Autor: Lafora, Victoria. 
   Y llegó con todo el ánimo del mundo     
 
 Diario 16.    01/12/1982.  Página: 4-5. Páginas: 2. Párrafos: 4. 

| Victoria LAFORA

Y llegó con todo el ánimo del mundo

SI, estoy un poco nervioso. ¿Por qué no? Vengo con todo el ánimo del mundo y he dormido muy bien.»

Felipe González se adelantaba hacia la puerta de molinete que da acceso a! antiguo edificio del Congreso.

Y en e! pasillo, una nube de fotógrafos, formando círculo, esperaban al personaje de la jornada, quien,

vestido con un traje gris y una corbata a rayas, avanzaba a trompicones hacia la entrada del hemiciclo.

Los escaños, otra vez a rebosar, y las tribunas del público, llenas de «compañeros» conocidos: el

presidente de la Diputación, José María Rodríguez Colorado (quien desde que comenzó esta escasa

legislatura no se ha perdido una sesión), Rafael Escuredo y, en un rincón, protegido por sus gruesas gafas

graduadas, el periodista Eduardo Sotillos, que ya ayer no ocupó la tribuna de prensa. Era su primera

aparición antes de estrenar su papel de portavoz gubernamental. Curiosamente, los futuros ministros,

conocidos por los informadores en su trayectoria parlamentaria, no podían dar un paso sin encontrarse un

micrófono ante los labios y, sin embargo, los había también de incógnito, como el ministro Tomás de la

Cuadra Salcedo, quien permanecía en un rincón con cara de invitado. El diputado Manuel Marín, ya casi

vencida la sinusitis que le ha obligado a guardar cama los últimos quince días, se escapaba por un pasillo

para que nadie preguntara sobre su futuro espacio en el Gobierno. «No, no creo que vaya a ocupar el

cargo de secretario con las Comunidades Europeas.» Marín es un hombre querido por sus compañeros de

escaño y de partido, y no quiere entrar en discusiones ni en batallas. Ha procurado siempre mantenerse al

margen de cualquier camarilla y ayer, vencida la cara de fiebre, volvía a ocupar su escaño sin perder la

sonrisa.

Y, por ahora, el grupo parlamentario socialista sigue «descabezado» tras la aceptación de Alfonso Guerra

de la Vicepresidencia. Por cierto, que en un primer detalle de gobierno, Alfonso abandonó ayer la sufrida

pana marrón y, haciendo un alarde de cómo se sabe asumir los nuevos papeles, se presentó con un

elegante traje oscuro. Virgilio Zapatero, uno de los candidatos a ocupar la presidencia, junto a Javier

Sáenz de Cosculluela, no quiere seguir con el grupo. Son cuatro años haciendo lo mismo y «echándole» a

la labor parlamentaria doce horas de trabajo. «Ya dijo Landelino en su día —aseguraba ayer— que lo que

no se hace en cuatro años ya no se puede hacer en los próximos cuatro. Ya mí se me quedó grabada la

frase.»

Virgilio se mostró confiado de que su partido encontrará dentro del grupo parlamentario el hombre capaz

de conjugar la voluntad de los doscientos diputados y de solucionar sus problemas. «Sí, ya sabemos que

te posición de Manuel Fraga va a ser muy dura, era de esperar. Pero en el grupo hay gente muy valiosa.»

Su ilusión es ir a la Secretaria de Relaciones con las Cortes, para seguir en esa labor de preparar proyectos

de ley, que «res para lo que realmente valgo». Allí estará su nuevo puesto.

Todo parece indicar, por tanto, que el candidato Cosculluela será uno de los que cuenten con más

«boletos» en la reunión que el viernes mantendrá el grupo parlamentario. El ministro Javier Solana, que

ayer recuperó su conocida bufanda, despachaba con los compañeros de grupo que, como la prensa, tenían

curiosidad por conocer los nuevos nombramientos de su Departamento. Días después del 28 de octubre se

daba como posible el nombramiento del arquitecto y humorista Perídis como nuevo director general de

Bellas Artes. «No hay nada de eso, no hay nada de eso.» «Todavía no está decidido ningún cargo», decía

el nuevo responsable de Cultura.

Poco antes de que sonara el timbre, todas sus señorías habían ocupado su puesto en el hemiciclo. Habla

expectación por oír la oferta de Felipe González, ya que quedan muchos votos por decidir. Los

parlamentarios de UCD no llegaron en su reunión a ninguna conclusión y esperaban el discurso del

candidato. Roca Junyent se reunía en una esquina con los suyos para impartir, casi en un murmullo,

instrucciones. Francesc Vicens, el único diputado de Esquerra Republicana, se debatía en la duda: «Me

gustaría tantc votar a favor: sólo nos separa el punto de la política autonómica.» Mientras tanto, el

candidato continuaba avanzando lentamente hacia ia tribuna. «Soy consciente de la importancia del día de

hoy para mí —decía—, aunque ha habido otros días importantes en mi vida.»

 

< Volver