Autor: Gómez-Gil Caviró, Alfonso . 
   Democracia y porquería     
 
 Informaciones.    15/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

DEMOCRACIA Y PORQUERIA

El tumo puede inducir a error. No sé trata de una lucubración política ni de enjuiciar a la democracia

(líbreme Dios!), que ya pertenece al Parnaso de las ideas sacralizadas por la sociedad! del siglo XX. La

porquería a (que voy a referirme es real, tangible, física, y su relación con la democracia (inorgánica u

orgánica) parece evidente. Por lo menos con ciertas formas de entender la democracia, y especialmente, al

parecer, con la que algunos están tratando de implantar en nuestra Patria, Me refiero y ese afán que tienen

determinadas facciones que aspiran a defender sus ideas por el procedimiento de engorrinar los muros de

nuestros edificios con «pintadas» y adhesivos y esparcir profusa-mente por las calles de nuestras ciudades

proclamas y octavillas.

Si la democracia, entre sus múltiples acepciones, significa respeto a los demás, no cabe, duda que esa

permanente agresión a la belleza que representa la suciedad generalizada, sobre, todo si esta suciedad

física va acompañada con otra espiritual que se traduce en malos modos, violencia y chabacanería, es,

precisamente la negación de |a verdadera democracia, de la auténtica libertad.

Por supuesto que en nada que esto hay política ni ideo-logia. Los que embadurnan tachadas o paredes de

aulas son los mismos gamberros, con nuevos y diversos collares políticos," que antes des-rozaban bancos

y fuentes publicas sólo por divertirse, pero que ahora han encontrado un estupendo pretexto y una

magnífica excusa en |a pequeña política para dar rienda suelta a su zafiedad. Esparcir porquería es el

primer escalón, la primera vuelta en una espiral de violencia que sigue luego por la rotura de escaparates,

quema de librerías, voladura de monumentos, palizas y peleas a palo limpio y que al final llega al

asesinato.

Pudiera pensarse que hay exageración al decir esto, pero yo no lo creo. Cuando la furia empieza a

desatarse nunca se sabe hasta dónde puede llegar. Y los que destruyen la fisonomía de las ciudades con

letreros.

Actos de odio y de soberbia cabe duda de que empieza ser locos furiosos. El fin nunca justifica los

medios. Si la sociedad humana tiende a un futuro sagrado de orden y belleza, éste lió Se podrá jamás

lograr a través de emporcamiento, aldad y desorden, por más que se intente justificar estas acciones con

ideales más 6. menos nobles. Ni siquiera «a democracia. Ni siquiera la libertad. Ni siquiera la Patria.—

Alfonso Gómez-Gil.

 

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