Autor: Urbano, Pilar. 
   El PSOE pierde poder     
 
 Ya.    11/06/1987.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ELECCIONES

El PSOE pierde poder

LAS dos de la madrugada, y sin atisbo de resultados oficiales. Perezosa, estuporosa, o miedosa, la

maquinita del escrutinio electrónico del Gobierno no emite, no arroja los definitivos datos. Como ya me

conozco el percal, puedo decir lo que en estos momentos piensan los españoles que se han quedado en

vigilia ante el televisor: ¿no informan? luego... pierden. El triple marcador del PSOE indica descenso en

todos los frentes: en el municipal, en el autonómico y en el europeo. En los comicios del Parlamento

Europeo, que es donde, con la apariencia del bulto sin perfiles, han cantado victoria, es subrayable el

retroceso socialista, ya se tomen como referencia los eurodiputados que tenían, en virtud de los escácanos

nacionales del 82, ya se estimen como punto referente sus resultados del 86. Incluso este último punto de

vista les es más adverso. Los 28 asientos obtenidos, sobre un total de 60, se pueden traducir o como adiós

a la mayoría absoluta, o como haber perdido el 13,33 por 100 de los votos populares, o aún más

gráficamente: como si de los actuales 185 escaños que disfrutan en el Congreso de los Diputados

hubiesen pasado a tener sólo 126. Abreviado: fuerte bajón en el electorado de circunscripción nacional. Y

aún más acentuadas las pérdidas en el orden municipal. El socialismo deja de ser fuerza mayor en las

grandes ciudades: Madrid, Sevilla, Valencia, Valladolid, Zaragoza... Esta pérdida de poder-político por

cuanto acarrea serios deprimentes en el poder-clientelar de los munícipes, sitúa al PSOE en la posición

que Adolfo Suárez definió como de «irreversible declive», cara a las elecciones generales del 90.

Aunque sobre el éter de la ignorancia de datos oficiales concluyeníes, sigo rastreando la orografía del

nuevo mapa (puzzle, diña yo) de fuerzas políticas. Alianza Popular también experimenta importantes

bajas de aceptación. Aquí es de justicia distinguir los dos «tirones» que debiendo estar en concierto

resultaron desajustados, inarmónicos y, al fin, se quiera o no, confrontados: AP bajo el liderazgo de

Mancha, en trece autonomías y ocho mil y pico municipios, ha consecha-do peores resultados que AP en

esos mismos lares cuando la capitaneaba Fraga. Y es evidente que la eurolista encabezada por don

Manuel ha remontado de 13 a 17 (quizá 18) escaños. En este pulso librado «sotto-uoce» entre el

carismático fundador y el joven aspirante-a-líder, es claro que «Fraga arrastra más». Pero, con todo, una

vez más AP sigue sin conseguir beneficiarse de «lo que pierde el adversario». Las noticias electorales, a

más del declinar socialista, en síntesis son éstas: La fulgurante ascensión del CDS de Suárez, que se nutre

de votos del PSOE, del PDP (los absorbe en su casi totalidad) y de AP. La afirmación, al alza, de

Izquierda Unida, que podrá arbitrar nuevas composiciones de Gobierno... o negar su apoyo al PSOE,

dejándole al pairo y en minoría solitaria en no pocos ayuntamientos. La expansión de Herri Batasuna,

dentro y fuera del País Vasco, con presencia asegurada en Estrasburgo. Y el despegue, con pujante

musculatura, de los partidos regionales en Aragón, Andalucía, Navarra, Valencia, Canarias...

Todo ello lleva a varias conclusiones. Una, el pueblo cuando quiere castiga a sus gobernantes. Esta vez ha

querido. Dos, se ha votado en cantidad, con nuevos porcentajes de participación más altos hasta la fecha,

y se ha conseguido romper la inercia de un falso bipartidismo. Tres, el nuevo diseño político nos retrotrae

al año 79 con cuatro o más fuerzas protagonistas de precarios equilibrios en cada punto del mapa; mapa

que se torna tan ágil como frágil y necesitado de pactos y consensos. Y cuatro, la sociedad ha querido

retratarse tal como es: plural. Es decir, los españoles «se han movido»; se han movido... pero han salido

en la foto.

 

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