La ruta del hambre (y V). 
 Andalucía a punto de reventar     
 
 Diario 16.    13/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

Andalucía a punto de reventar

MADRID, 13 (D16). —Más de 150.000 campesinos andaluces sin trabajo, cifra que se dobla con el

sector industrial, familias enteras acosadas por el hambre, niños de ocho años explotados —como en la

mejor época de la Revolución Industrial— en la recogida del algodón, ancianos, de Palma del Río que se

mueren de puro asco porque no se les arregla "lo de la pensión", pueblos fantasmas, semiabandonados y a

punto de caerse, hombres como templos que aún se quitan el sombrero reverencialmente cuando pasa el

patrón; mujeres, sin embargo, que desafían a los guardias y acometen las faenas, duras del campo;

huelgas, manifestaciones, enfrentamientos con las Fuerzas del Orden... Esta es la crónica imposible de un

viaje a la miseria. Bordeando Las Hurdes, pero sin adentrarse —por no rozar él tópico— hasta las Negras,

donde la carretera se hace, desmonte y termina el Mediterráneo.

Conflictividad

Los jornaleros ya no pueden trabajar. Ellos son conscientes de la gravedad de la situación y del

empeoramiento progresivo de la misma: "El campo está que revienta —dicen—; esta es 1a crisis más

grave." Por ello los agricultores de Sevilla y Cádiz protagonizaron, en los primeros días del verano,

huelgas reivindicativas en los cultivos de arroz, melocotón y remolacha. Esta primera llamada movilizó a

más de 20.000 obreros, que centraron sus esfuerzos en la lucha contra el paro y la inflación.

Otros precedentes inmediatos a este verano caliente son las jornadas de lucha del 17 de marzo y 15 de

abril, Luego, desde mediados de junio, el único objetivo fue buscar una salida angustiosa a la situación

planteada por el paro. Sobré estas fechas, los campesinos del bajo Guadalquivir sacaron sus tractores a las

carreteras, en protesta contra las fumigaciones aéreas de los grandes del arroz, que estaban acabando con

el algodón, clave de la economía de estos pequeños campesinos.

Algunos días después se produjo en La Campana, pueblo situado en la vega del Guadalquivir, uno de los

primeros hitos, a partir del cual todo el campo andaluz quedó marcado por el estigma de la lucha colectiva

y unificada como único medio para defender sus intereses.

Decidió el patrón

"Al patrón -—cuentan testigos directos del hecho—, que había discutido con los trabajadores por

una cuestión de salario, no se le ocurrió otra cosa que ilamar a la Guardia Civil..Los guardias se

presentaron a medianoche en casa de dos trabajadores y se los llevaron detenidos. La gente, entonces,

empezó a levantarse y, alrededor de quinientas personas se concentraron frente al cuartelillo. Se pidieron

refuerzos a Lora y a Carmona. Al día siguiente La Campana se declaró en huelga, y se realizó, una gran

concentración en la plaza del pueblo. Decidirnos luego hacer una marcha a pie hasta Carmena, donde la

Guardia Civil nos cerró el paso. Mientras tanto, nos notificaron que los campesinos detenidos ya habían

sido puestos en libertad." Tras esté primer, toque de alarma el conflicto se extendió a la remolacha. Más

de quince mil jornaleros fueron a la huelga para desembocar en los recientes enfrentamientos en Pruna,

donde las Fuerzas del Orden cargaron indiscriminadamente golpeando, entre otros, a mujeres

embarazadas.

Cientos de escritos

Frente a esta fuerte represión, la lucha contra el paro forzoso que los campesinos andaluces llevan a cabo,

encuentra un amplio eco en otras capas populares. De otra forma, no hubiera sido posible que en veinte

días se realizasen cinco huelgas totales que paralizaron a cincuenta mil habitantes, repartidos entre las

localidades de Brenes, Osuna, Casariche, Badalatosa y Puebla de Cazalla. Al mismo tiempo que se

producían estas acciones de protesta, directas y externas, cientos de escritos firmados por los campesinos,

dirigidos a los gobernadores civiles, alcaldes e incluso al presidente del Gobierno, denunciando

sistemática-mente "la catastrófica situación de los trabajadores del campo". Mientras las respuestas

oficiales tardan en llegar, los campesinos intentan desmontar el antiguo tinglado. "Hemos de señalar —

comentaron a D16— la presencia de personas identificadas con la dictadura al frente de las delegaciones

ministeriales, gobernadores civiles y alcaldías, que han constituido un permanente freno a las iniciativas

contra el paro."

