Autor: Sole i Tura, Jordi. 
   ¿Bipartidismo en los Ayuntamientos?     
 
 Diario 16.    01/12/1982.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 20. 

Diario 16/1 diciembre-82

JORDI SOLÉ TURA

Catedrático de Derecho Politico, miembro de 1* ejecutiva del PCE

¿Bipartidismo en los Ayuntamientos?

Una de las primeras intenciones del nuevo Gobierno será la de reformar la ley de Elecciones Locales. El

resultado más visible de esta enmienda será la elección del alcalde, que recaerá sobre el primer miembro

de la lista más votada. En este artículo se estudian los pros y los contras de la reforma.

Al parecer, la dirección del PSOE, a modo de preámbulo de la sesión de investidura de Felipe González

como presidente del Gobierno, ha decidido proceder a la reforma urgente de la ley de Elecciones Locales

de 17 de julio de 1978.

El aspecto principal de esta reforma anunciada es el sistema de elección de los alcaldes. Según las no-

ticias, lo que el PSOE propone es que resulte elegido alcalde el cabeza de la lista más votada y no que sea

elegido por los concejales, como ha venido ocurriendo hasta ahora.

Esta propuesta no es nueva. Es, de hecho, la que habían acordado inicialmente el PSOE y la UCD cuando

se discutió la ley en 1978, en pleno periodo constituyente.

Llevados ambos por la tentación del bipartidismo, ya entonces —tentación que se tradujo entre otras

cosas en la elaboración bipartidista del primer Reglamento de las Cortes y en el intento de redactar el pro-

yecto de la Constitución sólo entre ellos dos — idearon esta fórmula para las elecciones municipales,

seguramente pensando que de esta forma se repartían las Alcaldías y dejaban fuera de juego a las demás

fuerzas.

Difícil Gobierno

Aquella orientación inicial conducía directamente a Ayuntamientos difícilmente gobernables, pues los

alcaldes representarían sistemáticamente a una minoría y en el mejor de los casos se daría lugar a las

mayorías ad hoc, según las circunstancias de cada lugar, con la consiguiente confusión en la orientación

global de las políticas municipales.

Costó mucho cambiar aquel planteamiento. Sólo por una circunstancia excepcional, de las que a veces se

dan en la vida parlamentaria, fue aprobada en el plenario del Congreso la enmienda que presentó el grupo

comunista —que defendí yo mismo como portavoz de éste— y que se convirtió en el art. 28 de la ley.

Pues bien, ahora, después de las elecciones de! 28 de octubre, el PSOE vuelve a la propuesta inicial de

1978. Piensa, seguramente, que esa es !a forma de introducir la bipolarización y el bipartidismo en los

Ayuntamientos y de hacer jugar también en ias elecciones municipales el mecanismo del «voto útil».

Seguramente ha calculado que con ese sistema perderá algunas Alcaidías, pero que a cambio obtendrá

otros resultados políticos.

El primero de ellos es impedir la reconstrucción del centro. Con este sistema obligará al centro a coali-

garse con la derecha, antes de tas elecciones y convertirá a todas las opciones de centro en subordinadas

de Alianza Popular.

El segundo es la posible laminación política de los comunistas mediante el mecanismo ya probado del

voto útil. Detrás de esto hay, posiblemente, otro cálculo, a saber: conseguir que el espacio comunista en

España sea ocupado por un partido comunista dogmático, cerrado y pro soviético, porque éste tendría la

ventaja de ser menos competitivo a la larga y de ser, en todo caso, más dócil, porque jamás podría aspirar

a ser alternativa de nada en este país.

Se trata, en todo caso, de consolidar el bipartidismo, aunque sea al precio de potenciar a Alianza Popular.

Es, indiscutiblemente, una opción política. Pero a mi parecer se trata de una opción muy peligrosa, si de

verdad se lleva a cabo tal como se ha anunciado.

Es peligrosa porque instaura sistemáticamente en los Ayuntamientos gobiernos de minoría y abre el ca-

mino a la formación de mayorías heterogéneas a lo largo y ancho del país.

Y si esto se intenta corregir mediante el sistema de atribuir a la lista más votada la mayoría más pe-

liaguda, porque se quiebra el principio de proporcionalidad establecido por nuestra Constitución como

elemento inspirador de nuestro sistema electoral —con !a excepción explícita del Senado— y porque se

quiebra el principio del voto igual que reconoce el art. 140, de la Constitución en relación con las eleccio-

nes municipales.

Es peligroso también, porque instaura po¡ arriba, mediante un artificio electoral, un sistema de represen-

tación que no corresponde ai pluralismo real de la sociedad / convierte a !os Ayuntamientos en meras

prolongaciones de las instituciones centrales del Estado, no en orgnísmos vivos que representen y

expresen la problemática concreta de cada ciudad o localidad.

Si con esta propuesta los socialistas piensan contribuir a su propia estabilidad, a costa de destruir el centro

y de laminar a su izquierda, es cosa suya. Como miembro de un partido y como ciudadano creo, sin

embargo, que esta es una opción nefasta para el país. Entramos ahora en un periodo político nuevo, reple-

to de esperanzas y de expectativas.

Riesgos

Es de desear que esas esperanzas se conviertan en realidades y que las expectativas sean colmadas.

Vamos a contribuir a ello, desde nuestra propia situación. Pero difícilmente podremos hacerlo si lo que se

nos propone es la marginación mediante artificios electorales. A mi parecer es un tremendo error creer

que la bipolarización manifestada en las recientes elecciones generales expresa una bipolarización real de

la sociedad española.

Según como vayan las cosas, dentro de algún tiempo habrá que solicitar el concurso de todas las fuerzas

que apuesten por el desarrollo de esta nueva fase de la transición democrática. Y nada sería peor que

meter el pluralismo real de la sociedad española en el pie forzado de un sistema electoral basado en la

negociación de ese pluralismo, porque el resultado no sería una mayor cohesión de nuestra sociedad, sino

una mayor desmembración.

Una tarea esencial de gobierno es vertebrar lo que hoy todavía está invertebrado. Para ello hay que partir

del pluralismo social y respetarlo hasta el final. Todo eso es tan obvio, tan fundamental, que el anuncio de

la propuesta socialista, antes de poner en marcha esta nueva fase de Gobierno, provoca una gran inquie-

tud. ¿Cómo se pueden consolidar las cosas si se empieza cerrando el paso a fuerzas y sectores con los que

hay que contar?

 

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