Autor: Narbona, Francisco. 
   El drama de los pesqueros andaluces     
 
 Arriba.    22/05/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 5. 

ANDALUCIA

EL DRAMA DE LOS PESQUEROS ANDALUCES

La muerte de Antonio Real Sosa, el tripulante del pesquero de isla Cristina, «Filo-Ami»,

alcanzado por ráfagas de ametralladora cuando faenaba en aguas portuguesas frente a Vila

Real de Santo Antonio, ha suscitado no sólo hondo pesar en Huelva y su provincia, sino

también clara preocupación de cara al futuro. Hasta ahora eran los marroquíes los que se

dedicaran a la caza del pesquero español, a pesar de las buenas relaciones Madrid-Rabat, de

los acuerdos y de todo eso de «la buena amistad de los países árabes». Ahora, en todo el

litoral meridional de Andalucía, desde Ayamonte a Almería, armadores y tripulantes se abre

paso una nueva amenaza. Resulta que también nuestros vecinos portugueses van a inaugurar

malos modos a la hora de reprimir la pesca en sus aguas.

Aunque las versiones facilitadas por las autoridades lisboetas y las recogidas de labios de los

marineros del "Filo-Ami" no concuerdan parece cierto que el pesquero onubense estaba «fuera

de juego», en flagrante infracción. Aún así resulta chocante que se utilicen medios tan

contundentes y de consecuencias irreparables para resolver estas cuestiones. La gente se

pregunta, cuando tiene noticia de estos atentados o de la captura de algún barco nuestro, si es

que los «demás» no se meten nunca a faenar en aguas españolas. No recordamos,

efectivamente, ninguna presa de embarcaciones ajenas por parte de nuestros patrulleros

armados. En Ceuta, me contaban cómo los marroquíes asaltaban a nuestros pesqueros

delante de nuestras propias narices, cuando un disparo de cañón a tiempo podría haberles

amparado. «Pero luego dirían —me explicaban— que era una provocación imperialista.» Quizá

no se haya insistido lo suficiente a la hora de presentar eI drama de los pescadores andaluces,

que han visto mermadas sus posibilidades de trabajo, en algunos casos en un 80 por 100,

desde que se abrió la veda de la caza y captura del pesquero hispano. Millares de familias han

visto reducidos sus ingresos, aparte de lamentar las calamidades que el apresamiento entraña

para los tripulantes.

Sucedió en Los Palacios, un blanco pueblecito a dos pasos de Sevilla. Se había reparado la

iglesia parroquial y, mediante suscripción de los fieles, se había costeado el encalado de su

fachada. «Había quedado, afirmaban los vecinos, como una paloma.» Pero durante la noche

fueron allá los muchachitos del PCE y llenaron los muros de propaganda, anunciando la

libertad y la democracia que Santiago Carrillo ofrece. Cuando a la mañana siguiente —que era

domingo— se descubrió la faena, la indignación fue general. Las mujeres, en particular,

clamaban contra el desatino. No pocos caballeros fueron invitados por sus esposas o hijas a

intervenir. «¿O es que no hay ríñones en este pueblo para evitar que ensucien las Iglesias?»,

decían las más jóvenes y resueltas. Las viejas se santiguaban y recordaban los incendios de

1936. «Se empieza así y se acaba destruyendo los templos.» Total, que algunos vecinos,

provistos de escaleras y cubos de agua, acudieron a dejar limpia de carteles la fachada.

Cuando estaban ya encalando se presentaron los guardias civiles —el cuartel está frente a la

iglesia— y se llevaron con ellos a los arrancadores. «Es un delito —explicaron— estropear la

propaganda electoral ajena.» En vano replicaron los vecinos que la fachada de la iglesia no era

lugar a propósito para tal exhibición.

Por lo que me contaron, resultó impresionante «el servicio de orden» montado por el PCE en el

mitin de Dos Hermanas. Se explica que quienes pensaban alzar la voz contra el

«conformismo» de Carrillo se quedaran inéditos. Sé de una militante de un grupo feminista de

extrema izquierda que cuando Amparo Rubiales, candidato comunista al Senado, explicaba

cómo el Partido valoraba la participación de la mujer en la vida pública y decía que había tenido

siempre en cuenta su opinión, se levantó y gritó: «¿Y cuándo se nos ha preguntado eso de

aceptar la Monarquía y la bandera bicolor?» Al Instante, dos «gorilas» le aplicaron sus garras

sobre los hombros y te amenazaron: «O te callas o vas a ir a casa con la boca partida.»

Naturalmente, la pobre se calló.

Francisco MARBONA

(SevilIa)

Domingo 22 mayo 1977

 

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