Autor: García Serrano, Rafael. 
 Dietario personal. 
 La fides ibérica     
 
 El Alcázar.    01/12/1982.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Dietario personal

La fides ibérica

MARTES, 30 DE NOVIEMBRE (82)

Ahora se practica un curioso periodismo. Cada época tiene el suyo. Por mi parte reconozco que el de hoy

me divierte mucho. Si una persona cae simpática a la prensa democrática, todo marcha, pero si en

veinticuatro horas hay que variar el tiro por razones incluso justificadísimas, lo que se procura no es

afirmar y probar que el tipo es un sinvergüenza o un delincuente, sino más bien se intenta establecer sus

vínculos con la Oprobiosa y buscarle amigos entre los fachas. Sus golferías, culpas, delitos, crímenes o

traiciones, no importan tanto. El demócrata no delinque.

Por ejemplo, de ese alcalde de La Junquera tan traído y llevado (a la cárcel) no importa tanto su presunto

y feo delito como que sea hijo de un alférez provisional, o sea de un militar, generalmente efímero, del

bando que ganó la guerra. Hay alféreces provisionales que hicieron política y por lo visto el padre del

alcalde fue uno de ellos, de manera que se le califica como uno de los pilares del régimen franquista,

porque semejante ascendencia justifica, sin duda, la propensión al delito, incluso entre demócratas.

Estamos listos. También hay otros alféreces provisionales que siguieron la carrera de las armas tras de

seguir los cursos de transformación en las academias correspondientes, y bastantes de ellos han sido pila-

res del régimen constitucionalista, pero en ese caso no se suelen recordar sus orígenes, sino que saltan

misteriosamente de su fecha de ingreso en el Ejército, siempre en 1 936, por regla general, a datas

posteriores al regreso de la División Azul, por si las moscas. ¿Quién ha recordado que los hermanos

Alfaro pertenecían a la Vieja Guardia de Burgos, pongo por ejemplo? Y no creo que a ellos les hubiera

avergonzado, como tampoco tendrían que avergonzarse de no haber sido falangistas. Aquí necesitamos

siempre probar la limpieza de sangre, y por eso he conocido yo algún ministro de Franco que se

empeñaba en pertenecer a la Vieja Guardia sin haber militado en la incómoda Falange anterior a la

guerra, y a tantos otros que en la actual situación se empeñan por lo menos en demostrar que no

colaboraron con Franco para nada. Y que su pureza democrática nace con Rousseau. Un periodista

sevillano, Burgos, ha escrito algunas crónicas riéndose del gran número de hispalenses que han ido ai colé

con Felipe, que hicieron la primera comunión con Felipe, que se sentaban en la Facultad en el mismo

banco que Felipe, que trabajaron con él en su despacho de abogado laboralista, que ordeñaron las vacas

de su padre, y así hasta el infinito de lugares de convivencia y de «íntimos amigos» . Me parecía estar

leyendo algunos artículos que yo escribí en los mejores momentos de la Oprobiosa, burlándome del

infinito número de escoltas de José Antonio, de contertulios suyos en «La Ballena Alegre», de

compañeros de estudios en el caserón de San Bernardo.

El español es inmoderado hasta en esos pequeños detalles. De modo que si la democracia se viese

obligada a eliminar de sus puestos de mando a todos los que colaboraron con Franco, se iba a

quedar en cuadro de la cabeza a los pies.

De ahí vienen las simples ocultaciones, primero; y las convicciones después. Traté bastante a cierto

catedrático que a fuerza de repetir que conocía a José Antonio, llegó a creer que fue su íntimo amigo, que

le visitaba a diario en la cárcel y que José Antonio le consultaba sus decisiones. En momento oportuno le

oí declarar que aunque le caía simpático por su valor, jamás se relacionó con él.

Pero volviendo al alcalde de La Junquera, otra de las graves faltas que se le achacan es que, según cuenta

la prensa, fue amigo de García Carres, y de paso se aprovecha para decir que éste buen amigo mío hacía

detener el tren en no sé qué apeadero cuando viajaba. Bueno, ¿y qué? En determinados trenes eso solía

ser corriente. El Plazaola se paraba en mitad de un prado con manzanas hasta que descendía a tomarlo el

dueño del caserío, porque el maquinista sabía que todos los miércoles era cliente fijo para subir o bajar a

Pamplona o a San Sebastián. Y el mismo maquinista abandonaba su locomotora y le subía un par de

retales a una casera de por allí, porque ésta se los había encargado, justamente de Casa Unzu, y no era

cosa de hacerle esperar cuando la pobre estaba con «la» reuma, mal para el que le llevaba un remedio de

la farmacia Blasco. En determinadas zonas y en determinados trenes se imponen las propias costumbres

por mejores razones de servicio, con desdén, acaso, de la rigidez de los reglamentos, pero con humanidad

y cortesía.

Me temo que dentro de muy poco veamos que las acusaciones al alcalde o exalcalde de La Junquera se

formulan en virtud de que su padre fue un oficialito del Ejérctto Nacional, un pilar del régimen franquista

o de que él mismo cometió el delito de ser amigo de Juan García Carres, cosa que no le deseo, porque

sería más duramente castigado que por la pura evasión de un hato de millones.

Dicho lo cual, con deseos de mostrar la total impureza de mi sangre en punto a fervor democrático,

comparezco y me declaro amigo de Juan García Carres y de Jaime Milans del Bosch, por citar nada más

dos nombres, aunque sólo sea para no aumentar esas listas de «amigos», «contertulios», «abogados del

despacho de Capitán Vigueras», al mismo tiempo que aseguro que nunca fui amigo ni de Felipe González

ni de Alfonso Guerra, los cuales, imagino, ya habrán comenzado a vislumbrar con amargura la mala

calidad moral de los españoles.

Y aprovecho la ocasión, ahora que José Antonio se ha quedado prácticamente solo, para proclamar,

incluso bajo juramento, que fui su escolta, que tomaba café, con él todos los días y que me consultaba

muchas decisiones por teléfono.

¡Jo, con los españoles! El pueblo de la nobleza y de la fides ibérica, que, al parecer, consiste en ser fiel

solamente a los vencedores.

Para esta Navidad los soldados de Herodes procederán de la I de Avila, la mía, o del Frente de Ju-

ventudes, o serán mercenarios de la División Azul, y los Santos Inocentes, todos pioneros o del Instituto

Escuela. Está hecho.

Rafael GARCÍA SERRANO

 

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