El tiempo no es imparcial     
 
 Diario 16.    14/06/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Cuando a punto de culminar la apoteosis del mitin todo el mando, incluidos los líderes, se aprestaba a

ponerse el disfraz de la neutralidad —que hoy es día de reflexión, una jomada individualista y sin

colores—, llega el tiempo y se manifiesta, a rostro descubierto, ab-solutamente parcial. El tiempo, es

evidente, se ha pronunciado por la derecha. No se comprende si no su cambio de ac-títud en sólo

veinticuatro horas. El domingo, que era una fecha gloriosamente "pecé", con fiesta prevista para clamor y

multitudes en Torrelodones, van las nubes y se ponen a descargar con una imprudencia grosera. En tanto

que ayer, lunes, ante el gran encuentro de "apé" en la plaza de las Ventas, los mismos elementos

atmosféricos —las nubes bellas y maravillosas que anhelara Baude-laire o alguien así— se mantuvieran

de una pasividad y, en suma, de un colaboracionismo exquisitos. La culpa la ha tenido la Feria del Libro,

que, pese a mantener una teórica actitud de centro —lo bueno de ambos costados—, se ha ganado, de

antiguo, ana obcecada enemistad de las borrascas. Debe ser, porque el libro, incluso el del buen amor,

conlleva siempre una posibilidad y un talante sospechosos. Y ante la duda, chaparrón. Si el final de la

campaña electoral no hubiese coincidido con el de la Feria del Libro, la cosa ésta del prometer Españas

hubiese quedado como menos húmeda. O sea, más normal. ¿Cómo no se tuvo en cuenta este accidente?

Aunque no faltan lenguas —viperinas, por supuesto— que dicen que la coincidencia bibliófilo-política en

el calendario fue ecuménicamente celebrada por los partidos. ¿Para qué? Para fastidiar al contrario.

Sabido es que entre los medios para impetrar la lluvia y obtener una respuesta eficaz, ninguno mejor que

el libro. Se saca un libro a la calle y, al instante, se merece la gracia celestial de un no desdeñable goteo.

Cuanto más si lo sacado es toda la producción editorial del país. En ese caso, el favor es el diluvio. Que,

convenientemente orientado, puede provocar verdaderas inundaciones, con los subsiguientes riesgos de

constipados y gripes, en el fervor de la concurrencia. Hasta que las isóbaras —¡fuera máscaras! se

declararon de derechas... Bueno: será un dato con el que se habrá de contar en el futuro. De momento, hay

que desear que por un día —el de mañana— el tiempo se comporte en pían democrático —nubes y cla-

ros, por ejemplo— y el personal pueda votar en paz.

 

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