Elecciones Generales. Las grandes opciones electorales (y VI) Federación Democracia Cristiana. Ruiz-Giménez. 
 Defenderemos el estado federal en las Cortes     
 
 Diario 16.    13/06/1977.  Página: 20-21. Páginas: 2. Párrafos: 29. 

20/ELECCIONES GENERALES

LAS GRANDES OPCIONES ELECTORALES ív

Lunes- -13- jur

Ruiz-Giménes

Defenderemos el Estado

Federal en las Cortes

Joaquin Ruiz-Giménez Cortés provoiene «le una familia de flemshas de toda la vida, aunque su abuelo,

brigadier, se su-toíevara en Cádiz a favor de la República. Su padre fue ministro de Educación Nacional y

de Gobernación y, postsriormen-í*5 alcalde de Madrid.

Sin haber sido nunca, un franquista típico, Ruiz-Giménez al-eañzó los máximos cargos Que el franquismo

permitía: fue el «omtoajador español más joven; tenía treinta y cinco años cuaii-«So> Castíella le envió a

la Santa Sede. Tenía treinta y ocho años cuando fue nombrado ministro de Educación Nacional. Te-B.Éa

cuarenta y tres cuando fue fulminantemente destituido, tes unos tumultos en la Universidad/Luego, a

instancias del entonces ministro {Secretario del Movimiento, José Solís, fue inombmdo consejero

nacional por designación de Ftaitco. Dimitió del cargo en 1965, ocho años" después de haber tomado

posesidn j tras provocar la abierta hostilidad de los sectores más "piaros" de las Cortes.

Hoy, a sus sesenta y cuatro años, Ruiz- Giménez, catedrático de Filosofía del Derecho, se ha ganado un

puesto de preeminen cía «¡n la oposición democrática. Desde 1968, fecha en oue fu nombrado presidente

de Izquierda Demócrata Cristiana, el partido que fundara Giménez Fernández, Ruiz-Giménez ha

simboliado el embrión del todavía no nacido gran partido demacra-ta-cristiano en España. Al constituirse

Ja Federación de la Democracia Cristiana, entre Iquierda Democrática y la, Federación Popula*

Democrática de Gil-Robles, Ruiz-Giménez fue nombrado presidente. Este podría ser, según muchos

indicios, el cargo que les corresponda cuando la FDC celebre sw congreso constituyente como partido,

.probablemente en otoño Ruiz-Giménez es im hombre dubitativo. Sus manos, de movimientos «asi

clericales, lo muestran. Su propia manera de hablar. Puede que se haya equivocado en ocasiones, puede

que no haya mantenido con firmeza algunas posturas. El siempre aprovecha para hacer la autocrítica de

sus errores pasados. Nadie puede negarle una tremenda honestidad.

De las declaraciones sobre los pasos a dar en el futuro que hace Ruiz-Giménez, se desprende que la

Federación dé la Democracia Cristiana —FDC—, de la que él se constituye en portavoz, cuenta con un

programa nías o menos discutible, pero bastante más elaborado que el de muchos otros partidos y

coaliciones.

—La FDC¿ es consciente ae ia extraordinaria gravedad del momento económico. Por una parte, creemos

que las medidas a corto plazo deben de tomarse inmediatamente. Es tíeeir, en el instante ^n que Quede

constituido el Gobierno después de las elecciones, y que ´íes Cortes estén ya en funcionamiento, es

menester adoptar una serie de medidas para frenar la Inflación, tratar de cubrir en la mejor manera posible

el problema del paro e iniciar el proceso de reconversión económica. Las medidas para la inflación son

medidas clásicas: es decir, se tra-j&jle frenar hasta el máximo posible el gasto que no tea Indispensable y

se trata de proceder con austeridad. Pero en lo que más insiste te Democracia Cristiana es en (fue esa

lucha contra la inflación no gravite fundamentalmente sobre Ja* clases económicamente más débiles. Ahí

tiene que Jugar un papel enormemente importante el arma fiscal, sin perjuicio de una reforma fiscal más

honda; ésta tiene que venir en un´segando momento, aunque se Inicien los trabajos lo antes posible, ya

dentro de las Cortes. Creemos que, por de pronto, 3a$ medidas fiscales pueden consistir en que se haga

sracho más real la presión fiscal sobre los sectores de patrimonio y de renta, y se desgrave en la medida

de lo posible lo que afecta al trábalo personal por debajo de ciertos niveles y la contribución a te

Seguridad Social.

