Autor: Reinlein García-Miranda, Fernando. 
 El candidato ofreció a la Cámara su proyecto de Gobierno para los próximos años. 
 El hombre y su libertad son los valores prioritarios de Felipe     
 
 Diario 16.    01/12/1982.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 23. 

RACIONAL

1 diciembre-82/Diario 16

El candidato ofreció a la Cámara su proyecto de gobierno para los próximos años

El hombre y su libertad son los valores prioritarios de Felipe

El hombre como valor supremo y la defensa de la libertad fueron los conceptos que planearon ayer

durante la hora y doce minutos de discurso de Felipe González, quien hizo ayer su oferta de gobierno para

los próximos cuatro años. Una intervención lenta, monótona y densa, sin concesiones a la demagogia, fue

la que realizó ayer el futuro presidente de Gobierno. Una intervención en la que la aridez de los temas

económicos desapareció por arte de la emoción contenida al hablar del drama del paro y que sólo hizo

cambiar la expresión serena de Felipe González cuando se refirió a los ciudadanos sencillos, a los que

pretenden ilusionar los socialistas todos los días al «hacer el camino».

Fernando REINLEIN

ERAN las cuatro y treinta y cinco minutos de la tarde. Felipe González, raje gris cruzado y corbata >

rayas, con los folios de su discurso en las manos, se (¡rigió al podium, un esca-in más bajo que la presi-

dencia del Congreso, que istenta Peces-Barba. En •se momento cesaron los murmullos y se hizo un

si-sncio que duraría exacta-lente una hora y doce mi-utos, el tiempo de la expo-cicn de¡ líder socialista.

Felipe González apoyó las lanos en la mesa. Esa aria la postura firme que o abandonó durante toda u

exposición, salvo para asar las hojas. No bebió gua. En un tono monótono y concreto —sólo se ejó llevar

por la er.ioctón al inal de su intervención, cuando se refirió a los hombres y las mujeres de España —,

Felipe González comenzó por referirse a los res principios básicos del gobierno socialista: paz social,

unidad nacional y progreso.

En el hemiciclo, los dipuados habían preparado sus blocs de notas y sus plumas. En las tribunas de prensa

e invitados, también. El banco azul se encontraba integrado por penúltima vez por los miembros del

Gobierno de UCD. Los «ministros» —no diputados— del Gobierno socialista ocupaban puestos en las

tribunas.

Al hablar de «paz social», Felipe González acuñó el término de seguridad ciudadana como más completo

que el de orden público, en una intención de ir más allá, de abarcar todas las vertientes sociales. La

unidad nacional no fue, en boca del líder socialista, una oportunidad para la concesión, sino un objetivo

real que hay que alcanzar desde la singularidad de los pueblos de España, de «la singularidad de ese

mundo que llamamos España».

El progreso, tercer pilar del Gobierno socialista, se explicitó en el discurso de Felipe González en los tér-

minos igualdad y dignidad, en ¡a lucha contra las diferencias. Y tuvo lugar pare lanzar una velada acusa-

ción a los grupos sociales que pretenden potenciar esas diferencias para defender sus intereses sectoriales.

Curvas del camino

Pero lo que parecía que se iba a convertir en una mera exposición de buenas intenciones cambió a los

pocos minutos de la intervención del futuro presidente de Gobierno. Porque en esos momentos aparecie-

ron las «curvas del camino», que no fueron hurtadas por Felipe González, sino más bien minuciosamente

referidas.

Estas cuatro «curvas en el camino», según su propia expresión, son la lucha contra la crisis económica y

el paro, la lucha por una sociedad más libre e igualitaria, la reforma de la Administración del Estado y la

proyección exterior de España.

Antes de entrar en estos terrenos, difíciles y ásperos algunos de ellos, González quiso hacer una precisión.

Colocar al hombre por encima de cualquier otra consideración y a los bienes materiales a su servicio.

Y entró de lleno en los desequilibrios, también cuatro: el paro, la inflación, el déficit en la balanza de

pagos y el déficit de la Administración Pública. Sería la parte de su intervención más monótona, dentro de

la monotonía, más áspera.

Esos cuatro retos tuvieron tratamientos muy diferenciados. Las expresiones técnicas, poco entendibles

algunas para el profano que acompañaron al tratamiento de la inflación, y los déficit en la balanza de

pagos y la Administración Pública, fueron sustituidas por otras llenas de calor humano cuando se refirió

al paro, con todo su dramatismo y crudeza. «Queremos vivir el problema como lo viven ellos» diría

Felipe González, al referirse a los dos millones de parados que hay en España. Porque el paro es para el

líder socialista, algo más que un problema económico y alcanza las «raíces de lo humano».

