Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
 Carta abierta. 
 Dos portazos socialistas     
 
 Ya.    01/12/1982.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

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Carta abierta

Dos portazos socialistas

Querido director:

Cuando yo me veo obligado a entregar esta carta al telex, don Felipe González aún no terminó el discurso

programático con que se presenta a Las Cortes y yo no he oído todavía lo que don Felipe tiene que decir

sobre los dos temas a que quiero dedicar esta carta. Uno es el propósito del nuevo Gobierno socialista

respecto a nuestras negociaciones para entrar en el Mercado Común y el otro es lo que los socialistas van

a hacer con la entrada en la OTAN, la única gran decisión del Gobierno anterior, aprobada por el anterior

Parlamento. Como le digo, le escribo a usted esta carta, señor director, sobre los dos temas sin saber lo

que, sobre ambos, va decir don Felipe en su discurso programático. Maldita la falta que me hace.

Antes de que don Felipe González lo esclarezca y explique ante el Parlamento, todos sabemos lo que va el

Gobierno a hacer sobre las dos y cada una de las cuestiones. El primero en decírnoslo fue el vice-

presidente aparente, que en aquel momento ni aparente era, señor Guerra, y, después, lo ha repetido el

ministro de Asuntos Exteriores, aparente, don Fernando Moran, ayer mismo.

La suerte estaba ya echada, en estos dos tremendos temas, mucho antes de que nuestro inmediato jefe del

Gobierno tenga la ocasión de declarárselo al Parlamento. Diga lo que diga el señor González sobre

nuestras relaciones internacionales o sobre cualquier oíro tema en el palacio de los leones hoy, ya nos han

dicho a través de los periódicos, la radio y la televisión, Morán y Guerra que, en cuanto al Mercado

Común, ahí lo tienen los señores del Mercado Común: O nos aceptan antes de 1985 o el Mercado Común

tiene que contar con que repitamos nosotros, por nuestra propia iniciativa, el portazo a Inglaterra del

general De Gaulle y e! que el general le dio a Inglaterra nosotros vamos a dárnoslo a nosotros mismos. La

cosa no ofrece duda, ¿por qué el 85 y no el 87, el 83 o el año de la manila?

No es fácil de comprender, pero el señor Guerra lo anunció así y don Fernando Moran, aunque sabe más

de estas cosas que Guerra, ya que el vicepresidente aparente no es, que yo sepa, a pesar de sus muchas

cualidades, un experto en política exterior. E! señor Moran no ha considerado oportuno rectificarle. Para

un hombre que entiende de estas cosas, fijar unilateralmente algo así y unirlo a una fecha caprichosa no

debe ser fácil, pero el asunto está resuelto y o entramos en el Mercado Común antes del año 85 o no

entramos.

Como no sea que los que el año 85 estén, si lo del turno se consolida, como están ahora los socialistas, a

las puertas del Gobierno, deciden lo contrario.

Lo que hacen ahora los socialistas con la OTAN, revocando una decisión gubernamental y parlamentaria,

¿por qué no han de poder hacerlo, señor director, los de Alianza si son los de Alianza, como parece

posible, si>hay turno, los que ganan las elecciones del año 85 u 86?

Para quien es partidario de que aquí salgamos de la política «excluyente» para entrar en la «incluyente» y

sustituyamos, por el "turno" los bandazos, el limpio éxito electoral de los socialistas no puede resultar

sino halagüeño. El comienzo que a su «turno» le han dado los socialistas, revocando una decisión del

gobierno y el Parlamento anteriores tan trascendental como la de la OTAN, por un lado, y por otro lado,

poniéndole condiciones diplomáticamente impotables a la negociación con el Mercado Comúnno puede

resultar sino inquietante para quien, como el que esto escribe, quiere que estemos dentro de la OTAN y

entremos en el Mercado Común, los dos primeros, indispensables e insustituibles pasos para que España

pueda dejar, por siempre, el aislamiento que ha tarado su política internacional desde hace doscientos

años.

Sobre todo, señor director, no es sólo que la entrada en el Mercado Común y la permanencia dentro de la

OTAN sean los dos resortes que nos defiende contra el aislamiento. Es más que esto, señor director, y por

eso a mí, testigo excepcional de lo que ha ocurrido aún recientemente y quizá su glosador principal

mientras ocurría, me pone los pelos de punta.

Cuando queremos volver aquí al aislamiento y a la neutralidad ¿es que hemos olvidado ya, querido di-

rector, adonde el aislamiento y la neutralidad entre dos guerras nos condujo? ¿Es que aquí ya nadie sabe y

los socialistas, sus principales víctimas, han olvidado que aquí, cuando vino nuestra guerra civil, un bando

tuvo que aliarse con los nazis y ios fascistas y otro con los stalinistas, porque en e! mundo decente y libre

carecíamos de todo amigo? ¿Lo que quieren hacer ahora nuestros socialistas es una nueva versión de que

el hombre es el único anima! que tropieza dos veces en la misma piedra? Si otra vez sufrimos aquí una

calamidad, ¿vamos a estar entre la ayuda de los comunistas o la de nadie, porque no tenemos otro amigo

internacional que los comunistas? Si viene otra guerra mundial, los que nos gobiernen ¿van a estar como

estuvo Franco, atado de pies y manos al bando peor, al más nefasto, al más tétrico, al más brutal, al más

inepto y al que estaba condenado a perder, sólo porque aquí nuestros socialistas son los * únicos europeos

que quieren tropezar dos veces en la misma piedra? Aquí, a lo que estamos dispuestos, señor director,

para demostrar lo poco que nos gusta el capitalismo de los Estados Unidos, el «imperialismo» de

Inglaterra, la nueva ilustración de Alemania, es a encontrarnos con que el día que las cosas se pongan

serias vamos a encontrarnos que los únicos que pueden ayudar a nuestra Monarquía parlamentaria y a

nuestra democracia son los rusos, los argelinos, los cubanos de Castro o los congoleses.

Y después, don Fernando Moran, un diplomático que sabe de lo que va y sobre cuya «expertise» hay poca

duda, nos dice, sin pensárselo dos veces, y nos lo dice en serio, que aquí lo que sobre el aventurado lance

de nuestro aislamiento vamos a montar es un ciclópeo y pétreo bloque con Francia. Pero, por los clavos

de Cristo, ¿esta mi ilustre y admirado amigo tomándonos el pelo, para comenzar? ¿Es con estos

propósitos y planes como vamos a darnos con la puerta del Mercado Común en las narices y ponerle una

mejilla a Rusia y la otra a los Estados Unidos?

Augusto ASSIA

 

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