Autor: Blanco, Juan. 
   La quinta pluma     
 
 El Alcázar.    01/12/1982.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

La quinta pluma

Mientras un viento de huracanado triunfalismo, procedente de la prensa consensuada y pesebrera o

cobarde y acomodaticia, azota a la sociedad española, en vísperas de la instauración del puño y la rosa en

la Moncloa, ciertos signos, como estas olas de frío siberiano que se vuelvan estos días sobre España, son

premonitorios de lo que ha de venirnos en esta hora de crepúsculo nacional. Aprietan fuerte, los primeros,

para convencernos de que los socialistas no harán socialismo (como escribe mi antiguo jefe de Centuria

don Vicente Ventura), «como no sea una especie de socialismo consistente en lograr que trabaje la

máquina administrativa, que hasta ahora trabaja mal», sin que nadie explique a qué y para qué viene esta

campaña brutal contra los funcionarios públicos; para convencernos de que «/a llegada al poder del

Gobierno socialista y la entrada en funcionamiento de la Policía Autónoma vasca aumentará, con toda

probabilidad, la buena disposición de los ciudadanos {vascos) para respaldar a las fuerzas democráticas

instaladas en el poder en Madrid y en Vitoria», cosa que no debía ser legítimo, por lo que se dice en

tiempos de las feroces dictaduras de don Adolfo Suárez González y don Leopoldo Calvo-Sotelo y

Bustelo; o para exculpar a unos partidos y otros, consensuados en esta transición con ruptura perjurios a

placer, tal como insiste don Luis María Ansón, arribado al diario Ya con la misma quinta pluma que

utilizó en años precendentes para socavar desde Abc el régimen de Franco y al que achaca ahora todos los

males que aquejan a esta democracia, con la advertencia de que los desastres actuales son «/a herencia de

la dictadura».

Avisan bien, los segundos, como don Lorenzo Contreras, socialista de corazón, y don Federico Abascal,

socialista de carné y militancia, cuando señalan «/as limitaciones de contacto (entre prensa y diputados

dentro del edificio del Parlamento) que las nuevas autoridades parlamentarias empiezan a imponer»; que

«ante el futuro, el panorama se hace todavía menos prometedor, pues existe la intención de vedar a la

prensa el tránsito por los pasillos aledaños al edificio»; que «se acaba la edad de oro de tos comentaristas

políticos», porque «/a política... va a exhibirse en su propio escaparate y no en la rebotica del Congreso»;

que «lo que digan (los políticos socialistas) en el hemiciclo parlamentario será lo que si día siguiente

salga en los diarios, sin el tamiz de la confidencia personal» y que «/a intimidad del Gabinete no va a ser

revelada... y el comentario político tendrá que hacerse sobre hechos concretos, sobre los logros y los

fracasos»; lo cual, traducido al cristiano, significa que punto en boca; que los periódicos deberán inflar la

política internacional para llenar sus páginas; que a discutir, y no mucho, sobre si las nuevas viviendas

deberán hacerse con ladrillo visto blanco o rojo; que de críticas sólo las «constructivas» y que el oponente

será tratado como enemigo acérrimo y silenciado, mediante la aplicación estricta de la ley, pero

enmudecido.

Todo sirve para desbrozar el camino hacia «/a democracia avanzada», desde la quinta pluma de don luis

María Ansón Oliart, que advierte de la herencia onerosísima que recibe don Felipe González Márquez de

« una de las etapas más tristes de la . historia de España», hasta la reiteración de las campañas sobre la

«moderación» socialista, el carácter socialdemócrata del nuevo Gobierno (a algunos se les moteja de

«vaticanistas» y a otros, como al nuevo ministro de Justicia, don Fernando Ledesma, «se le considera un

"hombre blando" y demasiado buena persona para llevar adelante una reforma tan dura como tiene que

ser la de la Justicia», pasando por los bombardeos de los periódicos izquierdistas, como Le Monde, para

los que el PSOE va a hacer una política económica más capitalista que la propugnada por el presidente

Reagan, y así, «/a recuperación económica de España —según don Miguel Boyer, nuevo ministro de

Economía—, pasará no por un aumento del consumo, sino por una elevación de los beneficios de las

empresas y por una moderación de los costes salariales ».

Nadie habla del programa socialista, ni de las promesas electorales de don Felipe González Márquez, ni

de los discursos de los demás candidatos, ni de los estudios económicos hechos por los socialistas, ni de

artículos de prensa firmados por socialistas. La consigna parece ser la del oso.

«abrazar para asfixiar», y adormecer, intoxicar, y lavar conciencias y cerebros. La quinta pluma actúa ya

abiertamente, sin tapujos, ora descargando de culpas, como don Luis María Ansón Oliart, a los partidos

del consenso, que han llevado a España a la ruina moral y material, ora tranquilizando para que las

fuerzas de la derecha no hagan un bloque de oposición monolítico. En el preámbulo del programa

socialista se dice: «Hay que apartar de una vez por todas los obstáculos y resistencias que ponen los

grupos reaccionarios frente al avance y la aspiración a la igualdad y la libertad», y, quien no lo sepa va a

aprender enseguida lo que los dirigentes del PSOE entienden por «igualdad y libertad» . Sí, van a «apartar

de una vez por todas los obstáculos», esto es, de manera irreversible. Para ello cuentan con (a ayuda

inestimable de la quinta pluma. Gracias que hay otras que avisan , quizás sin querer, de lo que nos espera.

Juan BLANCO

Nota Madrid ha estado sin antipáticas grúas un montón de meses. Ahora se anuncia que reimciarán su

labor durante las próximas Navidades y en la zona centro

La medida está siendo «muy bien acogida» por el numeroso comercio de la capital del Estado de las

Autonomías y público en general. Todo sea por el «mayor» esplendor de ¡as fiestas cristianas, tan

fomentadas por el equipo socialista

 

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