Autor: Contreras, Lorenzo. 
   La Crisis     
 
 ABC.    11/06/1987.  Página: 37. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

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Cuaderno de notas

LA CRISIS

LA inmediata expectativa política, tras las elecciones municipales, autonómicas y europeas, es la crisis de

Gobierno. Aunque algunos prefieren una denominación menos rotunda para lo que no pasa de ser

remodelación de algunos departamentos, cabe precisar que al estar concernidos por la posibilidad de los

cambios ministeriales nada menos que Economía y Hacienda e Interior, la realidad se aproxima a la

noción de crisis. No se olvide tampoco que Defensa, cuyo titular, don Narciso Serra, ha defendido

públicamente su propia salida para pasar a Economía, entra en los cálculos que en estos días elaboran los

observadores. Algo más que conjeturas. Lo cual no quiere decir que Felipe González deje de reservarse

una baza importantísima, aunque cargada de graves inconvenientes: la de no hacer nada, como, dada su

condición hamletiana, ha solido ocurrir en delicados momentos de su gestión. El actual presidente del

Gobierno es de los que se pueden apuntar, visto su carácter e incluso su temperamento, al viejo dicho de

que en tiempos de agitación conviene no hacer mudanza. - La clave para la espera está «n Defensa. El

señor. Serra, a diferencia de varios de sus colegas de Gabinete, no merece la calificación de «quemado».

Y, sin embargo, ha sido en su Ministerio donde se han producido dos significativas «deserciones»,

palabra demasiado fuerte para describir lo que no pasa de ser un par de salidas convenidas y ampliamente

anunciadas: la de Eduardo Serra, secretario de Estado de dicho departamento, y Luis Reverter, jefe de la

DRISDE o Dirección de Relaciones Informativas y Sociales de la Defensa. Como cabe presumir, estos

dos anuncios, hechos desde el Ministerio de hombre tan sólido como Serra en a conceptuactón del propio

Felipe González, no puede estar carente de significación. Tiende a demostrar el principio de la

demolición. Indicios a los que se une la circunstancia de que haya sido un hombre tan cauto e inteligente

como don Antonio Pedrol el que haya abierto desde posiciones civiles y no oficiales, la crítica de

profundidad contra la política fiscal de Garios Solchaga. Quizá no haga falta, ante la contundencia de

estos datos, recordar hasta qué punto la crítica de UGT contra el ministro más importante de entre los

presuntos salientes abona la creencia o la conjetura referidas al cambio que se avecina. El único enigma

que plantean todos estos gestos o apariencias es que se hayan producido en plena campaña electoral.

Nicolás Redondo, por ejemplo, no tuvo inconveniente en buscar durante una reunión pública con Juan

Barranco y Joaquín Le-guina, aspirantes respectivamente, entonces, a la Alcaldía y a la Comunidad

Autónoma de Madrid, la descalificación política del ministro de Economía y Hacienda. Y, en efecto,

ambos candidatos hicieron un relativo escarnio de esa política. El enigma del momento elegido, sin

embargo, no anula la presunción de crisis, sino que la vigoriza. La combinación ministerial que los

cambios producirían no parece ofrecer demasiadas dificultades prácticas. Narciso Serra en Economía

viste perfectamente el cargo, como corresponde a un economista de carrera y ampliamente ejercitado en

la Alcaldía de Barcelona. Sobre Interior cabe decir que los asuntos del Ministerio, desde hace algún

tiempo, los lleva fundamentalmente el secretario de Estado Rafael Vera, personaje que puede elevarse a la

titularidad del departamento si Felipe González no comete el error de designar al actual director general

de la Policía, señor Rodríguez Colorado, cuyas aptitudes resultan a estas alturas todo un problema de fe.

En el propio Ministerio de Defensa, cabe apostar por el subsecretario Suarez Pertierra, sin perjuicio de

reconocer que este departamento no sería provisto sin pasar por el consejo directo del propio ministro

saliente.

Lorenzo CONTRERAS

 

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