esplendor. Uno está tentado, a la vista de lo que el PSOE parece

entender por autonomía, de explicarse la madrileña por dos principios de naturaleza contradictoria: uno

físico y otro teológico. El primero se refiere a la condición móvil y versátil de algunos cuerpos que

adoptan la forma del recipiente ´ que los contiene. Al no estar determinados ni continente ni contenidos, la

comunidad autónoma de Madrid es un concepto abstracto, invisible, vagamente geográfico, y nada más.

El otro principio, el teológico, alude directamente a la fe y, por tanto, es de naturaleza dogmática: creer lo

que no vimos. Así que, después de cuatro años de simulacro de gobierno autónomo, todavía nos

preguntamos, dejando a un lado la teoría teocéntrica del poder que sustenta el PSOE, qué cosa es la

comunidad autónoma de Madrid; cuál es su razón histórica; cuáles sus competencias; de dónde proceden

sus señas diferenciadoras. Nos preguntamos, en suma, cuál es su identidad. Y la verdad es que no debiera

ser tan difícil llegar a una conclusión. Bastaría con volver la vista a Antonio Ma-chado y recordar sus

versos "[Madrid, Madrid! ¡Qué bien tu nombre suena, / rompeolas de todas las Españas!", para concluir

que la historia de Madrid es una historia doble de integración y de resistencia. "Rompeolas de todas las

Españas" es un verso emblemático que resume no sólo una gesta, sino la naturaleza de., gran placenta,

acogedora y solidaria, que configura la fisonomía espiritual de Madrid. El "no pasarán", lema universal de

la resistencia, fue un grito insurgente, necesario para la épica de la supervivencia. Mas por Madrid pasa

todo el mundo. Pasa y se queda. Frente a sucesos adversos, Madrid tiene temple de resistente; para asumir

cualquier tipo de incitación cultural, le llegue de donde le llegue, Madrid tiene moral hospitalaria y

amplitud de encrucijadas. Madrid es un gran cruce´de caminos. En este lugar, pues, de tránsito y de

síntesis, se asienta el proyecto de Madrid como comunidad autónoma, pues la autonomía madrileña sigue

siendo un proyecto Inconcluso y difuminado, una ficción, que el CDS se propone rescatar de las sombras.

El CDS es un partido progresista, aunque desde el desconcierto ideológico del PSOE o desde el inocente

tactismo de trastienda de librería (sevillana) se le quiere meter en el saco de la derecha. Soy consciente de

que decir progresista no es decir mucho. Progresista se proclama hasta el PSOE desde lo irreversible de

su deslumbrante esquizofrenia, la que media entre el significado de su nombre y la biografía conservadora

que, a conciencia y a pulso, se han construido en los últimos tiempos.

Definir un concepto

Para que se sepa dónde está el progresismo retórico que cualquier partido conservador, incluido el PSOE,

tiene que defender por cuestiones de buen gusto y dónde el progresismo avanzado, voy a definir el que

propugna el CDS. Somos progresistas porque tenemos un concepto evolucionista de la historia y porque

creemos en las fuerzas sociales que la van transformando, a despecho del catastrofismo que, so capa de

realidades objetivas, el PSOE ha traído a la política española; somos progresistas porque asumimos la

actitud moral e impulsamos las conquistas sociales que, a lo largo de los siglos, han arrancado las fuerzas

genéricamente designadas como izquierda. Esta circunstancia, a lo mejor al PSOE le parece una

heterodoxia, abuso de confianza o utopismo peligroso. Y somos progresistas porque, sin concesiones ni

juego de manos, defendemos las libertades políticas como otra conquista que no puede dar marcha atrás.

No es infrecuente, incluso en la historia moderna, que la voracidad centralizadora y omnicom-prensiva

del Estado reduzca, cuestione y tutele las libertades del individuo. Sería conveniente que el PSOE nos

garantizase que no está a punto de caer, o ha caído ya, en esfa tentación totalitaria que yo me atrevería a

llamar "perversión de la democracia". El concepto de Estado que tiene el CDS se basa en esta idea deseen

tralizadora del poder y se podría resumir en una fórmula que al PSOE le debe de parecer, dada su

tendencia a concentrar férreamente los aparatos de poder, como exponente de un inadmisible

izquierdismo. Decía Pí y Margall: "La unidad está en la existencia de unos mismos poderes para cada

orden de intereses, no en la absorción de todos los intereses por un solo poder. Así como, partiendo de

este principio, se puede sin violencia llegar a recoger en un haz a la humanidad entera, partiendo de Jo

contrario no se llegará jamás, ni aun dentro de cada nación, a sofocar las protestas de las provincias ni de

ios pueblos. No será sólo el individuo el que reivindique eternamente su autonomía, reivindicarán la suya

todos los grupos sociales y no faltarán, en tanto que la alcancen, ni causas de anarquía ni gérmenes de

guerra".

Fernando Castedo es candidato a la Comunidad de Madrid por el CDS.

 

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