También en Sanlúcar "Son conocidos los trágicos sucesos, promovidos por la intervención de la Fuerza

Pública —continúan los mismos campesinos— en Sanlúcar de Barrameda, Osuna y Sevilla, y la actitud

nefasta de algunas autoridades. Por ello exigiremos la sustitución de estas personas y, por otro lado, él

control de los fondos de inversion, con los que se ha tratado de combatir el paro."

Empleo comunitario

Las recientes subvenciones concedidas por el Gobierno al campo andaluz no convencen a nadie. El

escepticismo continúa y se califica de "par-cheristas" tales medidas. "Más que una decisión económica y

social —dijeron labradores de Córdoba— es de política y de un intento de alcanzar prestigio."

El significado de empleo comunitario es, por lo menos, decisivo, en tanto que ha sido una de las

consecuencias más inmediatas obtenidas por las luchas de los campesinos.

Las críticas, que se formulan desde diversos ángulos, a esta táctica coinciden en lo esencial. Se habla de

criterios "extraños y unilaterales", de reparto de los fondos y de la escasez de los mismos. Hay

demasiados pueblos en los que el dinero recibido apenas sirvió para dar trabajo durante pocos días a los

2.500 parados de Sanlúcar, a los 300 de Brenes, a los de Bujalance, que presentan un claro ejemplo de la

actual situación.

Añaden los trabajadores que "el empleo comunitario, donde lo hay, es insuficiente; apenas reparte

beneficios al pueblo su administración, ajena a los campesinos, presenta graves irregularidades". Para

ello, un simple botón de muestra: en Brenes, el municipio pensaba utilizar estos fondos para mejorar

urbanísticamente el pueblo, y se pensaba añadir a este dinero una contribución especial que tenían que

haber abonado los vecinos. La protesta de los trabajadores del campo no se hizo esperar y ello obligó al

Ayuntamiento a dar marcha atrás.

Firmas para nada

En otros pueblos, como Alga-manitos y Cabezas de San Juan, se adeudaban salarios por, jornadas de

trabajo a los parados, y se les hacía trabajar previa firma de un documento, en el que el jornalero

reconocía que no iba a cobrar. Otra irregularidad ha sido la adjudicación de estos fondos a entidades

privadas, que disponían así de una mano de obra de segundo orden.

Distintos sectores del campesinado que han exigido intervenir en el control de las subvenciones resumen

sus críticas al empleo comunitario en los siguientes puntos: insuficiencia de esta ayuda para paliar el paro,

irregularidades en el envío, administración en prejuicio de los obreros y vecinos y la pésima utilización de

los mismos, respecto a las necesidades infraestructurales de los pueblos.

En algunas localidades, como por ejemplo Gerena, donde los fondos estaban parcialmente controlados

por los trabajadores, la situación es completamente distinta y más saneada la administración.

Las causas

Para algunas centrales sindicales, las, raíces del paro agrícola forzoso, arrancan de una mecanización sin

alternativa para la mano de obra, que queda desocupada. Mecanización fomentada por anteriores

Gobiernos y que beneficia fundamentalmente a los grandes propietarios. A esto hay que añadir la "nada

clara política de precios agrarios", que ha motivado el que muchos agricultores acometiesen cultivos de

gran rendimiento y escasa mano de obra. Finalmente, la masiva utilización y el escaso tiempo concedido

a herbicidas, fertilizantes y semillas seleccionadas. Al rebasar los márgenes de beneficios de los que se

aprovechan las multinacionales—, impulsan a los propietarios a reducir la contratación de personal.

A estas causas estructurales es preciso añadir alguna otra de tipo coyuntural, que han contribuido a que

este año las posibilidades de puestos de trabajo sean notablemente inferiores. La obligada vuelta al

campo, como consecuencia de la crisis económica capitalista, de aquellos que en su día tuvieron que

abandonar sus hogares, y las condiciones climatológicas adversas de esta temporada, las inadecuada

compensaciones económicas oficiales, son otras causas circunstanciales, susceptibles de volver a repetiré.

 

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