El tema del paro´ es uno 3e los grandes problemas hu-aaanos que la sociedad española, si de verdad

adopta una letitud democrática y de so-Maridad, tendrá que abordar Inmediatamente. Y. sobre este Junto

Insistimos primero en «formar el ^sistema .de paro.

En tercer lugar, tenemos el problema del endeudamiento exterior. Acudir de momento a 3a ayuda exterior

es indispensable; naturalmente sería preferible que la ayuda exterior viniera en forma de inversiones, pero

no creemos que hasta que pase el momento de üas elecciones se recupere una cierta, confianza. La

confianza ño tiene que ser exclusivamente para los empresarios oue vayan a invertir más, también. de los

sectores del mundo del trabajo. Lo significativo es que los programas que casi todos tos partidos

proponen, desde Alianza Popular al Partido Comunista, coinciden en mu-efeas cosas; la diferencia fun-

damentas está ea quién va a JKJportar el peso más grande ae ia austeridad. Nosotros, er este punto,

coincidimos con lot partidos del mundo del trabajo: la austeridad debe d> pesar sobre los sectores qu«

tienen más posibilidades di soportar el sacrificio.

—La FDC, ¿va a defendei el pacto social en las Cortes?

—Depende de lo que entendamos por pacto social. Nosotros, al principio, hemos hablado de pacto social,

pero no en el sentido en que algunos partidos conservadores o partidos de la derecha lian preconizado. Si

por pacto social se entiende simplemente una especie de armisticio entre empresarios, capitalistas y traba-

jadores para una congelación de salarios, nosotros no concebimos que eso sea admisible; creemos que él

acuerdo tiene que ser con un Gobierno donde esté representado el mayor número posible ,de fuerzas

democráticas eii el marco de las Cortes. Nosotros hablamos más de un plan de reconversión económica y

social que dé un estricto pacto social, porque por pacto social, repito, se entiende simplemente un

armisticio de lucha entre trabajadores.. y empresarios.

Socializar, no nacionalizar

—IA FDC, ¿contempla algún tipo de nacionalizaciones?

—Nosotros empleamos más que la palabra "nacionalización" la palabra "socialización", porque la

consideramos más amplia. Cuando se habla de nacionalización, géneralmen.7 te se habla exclusivamente

dé la estatificaeión de determinadas empresas, determinados servicios públicos. Cómo defendemos una

estructura federativa del Estado, queremos emplear socialización para incluir todo aquel tipo de

transferencia de titularidad privada a titularidad pública, no sólo del Estado, sino también de las

comunidades regionales o incluso de las comunidades municipales.

Estimamos que tiene que haber un área propiamente socializada. Esta soeializac ion debe hacerse

gradualmente y cuando haya empezado - seriamente la recuperación económica de España; estimamos

que iniciar ahora una política de socialización no suficientemente planificada y no suficientemente

concordada con todos los sectores sociales puede contribuir & un desfonde todavía mayor de la

economía, con los resultados de toda índole que eso podía implicar.

Reforma agraria: Expropiar •´ latifundios

—Estimamos que es ineludible una reforma agraria; sobre, todo en la zona del mediodía de España.

Concebimos dos tipos de reforma agraria: una; que se basa más en una concentración de parcelas

disgregadas, y otro tipo de reforma agraria, que es la de la zona meridional. En la zona meridional

subsisten, aunque no queramos, enormes injusticias, enormes concentrado n e s de propiedad territorial en

una mano o en muy pocas manos. Las fincas de una determinada extensión territorial y que no estén

suficientemente cultivadas tienen que ser objeto dé .expropiación, de una expropiación garantizada jurídi-

camente y con una indemnización.

—¿Qué industrias monopolistas nacionalizaría la FDC? —Por ejemplo, Tabacalera, todos, los

monopolios "dónde nay participación a veces ae capital privado. Aquí hay «n punto que siempre se nos

pregunta: ¿Y la socialización de la Banca? Nosotros, en esté momento, no estimamos que se debiera

proceder a una socialización de la Banca; creemos que se deberían reforzar los bancos de carácter público

y disminuir o controlar grandemente los bancos privados, la intervención de los bancos privados en las

industrias, en las empresas; es decir, una cosa es el banco y otra las ramificaciones en las empresas.

Habría que orear una Banca especial, bien sea de carácter regional o de carácter general, para ¡a

financiación de las industrias del campo. En ese puntó estimamos que Hay un déficit muy grande. Esti-

mamos tambiéjn que hay que estimular y mejorar el funcionamiento de las Cajas de Ahorro. También

algunas de las empresas que se refieren a la explotación o extracción de materias primas deberían ser

objeto de socialización gradual.

