Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
 Elecciones. 
 La pantalla mágica     
 
 Informaciones.    14/06/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LA PANTALLA MÁGICA

Por Abel HERNÁNDEZ

Los dirigentes de las principales formaciones políticas se asomaron anoche en fila india a la pantalla

mágica de televisión. Fue la traca final de la campaña, el. gran mitin compartido por todos, las encan-

tadoras promesas de futuro. En Prado del Rey culminaba la carrera, por el voto. La RTVE. ha mantenido

durante toda la campaña la más exquisita neutralidad, Nadie, con justicia, podrá acusar a Radio Nacional

v a Televisión Española de haber intentado arrimar el ascua a la sardina. El juego limpio ha sido evidente

y con ello el poderoso organismo estatal ha presíado un impagable servicio a la democracia. La suerte le

deparó al presidente Suárez,. cabeza .de la U.C.D., abrir el programa estelar. Su intervención descolló

sobre todas las demás. Los españoles tenían delante a un estadista. La ventaja de Suárez es que se las sabe

todas y que es audaz. El teño y el estilo inspiraban confianza a los ciudadanos. Uno quedaba convencido

de que la cosa pública estaba en buenas manos. Trazó, sin utopias, un verdadera programa de Gobierno,

con los pies en el suelo. El profesor Tierno dio la impresión de que tenia ya una cartera ministerial en la

mano (cosa, por lo demás, "probable). Con un paternalismo nada ofensivo, parecía el profesor o el padre

espiritual de todos los españoles. Su intervención, hundía sus raíces en el más lúcido posibilismo.

Luego vino Carrillo, cuyo subconsciente te traicionó, La guerra civil sigue atenazándole el alma. A veces

parecía un anciano y benemérito cura rural y otras veces se arriscaba en los «liberadores» asuntos del

divorcio, la pildora y él aborto. El patrón del eurocomunismo sabe, de todas formas, lo que quiere. Y

trabaja a plazo largo. Felipe González se repitió a si misino. Con sus tres intervenciones televisadas, ha

dado la sensación de que su gama de recursos es corta. Tiene an cierto aire de «play-boy» y parece que le

preocupa más el P.S.O.E. que el país. Habla con desparpajo y seguridad, y se siente estrella. Don Manuel

Fraga es, inevitablemente, un ciclón. Empezó suave, casi pidiendo perdón, y fue «desencadenándose»

poco a poco. Fraga se equivocó de formación política el pasado verano. Este gallego honrado comete

errores, pero da la sensación —y parece que es cierto— que es uno de los políticos españoles que más

amor apasionado demuestra por España y de una trayectoria personal más limpia. La honradez y la fuerza

son sus virtudes. Dice lo que siente y siente lo que dice, cosa rara, en un político, mala cosa para un

político. Los falangista «auténticos», encabezados por Pedro Conde, le recordaban a uno a los

«montoneros». Mezclan a José Antonio con Krivine y sale un coctel explosivo. Cantarero —el bueno de

Cantarero—- cogió tono mitinero para hablar de la reconciliación nacional. Se equivocó de tono.

Cantarero almacena dentro bondad a borbotones, pero le falta picardía política. El maoísia Eladio García

Castro, interrogado por Mario Rodríguez Aragón, parecía, tan repeinado y engomado, tan en-corbatado y

tan plucro, más que un revolucionario, un buen burgués; de los años veinte. Los del Equipo de la Be-

mocracia Cristiana — Gil-Robles, Monrabal, Canyélles y Ruiz-Giménez—- estaban maltrechos del duro

bregar. Sé les notaba. Parece que les preocupa la tesorería. Su intervención fue probablemente la más

penosa de todas. Ningún marxista se definió marxista. ¿Por qué tendrán los de izquierdas tanto miedo a su

apellido? /Prevalecieron los políticos sureños: los «ceceos» y los úsaseos». Mañana, cada uno de ellos se

dispondrá a llenar las alforjas de votos. Algunas alforjas pueden quedar casi vacías. Pero ya han hablado a

los españoles desde la mágica pantalla, que no es poco.

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