Antes de terminar con este área, Felipe González no quiso hacer concesiones a la demagogia. «No hay

caminos fáciles —dijo — pero las soluciones existen.» Y pidió esfuerzo, trabajo y tenacidad.

Política social

A las cinco y diez de la tarde entró de lleno en los terrenos de la política social. Y en este capítulo se

refirió más a la necesidad de lograr resultados. Tuvo palabras para los jóvenes, la tercera edad, ¡as

mujeres y también en refirió a los marginados. No olvidó a los ecologistas, «que no son más que el

resultado de ¡a sensibilidad humana hacia su entorno».

La educación, como parte de la cultura, tuvo un denominador común en el discurso de Felipe González: la

necesidad de participación de todos y la potenciación de la investigación. Y, una vez más, la supremacía

del hombre como valor supremo, volvió a aparecer en las palabras del líder socialista.

La seguridad

A las cinco y veinte de la tarde, Felipe González entró en un terreno esperado, con cierta expectación, la

seguridad del Estado. «Seremos rigurosos con quienes quieran violentar la Constitución», dijo Felipe,

quien ni tan siquiera en ese momento se permitió cambiar el tono monótono de su voz ni la postura fija de

sus brazos. Fue un no rotundo al terrorismo, ai chantaje y a la involución.

Y entró de lleno en la necesidad de dotar a las Fuerzas de Seguridad de Estado, la de reformar la justicia y

por ese camino llegó al de la reforma de toda la Administración, en todas sus áreas, «porque los defectos

humanos no son fallos personales, sino fruto de las desmoralizaciones de los funcionarios ante un sistema

deteriorado».

Circo minutos más tarde pasó por el tema autonómico y se refirió a la segunda fase de su proceso que co-

mienza con el Gobierno socialista y que se propone conciliar las autonomías con el Estado de todos a

través de un programa legislativo. Para llevar a cabo este proyecto y el de un nuevo modelo de Adminis-

tración Pública lanzó su mano a los grupos políticos y anunció la intención de los socialistas de buscar un

acuerdo institucional para la elaboración de estas leyes. Tal vez en ese momento, Adolfo Suárez recordase

un viejo término acuñado cuando él se sentaba en el sillón de la Presidencia: los pactos de la Moncloa.

Ese proyecto incluye, según aseguró Felipe, la reforma de la Administración Local.

Política exterior

Cuando Felipe González atacó la política exterior, en las tribunas de invitados algunos observadores se

movieron en sus asientos y echaron mano del papel y el lápiz. Y no se vieron defraudados en su interés.

Felipe González aseguró que el Gobierno socialista haría frente a sus responsabilidades contraídas con el

pueblo español. La traducción literal de esta expresión fue clara: habrá referéndum sobre la OTAN,

aunque el líder socialista se cuidó muy mucho de entrar en plazos, calendarios ni para parecido.

La política exterior socialista se basará en los principios de cooperar para hacer posible la paz y la disten-

sión, según explicó Felipe González, quien se refirió a Portugal, Francia, el Mogreb y el Mediterráneo, a

la vocación occidental de España, a su presencia en Europa, a los compromisos con Iberoamérica, a

Gibraltar, para terminar resaltando la necesidad de que España coopere en el proyecto colectivo de paz,

desarme y nuevo orden económico.

Faltaban diez minutos para el final, cuando el líder socialista entró en el terreno de las conclusiones. Y lo

abrió con el deseo de conceder capítulo a parte a la defensa nacional y a las Fuerzas Armadas en parti-

cular. Resaltó su confianza y solidaridad con los Ejércitos, cuya honrosa actuación no se empaña por los

grupos minoritarios. Y también destacó el papel del Rey, para terminar proclamando su fe en el futuro. E!

discurso tocaba a su fin y Felipe González dijo que había percibido que su oferta al pueblo español podía

ser similar a las que presentasen otros grupos políticos. Pero, sin embargo, según el líder socialista, los

diez millones de votos demuestran que la sensibilidad del pueblo español ha sabido entender que son

elfos quienes pueden convertir las palabras en realidad. «Otros podían haberlo hecho, pero nosotros lo ha-

remos», sería la frase que resume la aseveración de Felipe González.

Y a partir de aquí puso su esperanza en todos los ciudadanos. Dijo contar con el aliento de los jóvenes, las

mujeres y los hombres sencillos, y alzó la vista hacia las tribunas donde, posiblemente, «habrá algunos de

ellos. ¿Siguen nuestro debate? ¿Logramos ilusionarles?», se preguntó en voz alta Felipe González.

«Me inspiro en esa visión, porque ellos son palabras de carne y hueso y en ellos pensaré a diario al hacer

el camino.»

 

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