^Multinacionales —Yo creo que la legislación debe estimular la presencia de apital extranjero, sobre todo

si queremos disminuir de una manera eficaz nuestra tasa de desempleo y reducir también la emigración.

Fomentar in* versiones de capital extranjero supone que en gran parte va a ser capital español evadido,

que va a volver en forma de inversiones extranjeras. Ese es un punto importante: alguno de nuestros

economistas, incluso marxistas, han propuesto una gran amnistía fiscal para tratar de adecuar la situación

real de la Hacienda y para facilitar también el retorno de lo® capitales. Bien, yo no sé si es conveniente o

no hablar d® amnistía íiseal,

pero sí, en todo caso, de facilidades, como lo han hecho en Italia últimamente.

Divorcio, sí; anticonceptivos, si; aborto, no

—En este punto yo quiero ser muy transparente, y no Jugar con equívocos. Nosotros, en nuestro

programa, hemos propuesto un matrimonio civil, que se contraería como base por todos los ciudadanos.

Ese matrimonio civil tendría un divorcio de carácter vincular, es decir, que permitiera la disolución de ese

vínculo, y, por consiguiente, la posibilidad de- que volvieran a contraer matrimonio los que ya lo hubieran

contraído Pero estimamos que, respecto al matrimonio religioso,, es la conciencia de cada uno de los

creyentes la que tiene que ser respetada.

En cuanto al aborto: No al aborto libre e indiscriminado. Nosotros creemos que en este punto no debemos

andar con tapujos. En cambio, creemos que ej tema del aborto^ hay que abordarlo dentro de un plan

jurídico nuevo, social y moral nuevo de regulación del derecho de familia. Es decir, nosotros estimamos

que hay que modificar todas las normas que hacen referencia a la distinción entre hijos legítimos e

ilegítimos, en todos los órdenes, incluyendo el de los apellidos. Creemos que hay que (adoptar posiciones

muchísimo más comprensibles, ñiuchí-Bimo más cooperativas, con la madre soltera; creemos que 5iay

que despenalizar por completo el uso de los contraceptivos, incluso con cargó a la Seguridad Social. Lo

que sí admitiríamos es el aborto terapéutico; es decir, el aborto por consejo y dictamen médico en los

casos de peligro para la salud física o mental.de la madre.

Enseñanza

En este punto, tres, aspectos absolutamente claros. Primero, somos partidarios de una enseñanza gratuita

obligatoria para todos los españoles hasta la edad de dieciséis años. Segundo, creemos qué eso no se

puede conseguir más que que concibiendo la enseñanza como un gran servicio público, no estatificado,

sino un gran servicio socializado autogestionario. La estructura del Estado español que nosotros

preconizamos ee una estructura federal: todo lo que haga referencia á la enseñanza será competencia de

las regiones, no será competencia ti«l Estado general o del Estado federal, sino de las comunidades

federadas. Si to&xs los centros son´gratuitos y- la enseñanza es obligatoria, habrá lina plena libertad de

los propios alumnos para etegir «nos centros donde acoplarse. Para realizar esto no ftay más que una

solución: un impuesto especialmente dedicado al sostenimiento de ese gran servicio público. Un impuesto

que, como ocurre en Bélgica o en Alemania se distribuye proporcionalmente a la población docente que

se absorbe por los distintos centros. Para ser sinceros, no admitimos una escuela única estatal, estimamos

que debe de haber libertad en este punto. En cambio, en el aspecto de la enseñanza religiosa, creemos que

no debe ser obligatoria esta enseñanza en ningún centro; pero hay que dar las facilidades suficientes para

que los alumnos cuyos padres deseen que tengan «na formación ética o religiosa, sea de la religión que

sea, puedan" tener el tiempo necesario para ello.

Televisión estatal

Yo me inclinaría porque la televisión siguiera siendo esta,-í-al, o por lo menos pública. Creemos que debe

ser pública porque la gran verdad es que dado el * esfuerzo material que supone la televisión, si >eae en

manos privadas, caerá en manos de grandes empresas más bien monopolistas y tendrá un aire más bien de

tipo comercial y de tipo publicitario que cultural. Ahora, una cosa es que la televisión sea pública y otra

cosa es que esté al servicio dé un Gobierno o de un régimen político. Nosotros creemos que la televi-sián

tiene que ser dirigida por un consejo plural en el que estén representadas las- distintas centrales sociales,

especialmente la representación parlamentaria.

