Autor: Fuster i Ortells, Joan. 
   Maneras de pagar el gasto     
 
 Informaciones.    08/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Por Joan FUSTER

Un motivo de unas elecciones giífe ya se anuncian come próximas, dos políticos y los que no somos polí-

ticos no; podemos evitar un primer recelo ante el coste presumible cíe la operación. Desde luego, la

libertad siempre es cara cualquier libertad Y lo son también las llamadas´ «-libertades públicas». más

tendremos que rascarnos el bolsillo cuanto mayor margen de desenvoltura se nos atribuya. Supongo que

no faltará alguien que nos recuerde la baratura —aparente, sin duda— de la autocracia Pero el caso no es

este, Lo mejor que puede hacer el contribuyente es no discutir la contribución, entre otras razones porque

no conseguirá nada y tendrá que abonar algún recargo Si la recaudación queda finalmente bien aplicada

—lo cual no dejara de ser muy relativo--, demos .gracias a Dios, y hasta el año que viene, Lo que inquieta

es la idea, cada vez más comentada, dé que no sólo tendremos que pagar las elecciones en sí, es decir el

sistema y su funcionamiento, sino además tendremos que pagar a los partidos que entren en liza O sea; a

través del procedimiento tributario habitual, el vecindario financiará, en todo o en parte, la martingala

electoral de los candidatos.

No será precisamente una invención autóctona, en efecto. Hay unos cuantos países, al parecer, donde el

truco funciona. El Erario subvenciona a los partidos y, por consiguiente, el ciudadano, le guste o no, es

quien abona el apoyo. Ignoro los detalles de la maniobra. Cuentan que en la. Alemania Federal ocurre

otro tanto con las iglesias: cuándo tino hatee su "declaración de Impuestos -o algo semejante— ha de

indicar en una casilla del .correspondiente triplicado burocrático a qué confesión pertenece, y le cobran

para ella la cantidad asignada Y no se admite definirse como agnóstico o como ateo. aunque lo hiciese, le

harían pagar a uno la cuota de creyente. Me gustaría poder concretar el asunto; Porque, por ejemplo, si

aparece un creyente de una religión insólita, desapaciblemente minoritaria —un adorador de dioses

tribales centroafricanos, por ejemplo-—, ¿á dónde irá a parar su óbolo forzoso? Se parte de la premisa de

que los clérigos cumplen un «servicio público»; pero, en la práctica, sólo son ciertos clérigos los que se

benefician del mecanismo, no importa cuáles, luteranos, papistas, mormones. El remoto mago de la tribu

africana pasará la maño por la pared, y su cliente habrá sufragado para las otras sectas, Pues eso...

Espero que el paralelismo resulte fácil para él lector. La hipótesis de un contribuyente alemán tan extraño

como el que sugiero, será absurda, no importa. En política, ni en Alemania ni aquí, ni en ninguna parte,

sería absurda. De momento, y antes de empezar, ya disponemos de una gama amplia y matizada de

partidos, y no pocos son partidos minúsculos. Algunos prohombres se quejan de esa dispersión. «Así´ no

vamos a ninguna parte», rezongan. Puede que tengan razón. Pero, la tengan o no, el principio mismo de

esa «democracia» que todo quisque postula, comporta la posibilidad, el riesgo si se quiere, de que cada

cual monte su tienda con las esperanzas pertinentes el conseguir una parroquia mayoritaria Claro está, no

todas esas iniciativas pueden ser «mayoritarias». muchas han de resignarse a ser minoritarias Y el

problema se centra en el reparto de céntimos, si se establece la «financiación electoral» Por los rumores

que corren, el temor Inmediato es que sólo los «grandes partidos» saquen tajada, o saquen más tajada que

los «partidos medianos», Los «minipartídos» se quedarán sin nada, y hasta es probable que ni les dejen

ser «partidos». Se repetirá precisamente el • hecho de que los ricos serán más ricos y los pobres mas

pobres.

Tal vez mí suspicacia sea excesiva. Yo soy bastante primario en estas cosas, incluso robinsoniano, por

decirlo de algún modo Mi «partido» sería yo solo, y mi cupo de impuestos que se destinase a la política

no me sería devuelto. Se trataría de un fraude que me harían. Esas pocas pesetas —yo soy un miserable

jornalero de la escritura— equivaldrían al precio de un café o de; café y copa. Pero ni que fuese menos; la

trampa seguiría en pie. Un sector importante del electorado —y de los que no tienen voto: un nene nace y

ya paga contribución por el biberón y los pañales (y la clínica, y etc.), y así hasta la edad de las urnas—,

un importante sector del electorado y del no electorado, digo «pagaremos» la manutención de los

partidos, cuando nos serán ajenos por un motivo u otro. Y eso es una tomadura de pelo. Sea. como sea,

pienso que cada palo debería aguantar su vela, y que los devatos paguen su cura, ya que lo usan —los

habitantes del Estado español, seamos protestantes, incrédulos o adventistas del Séptimo Día, con-

tribuímos al sustento del clero papis-ta—, y que los militantes coticen a su partido directamente.

La «clase política» «clase dominante» por definición, con independencia de la coloración ideológica— ya

se las arreglará para extorsionarnos. Ellos «ellos»— se sienten «clase» y con intereses de «clase»

comunes: por eso cenan juntos, pactan se tutean, se arrodillan unos ante los otros con un impudor

glorioso, intrigan... Alguien pagará el´ despilfarro. Siempre fue asi. «La «sociedad política» se estatuyó,

en la oscuridad de los tiempos, cuando unos individuos fueron lo suficientemente listos o fuertes para

obligar a que los demás les «pagasen». La noción de «plusvalía», históricamente, surge de ahí... El intento

es que les paguemos Y no habrá mas remedio Tendremos que pagarles como hasta ahora y un poco más

Me pregunto si es necesario qué sea indiscriminadamente, La verdad es que uno se acerca a una barra y

toma una modesta cerveza, o compra un pan o un cepillo de dientes, unos zapatos, una entrada de cine, un

bocadillo de discutible entidad, lo que sea, y ya está pagando impuestos. Vivir es tributar Paciencia .Que

ese sacrificio del´ sudor de nuestra frente —plusvalía, ¿o no?— revierta en ayudas a la fauna dominante»,

no deja de ser una amarga aflicción... Ya lo veremos están —ellos— dispuestos a que les paguemos sus

tejemanejes. Y lo lograrán. Seremos cornudos y pagaremos" la "bebida, como suele decirse. En lia...

 

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