Autor: Dávila, Carlos. 
 El discurso conferencia de Felipe González adoleció de monotonía e imprecisión. 
 Paz social, unidad nacional y progreso, los tres principios para el cambio socialista     
 
 Diario 16.    01/12/1982.  Página: 4-5. Páginas: 2. Párrafos: 12. 

1 diciembre-82/D¡ar¡o 16

El discurso conferencia de Felipe González adoleció de monotonía e imprecisión

Paz social, unidad nacional y progreso, los tres principios para el cambio socialista

Carlos DAVILA, corresponsal político

Madrid — Con una fantasí •¡ca, ciertamente afortuna-da, terminó Felipe González u «conferencia» de

investi-!ura, prudente, moderada, realista e inconcreta, que deja campo abierto, casi todo el campo, al

debate lúe hoy enfrentará a los grupos parlamentarios. Felipe González, en un ambien-te propicio, y ante

un audiorio de fieles, no precisaba te más esfuerzos: asi, se li-nitó a plantear un inventa-rio de temas,

comprometido en el aspecto económi-co y clamorosamente insu-ficiente en el terrorista, ex-terior y

autonómico.

El tono fue monocorde, nonótono, sin apenas in-lexiones en la voz. Una orma. según supongo,

conscientemente buscada para no suscitar demasiada aolémica. Las precisiones, pues, hoy. Los socialistas

le votarán y ello es suficiente; pero los demás, incluso los partidos más volcados hacia posiciones

izquierdistas, se encuentran en la difícil texitura de apoyar sólo un planteamiento teórico, no un programa.

A esto se llama margen de confianza.

Las citas

Las grandes citas de Felipe González fueron, por este orden: paz, unidad y progreso. Sobre ellas cons-

truyó al candidato un discurso más corto de lo esperado y aburrido en su formulación, hasta que en el

último momento se permitió una licencia imaginativa similar a la que presentaba a la consideración de sus

gobernados el presidente Kennedy: «¿Qué se espera de nosotros?, ¿qué piensan de nosotros? A vosotros

—dijo, en resumen— me dirijo y para vosotros —añadió— atisbo un horizonte claro mediante un

programa realista.» Esta aportación figurativa fue, a mi parecer, lo mejor de su discurso: lo demás,

incluido el plan económico, redactado por el ministro Boyer, tuvo mayor tono de programa electoral que

de plan estricto de Gobierno. De ello se quejó la oposición, y singularmente Fraga, preso ante la paradoja

de un programa que podía haber firmado él, presentado, sin embargo, por un líder inequívocamente

socialista.

Las maneras

Por si cupieran dudas, ya dijo en sus frases finales que «a nosotros nos separan las maneras». Era, en

definitiva, una simple ampliación de aquel oportuno «que el país funcione» que ha quedado como

paradigma de las contestaciones fabricadas no sólo para salir del paso, sino para responder gráficamente a

preguntas excesivas. El «seguro presidente», que no se «despeinó» en compromisos exigentes, marcó las

distancias en la prioridad de unos objetivos sobre otros.

En el área económica caben, sin embargo, escasos galimatías; sólo mencionar que la prelación de la

palabra paro sobre el concepto inflación, marcada expresamente por González, indica muy a las claras

cuál es el tipo de política económica que el PSOE y su Gobierno intentarán realizar en los próximos

cuatro años.

Las perspectivas

Quedan, sin embargo, por despejar muchas incógnitas. Hay que decir que el mayor volumen de valentía

de Felipe González se volcó en este campo. Sabe perfectamente el candidato que su aspiración, la de su

partido, a los ochocientos mil puestos de trabajo es una hermosa utopía de muy difícil cumplimiento. Lo

reconoció con un dato escla-recedor: sólo con un ascenso del producto interior bruto del 2,5 por 100 se

puede conseguir que la utopía se transforme en brillante realidad

Diario 16/1 diciembre-82

NACIONAL

Las perspectivas no son nada buenas, porque la OCDE, sin ¡r más lejos, habla para este año del cre-

cimiento cero como un fantasma nada aventurado. La valentía de Felipe González rebasa, pues, en este

caso, los simples y alarmantes datos estadísticos. Tampoco con márgenes expansionistas amplios, como

se deducen del programa social-demócrata, puede esperarse un cumplimiento del deseo

antiinflaccionario: tres puntos menos que este año. González cree sólo moderadamente en el mercado, no

apuntó recetas, su plan entra dentro de lo posible y las concreciones las dejó para hoy o quizá... para los

Presupuestos, en una pirueta estratégica que no parece demasiado adecuada.

Hubo en la conferencia discurso de Felipe González espectaculares ¡agunas, las más importantes, tres: el

terrorismo-golpismo, la LOAPA y la OTAN. Las dos últimas sean, a mi juicio, bienvenidas; la primera,

hay que, forzosamente, criticarla. Sólo una referencia de paso, en el capítulo genérico de la seguridad ciu-

dadana, empleó el candidato en exponer sus ¡deas para la resolución de la lacra terrorista, y apenas otra,

mínima también, para afirmar que «nadie podrá salirse de ¡a Constitución».

Las imprecisiones

Es probable que la delicadísima táctica de Estado que debe cumplimentarse para luchar contra el terro-

rismo no permita mejores precisiones, pero quede constancia de la ambigüedad de un candidato que no

ofreció solución alguna a la Cámara en dos puntos neurálgicos de la vida nacional.

Tampoco habló Felipe González de la LOAPA, lo que puede interpretarse como un deseo vegetativo del

olvidarse prudentemente de su existencia. Otro tanto de la OTAN. ¿Qué debe esperarse, pues, de la

política defensiva exterior del PSOE? Si hacemos caso literal a las palabras de González, simple

«reestudio» del problema añadido al de los acuerdos con Estados Unidos. Ni concreciones ni mucho

menos calendario. Los intelectuales que esperaron referéndum que se vayan despidiendo de él. Me

felicito por ello.

El desafío

Toda la gran filosofía felipista consiste, más o menos, en la voluntad permanente de desafío al futuro. El

presidente que hoy votará este renovado Congreso es un enamorado de las palabras bellas: libertad,

bienestar, ética, solidaridad..., es un enamorado también de las imágenes atractivas: horizonte despejado,

curvas en el camino. Y es, fundamentalmente, un político realista, que ayer se comprometió mucho

menos de lo que hubiéramos podido pretender los partidarios de la precisión política.

El, claro está, no necesitaba de grandes puntualizaciones. Por eso se limitó a hacer «una recapitulación

esencial de nuestro proyecto». Un plan entre moderado y tímidamente intervencionista en economía, am-

bicioso en lo social, inconcreto en seguridad, abstracto en política exterior, retórico en defensa y ligera-

mente preocupante en cultura. Un discurso-conferen-cia que precisa debate, mucho debate. A él me re-

mito.

 

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