Federalismo, quizá todavía no triunfe

La FDC ha defendido desde su fundación, hace ya varios años, la idea federativa. Más en concreto, hemos

empleado la expresión "Estado federal". Nosotros hemos ido poco a poco desdramatizando la expresión

"Estado federal" y la idea de federalismo, y lo hemos venido haciendo hombres que no pertenecemos a las

llamadas regiones periféricas^ Los hombres de FDC que lleguemos a las Cortes, o los que lleguen a las

Cortes, defenderán en principio la definición de estructura federal del Estado. Porque estimamos que . es

ía solución definitiva.

—¿Cómo se articula esta estructura federal?

—Consiste en un-sistema de lo que llaman los juristas y políticos delegación de competencias políticas

entre el Estado federal y las comunidades, llamémoslas de momento comunidades federadas, por virtud

del cual una serie de potestades y de servicios están a cargo del Estado general, el Estado federal,

mientras que los demás los ejercen, a trayés de órganos, no solamente de autonomía administrativa, sino

también de autonomía normativa política, las comunidades regionales. Es muy posible que en las Cortes

no haya una mayoría bastante para que prospere la definición de España como Estado federal: es posible

que no. Entonces, nosotros apoyaríamos una segunda hipótesis, que sería la de que el Estado español se

considerara como un Estado articulado en comunidades regionales con un sistema de estatutos. Lo que

realmente nosotros •consideraríamos que es un (grave error en este momento, >eería una especie de

estatutos (privilegiados para unos y estatutos de segunda para otros. jEn España se ha dramatizado iya

tanto el problema de las regiones, que hay en casi todas las regiones españolas, Aragón, Castilla, no

digamos Andalu-eía y Canarias, el sentimiento ^autonomista regional, es hoy ¡fuertísimo, y a yeoes

hasta agresivo. No .solamente agresivo frente a Madrid, es decir, írente al centralismo de Madrid, sino

agresivo frente a las nacionalidades o pueblos; el auge especialmente de Cataluña y del País Vasco,

porque no se puede hablar del auge de Galicia (el problema gallego es completamente distinto) haes que

sean vistos como los hermanos rivales. Esto .no es justo, porque evidentemente Cataluña y el País Vasco

han puesto una enorme cantidad de inteligencia, >fe esfuerzo, de sacrificio y de trabajo propio en su

desarrollo. Pero sí es verdad qué la aportación de la mano de obra del sur, y, la zona meridional ha

sido mray grande en esas dos regiones, A veces se ha oído en los ambientes del Gobterno la posibilidad

de que el tema regional se deje para una ley especial pero no constitucional; a nosotros eso nos parecería

gra-TC, nosotros creemos que debe incluirse el principio dé las autonomías regionales en la propia

Constitución.

Menos burocracia

oí el Estado es de tipo federativo, con comunidades regionales potentes, en un sistema de delegación de

competencias, ia reforma administrativa sería mucho más profunda. Habría que empezar por todo lo que

es ramificación de la Administración Pública Central en las distintas regiones. .Es posible queTesas

regiones pidan qué sus funcionarios fueran de su propia regionalidad, lo cual ya entrañaría un problema

serio: habría que tener un cierto sistema de vasos comunicantes en cuanto a los funciona-r ños, aunque

aspirando cada vez mas a una creciente regio-nalización, incluso del personal que estuviera al servicio

,!de la Administración,

En segundo término, hay que afrontar el problema enormemente serio de la remuneración de los

funcionarios. Al mismo tiempo, estimamos que hay sectores de la Administración sobrecargados de

burocracia, mientras que hay otros sectores infradotados de funcionarios. Por ejemplo, los catedráticos y

profesores somos también funcionarios y no cabe duda que hay un déficit de funcionarios docentes, a

nivel del gran servicio público de educación que hay que promover,, y hay superávit en • otros sectores,

como los municipales. Creo que hay también una sobrecarga de personal en las Fuerzas Armadas .y en las

fuerzas de seguridad, etcétera.

—¿Y la reforma. aáminfc-tufativa de ios Ministerios?

—En principio, sobre rodo en estos momentos en que habría que ir a una reducción del gasto público que

no. sea esencial, no se trata de crear más Ministerios, sino de distribuir mejor las competencias y

raeteiálizar mejor el fundbna-miento de los distintos Ministerios. Quizá con una excepción, o talvéz dos.

Una, crear un gran Ministerio de Sanidad y Ecología, porque esto´ es muy importante.

 

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